

La famosa organización y revista académica que se dedica a evaluar amenazas existenciales provocadas por el hombre, Bulletin of the Atomic Scientists, anunció que el planeta “atraviesa un punto de inflexión”. La famosa ONG actualizó su histórico Doomsday Clock e indicó que “faltan 85 segundos para la medianoche”, un punto asociado con el apocalipsis o fin de la Tierra.
Esta nueva fecha responde a distintas “amenazas climáticas, geopolíticas, biológicas y tecnológicas”, pero también expone una realidad estructural. La asociación indicó que esta alarma se debe a un “modelo productivo basado en la extracción intensiva de recursos y en materiales no regenerables” y puntualizó que todos estos productos tendrán un límite.
¿Por qué se adelantó “el reloj del apocalipsis”?
El informe cuenta que debido a la huella ecológica del hombre el planeta se encuentra en crisis. “Durante décadas, el desarrollo industrial priorizó la eficiencia y escala, apoyándose en plásticos derivados del petróleo, espumas sintéticas y procesos de alta intensidad energética. Muchos de estos materiales cumplen funciones de minutos proteger, transportar o envolver, pero permanecen siglos en el ambiente”, indicaron.
En este contexto, los especialistas indicaron exigieron “respuestas más profundas frente a la crisis climática” y no solo a reducir emisiones o cambiar hábitos de consumo. De esta forma, llamaron a “transformar la forma en como diseñamos los materiales y los productos”.
La base de este informe es alertar que “desde hace un año, el mundo está peligrosamente cerca de un desastre global y que cualquier demora en revertir el rumbo incrementa la probabilidad de catástrofe”.

La respuesta al peligro del fin del mundo.
Una respuesta que ofrecieron los científicos son los biomateriales, desarrollados a partir de recursos biológicos renovables que buscan reemplazar derivados del petróleo y reducir la huella ambiental de materiales e industrias.
El informe habla de los “bioplásticos”, elaborados con almidón de maíz o caña de azúcar o envases a base de algas y cueros vegetales producidos con fibras de piña o cactus. Los productos renovables “ya comienzan a escalar en sectores como la moda, el diseño y el packaging”, según el informe. También contaron que la clave está “la elección del material”.
Las otras alternativas para cuidar el ambiente que propone el informe y que ya se están implementando:
- Innovación en materiales como el micelio, ideal para sustituir telgopor y ciertos plásticos de embalaje.
- La agricultura regenerativa busca recuperar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad y capturar carbono, integrando producción y restauración ambiental.
- Los sistemas de cultivo vertical e hidroponía urbana reducen el uso de agua y eliminan pesticidas, permitiendo producir alimentos en entornos urbanos con menor impacto.
- Las proteínas vegetales alternativas, elaboradas a partir de legumbres y otros cultivos, también crecen como respuesta a la alta huella ambiental de la producción ganadera intensiva.
¿Cuál sería la consecuencia final de no cambiar los hábitos?
“A 85 segundos de la medianoche (esta cifra es un símbolo para figurar el riesgo), la innovación ya no puede ser superficial. No alcanza con optimizar procesos si la materia prima sigue respondiendo a una lógica extractiva”, concluyó el informe.

Los especialistas apuntaron que la única solución es “mejorar la infraestructura física de la economía (envases, textiles, objetos, sistemas constructivos) donde se determina gran parte del impacto ambiental acumulado. Transformar esa base material implica cambiar no solo qué producimos, sino cómo y desde dónde lo hacemos”.
“La pregunta ya no es si el cambio es necesario. La pregunta es qué tan profundo estamos dispuestos a rediseñar la materia con la que construimos el mundo”, apuntaron.













