Como viene sucediendo con varias compañías farmacéuticas multinacionales, el laboratorio estadounidense Bristol-Myers Squibb colgó el cartel de venta a su filial argentina. La empresa con sede en Nueva York otorgó un mandato al JP Morgan para que le encuentre comprador a su planta ubicada en la localidad de Luis Guillón y a su línea de productos oncológicos Argentia, que elabora en el país.

Las fuentes del mercado aseguran que la compañía está a punto de cerrar la transacción con el laboratorio local Roemmers, líder en el ranking de ventas del mercado argentino, con una participación cercana al 8%, tanto en facturación como en cantidad de unidades. Pero como aún no culminaron las negociaciones, las firmas involucradas optaron por no dar información.

“Hasta el momento no hay nada cerrado , fue el único comentario que salió de boca del director de Relaciones Institucionales de Roemmers, Guillermo Fornari, al ser consultado por El Cronista.

Fuentes cercanas a la operación señalan que el hermetismo tiene su explicación en la presentación de otros interesados. Es que, además de Roemmers, también pujaron por la filial de Bristol-Myers Squibb el empresario del sector Hernán López Bernabó y un grupo farmacéutico de la India, que no fue identificado. Y hasta que la operación no se cierre, la empresa estadounidense no quiere perder oportunidades.

La compañía norteamericana tiene una historia de varias idas y vueltas en el país. Squibb se fue de la Argentina tras un ataque de Montoneros en los ’70 y recién regresó como Bristol-Myers Squibb en 1996, con la compra del laboratorio local Argentia, que entonces estaba dentro de los diez mayores jugadores del mercado. Así, concretó una de las principales operaciones de esa década, al pagar 150 millones de dólares, según datos de CILFA, la cámara que nuclea a los laboratorios nacionales.

Pero el negocio no caminó como se esperaba. La devaluación hizo que el mercado facture en pesos y dejó de ser rentable para las casas matrices. Por caso, y pese a que las ventas totales siguen creciendo y en 2005 alcanzaron los 6.767 millones de pesos, esta cifra es casi la mitad de los u$s 3.937,3 millones registrados en 2000.

A esto se suma la política de genéricos establecida en 2002 –que obliga a los médicos a prescribir con el nombre de la droga en lugar de la marca– y que evitó que los precios se dispararan tras la crisis.

Ahora, las fuentes aseguran que Bristol-Myers Squibb se quedará con sus oficinas de la calle Monroe, en el barrio de Núñez y seguirá comercializando su línea nutricional infantil Mead Johnson.

Las mismas fuentes explican que el interés de Roemmers está en la línea Argentia. La empresa fundada en 1921 por el alemán Alberto J. Roemmers, ya posee tres plantas productoras en el país (una de antibióticos; otra de productos sólidos no antibióticos; y una más de especialidades líquidas e inyectables), donde elabora productos bien posicionados como Amoxidal (Amoxicilina), Sertal (Propinox), Taural (Ranitidina), Lotrial (Enalapril) y Dorixina (Clonixinato de Lisina). Es por eso que su interés sería el de ingresar en la línea oncológica.

Por su parte, López Bernabó busca adquirir una línea de productos propia. El empresario se quedó con la planta de Aventis Pharma en mayo de 2004, a cambio de u$s 7,8 millones, luego de haber vendido su participación en el laboratorio Microsules un año antes. Su actividad es hoy la manufactura de medicamentos para multinacionales que ya no cuenten con plantas propias en el país. Pero está a la pesca de engordar el negocio.