

En varias ocasiones sostuvimos que el dólar mantendría la hegemonía y desestimamos los pronósticos que recurrentemente presagian su defunción como divisa central del sistema internacional.
En una nota que publicamos en julio pasado, ya habíamos reiterado esa convicción con un argumento simple: comparamos la solvencia productiva e innovadora de los Estados Unidos con la de sus eventuales rivales o reemplazantes, léanse los BRIC como conjunto, o la de sus integrantes, sobre todo China, o la del Euro y sus miembros más destacados. En ese momento también incluimos a Rusia aunque a considerable distancia.
Los razonamientos apocalípticos suelen inspirarse en categorías básicamente irreales, cuando no para servir intereses ideológicos. La confusión entre solvencia económica y exposición a fluctuaciones monetarias puede obedecer a inconsistencias inducidas por errores de política económica o a hechos incontrolables e imprevistos. También puede deberse a movimientos especulativos de “operadores potentes , como los denominó John Hicks. Por ejemplo, una reducción en las tasas de interés puede inducir cambios en las carteras. Se liquidan activos denominados en una moneda y se opta por alternativas. El “carry-trade pertenece a esta familia: endeudarse a bajo costo en dólares e invertir en otros activos de mayor rendimiento, al igual que liquidar dólares e invertir en comodities en ascenso y de paso empujar la tendencia. Así las paridades varían con prescindencia de fundamentos reales. La revalorización de la libra y su posterior caída tiene que ver con este enfoque, al igual que la fuerte valorización del real potenciada por significativos ingresos de capitales.
La inesperada reacción del dólar y sus recurrentes fluctuaciones frente a monedas que podrían reemplazarlo en las funciones de medio global de pago, reserva de valor y activo central en el ámbito internacional, parece que restablece el equilibrio en análisis objetivos y realistas. Del aserto no debiera deducirse que los desarreglos que experimenta la economía norteamericana resulten definitivamente neutrales o inocuos. Si observamos el desempeño de la economía real y la permanente actualización de su potencial tecnológico en un contexto de extravíos financieros o “exhuberancias irracionales , confirmaríamos que la producción de cosas finalmente predomina sobre el dinamismo y la magia cautivante de los símbolos dominantes en Wall Street.
El dólar se ha recuperado al margen de vacilaciones y el yuan, el euro, la libra, el rublo registran altibajos desorientadores. Empero, la limitada confianza en el dólar en un contexto de considerables déficit públicos y de endeudamiento del gobierno y de las familias, de fluctuaciones frente a otras monedas, de grosera licuación de pasivos y de terco desempleo con expectativas de inflación y creciente gasto militar, no garantizarían su razonable recuperación sin apelar a otras consideraciones. En rigor, la explicación respondería a la fortaleza del sistema y a la explosión de productividad e innovación que lo acompaña sin amenazas a la vista.
De la sala de terapia intensiva a observar un dólar que parece rescatar inesperada respetabilidad no puede deducirse, entonces, un milagro. Es la capacidad de asombro y de confianza que los EE.UU. inspiran, lo que explica este cambio con prescindencia de su duración que también dependerá de muchos imponderables. Recordemos que la cuarta parte del PBI mundial, el 70% de las exportaciones denominadas en dólares y otro tanto de las reservas monetarias mundiales constituyen indicadores que simbolizan la realidad, al margen de avances tecnológicos envidiables en un marco institucional adecuado y de permanente actualización geopolítica.
La iniciativa sometida al Congreso el 14 de diciembre por el Representante Comercial, precisamente para establecer una plataforma de integración con el grupo denominado Trans-Pacific Partnership Agreement y expandir los intereses norteamericanos “con los países de mayor crecimiento en el mundo , supone una elocuente muestra de oportunismo. La membresía promoverá nuevas oportunidades para “trabajadores, granjeros, proveedores de servicios y pequeñas empresas , consolidando exportaciones que en 2008 alcanzaron u$s 747.000 millones.
Pero ello no es todo. Según el documento, la región Asia-Pacífico registra 175 acuerdos comerciales preferenciales, 20 esperando implementación y otros 50 en negociación. Ello permitiría ampliar los acuerdos ya celebrados con Australia, Brunei, Chile, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam, todo lo cual, en conjunto, denuncia un manejo estratégico donde el país parece encaminarse hacia objetivos que no ocultan sino la consolidación de una posición dominante.
No entender el mensaje y la orientación y contenido de los cambios que se están operando, puede presagiar onerosos errores. La negativa china de asumir otro rol monetario que podría hacer peligrar su ingeniosa posición actual, se inscribe en el realismo que en todo memento demanda una política económica racional.










