Tras el anuncio de un alto el fuego bilateral entre Estados Unidos e Irán, la reacción de los mercados fue inmediata. A decir verdad, algo ya se había olfateado antes de los anuncios dado que el petróleo en su versión WTI había alcanzado durante la rueda en Nueva York un máximo a u$s 117 , fue cediendo gradualmente hasta llegar a acercarse a los u$s 108 en la previa del posteo de Donald Trump y luego acelerarse la baja a 102 dólares.
Los futuros de las acciones norteamericanas según el “SPY” mostraban subas iniciales de 2,5%. Todo hace suponer que se verá una tendencia alcista importante en los bonos y acciones argentinas que reflejarán el giro en las expectativas sobre el conflicto en Medio Oriente.
Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos lanzó ataques sobre Irán, los mercados financieros internacionales entraron en una fase de alta volatilidad que tuvo un impacto directo —y amplificado— en los activos argentinos. El primer reflejo fue un clásico movimiento de “risk-off”. Los inversores globales redujeron exposición a riesgo, lo que golpeó a los mercados emergentes y, en particular, a Argentina, que en la jerga financiera opera como un activo de alto beta, es decir, que amplifica las oscilaciones. En paralelo, el petróleo se convirtió en el termómetro central del conflicto: la amenaza sobre el Estrecho de Ormuz disparó el Brent por encima de los u$s 100, alimentando temores de inflación global más persistente y tasas de interés más altas por más tiempo.
En ese contexto, marzo fue un mes adverso para los activos locales. Las acciones argentinas —especialmente los ADR en Wall Street— mostraron caídas relevantes y elevada volatilidad, con los bancos y sectores cíclicos liderando las bajas. Los bonos soberanos en dólares también sintieron el impacto inicial del aumento en las tasas globales, aunque luego alternaron rebotes tácticos en ventanas de mayor apetito por carry. El riesgo país, por su parte, retomó una tendencia alcista en cada episodio de escalada bélica acercándose a los 650 puntos. Ayer cerró en niveles cercanos a los 610. ¿Volverá a ubicarse ahora en torno a los 550 puntos?
A nivel cambiario, el fortalecimiento global del dólar y la mayor aversión al riesgo se tradujeron en presiones sobre los dólares financieros, aunque con dinámicas locales particulares: en varios tramos del período, la oferta en el mercado moderó las subas e incluso permitió compresiones transitorias. Se viene un “cosechón” de soja y por ende no hay expectativas de saltos cambiarios.
El rasgo distintivo del período fue la extrema sensibilidad a las noticias desde Medio Oriente. Cada escalada en Irán —ataques, amenazas o interrupciones en la logística energética— generó caídas inmediatas en acciones y bonos argentinos. En sentido inverso, cualquier indicio de negociación o distensión produjo rebotes rápidos, con compresión del riesgo país y recuperación de precios.
Ya entrado abril, la volatilidad se intensificó a medida que el conflicto escalaba y el petróleo alcanzaba nuevos picos, profundizando el sesgo negativo. Sin embargo, en los últimos días, un cambio de tono —con señales de tregua parcial— alteró el escenario: el crudo retrocedió con fuerza y los activos de riesgo globales ensayaron un rebote que también alcanzó a Argentina.
Un dato interesante aportó el último informe de PPI. “Los activos bajo gestión de los fondos locales denominados en dólares han aumentado un 3% en lo que va de abril, alcanzando un nuevo máximo histórico de alrededor de 11.320 millones de dólares. Analizando los detalles, los activos bajo gestión ya han aumentado un 33,8% en lo que va del año (desde 8.500 millones de dólares en diciembre de 2025), con los fondos de mercado medio creciendo un 26,2% y los fondos con mayor enfoque en la duración disparándose en torno a un 46,7% en el mismo período” señalaron. Destacan además que “los depósitos en dólares del sector privado muestran un aumento más moderado del 4% en lo que va del año, desde 36.960 millones de dólares en diciembre de 2025 hasta 38.450 millones de dólares”.
¿Pasó lo peor? Da la sensación que la tregua conducirá inevitablemente a un acuerdo final. Todos ganan con la paz. Todos pierden con la guerra. Y con la estanflación.
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