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El dólar volvió a profundizar la baja y se consolidó por debajo de los $ 1390 en el segmento mayorista, en un contexto de fuertes compras del Banco Central y tasas en retroceso. La divisa cerró este viernes en $ 1.376, su nivel más bajo desde noviembre, lo que reaviva el debate sobre la vigencia y los riesgos del carry trade.
En la rueda del viernes, el Banco Central compró u$s 167 millones y elevó el acumulado de adquisiciones desde el inicio de 2026 a u$s 2412 millones. La autoridad monetaria continúa como demandante neto en el mercado oficial, mientras el tipo de cambio comprime.
El movimiento se da con tasas cortas de caución en descenso, que operan en torno al 36% TNA, lo que marcó un respiro respecto de jornadas previas.
Con el mayorista en $ 1376 y el límite superior de la banda cambiaria fijado en $ 1.595,93, la brecha frente al techo se amplía a aproximadamente 16%, el mayor diferencial en varios meses. En términos prácticos, el dólar se aleja cada vez más del límite superior mientras el premio en pesos comienza a recortarse por la baja de tasas.
En ese contexto, la discusión ya no pasa por la vigencia del carry, sino por cuánto se achica el premio frente al riesgo de un eventual cambio en la dinámica cambiaria.
El premio se achica y el riesgo mira a la post cosecha
Piedad Ortiz, economista y MBA en Finanzas, señaló en diálogo con El Cronista que la caída superior al 4% del dólar mayorista en febrero se inscribe en un escenario de liquidez más ajustada y con el Gobierno priorizando la estabilidad cambiaria.
Según explicó, el movimiento no responde únicamente a una mayor oferta privada producto de emisiones de deuda corporativa y liquidaciones del agro, sino también a un renovado impulso del carry trade.
“Con un dólar contenido y un contexto internacional más volátil, muchos inversores optan por posicionarse en pesos para capturar tasas elevadas”, detalló.
A su juicio, la estrategia se ve respaldada por dos factores adicionales: “La expectativa de mayores liquidaciones de la cosecha gruesa en los próximos meses y la debilidad del dólar a nivel global, que reduce la presión cambiaria en el frente local y mejora, al menos en el corto plazo, la ecuación riesgo/retorno de las colocaciones en moneda doméstica”, advirtió.
Ortiz señaló que los pronósticos para el dólar se ajustan a la baja, no solo por la oferta de dólares privada, sino también al considerar estímulos del Gobierno (como inocencia fiscal) para que se dé una remonetizacion con la divisa:
“En ese sentido la apuesta del Gobierno a facilitar créditos en dólares sin considerar las normas macroprudenciales (hipotecarios, prendarios, personales a personas y empresas), podría habilitar un nuevo flujo de liquidez en dólares, lo que favorecería inclusive a la estrategia de carry, algo que por supuesto se va a sentir en la actividad, ya que el costo del crédito sigue alto, pues la tasa de adelantos en cuenta corriente se ubica ahora en 40,54% una suba de +10% en lo que va del mes”, advirtió la estratega.
Ahora, aseguró Ortiz, el riesgo/retorno “se va achicando de manera gradual, y si el Gobierno continua con su focalización en la baja de precios, el spread se estrecha, y el mayor riesgo a mediano plazo vendría en el periodo post cosecha gruesa”, aseveró.
No obstante, por el momento se ve más una reasignación de posiciones más que un desarme del carry trade, donde si hubiera una desarticulación fuerte la cotización del dólar habría tenido un fuerte repunte y esto no viene pasando.
Con este escenario, la perforación de los $ 1390 aparece como un evento plausible, de hecho, el mayorista ya cerró en $ 1389, aunque el interrogante pasa por la sostenibilidad de esta dinámica más allá de mayo o junio, cuando se diluya el efecto pleno de la cosecha gruesa y cambie la estacionalidad de la oferta.
Al mismo tiempo, Ortiz advierte que el atraso cambiario comienza a reabrir el debate sobre competitividad. “La compresión de márgenes no impacta de manera homogénea: el complejo primario mantiene cierto colchón, pero los sectores industriales y de servicios vinculados a la exportación enfrentan una presión creciente sobre costos y rentabilidad”, advirtió.
En paralelo, las licitaciones del Tesoro se vuelven un termómetro clave. “No solo por su capacidad de absorber pesos y ordenar la liquidez, sino también por el nivel de tasas que convaliden. Premios más altos implican mayor costo financiero para el sistema y trasladan tensión al crédito, en un contexto en el que las tasas activas ya muestran una tendencia alcista. El equilibrio entre dólar contenido, tasas atractivas y actividad económica más exigida será uno de los puntos a monitorear de cara al segundo semestre”, concluyó la experta.
Más oferta que demanda: el dólar baja y el carry gana terreno
El analista financiero, Leandro Monnittola, por su parte, dijo a este medio que las emisiones de obligaciones negociables y de deuda sub soberana, junto con un dólar que muestra cierta debilidad a nivel global, incrementaron la oferta de divisas y reforzaron la presión bajista sobre el tipo de cambio.
“En este contexto, al analizar la dinámica actual surge una pregunta central: ¿el carry trade responde principalmente a un exceso de oferta de dólares más que a una demanda genuina y sostenida de pesos?”, se preguntó.
Para el analista, hoy el carry se mantiene como una estrategia vigente, “pero no exenta de riesgos y con necesidad de monitoreo permanente para activar un eventual desarme con rapidez si cambian las condiciones”.
Y es que el techo de la banda cambiaria se ubica muy por encima del nivel actual del dólar y la brecha es lo suficientemente amplia como para que ninguna tasa en la curva en pesos garantice por sí sola la cobertura frente a un movimiento abrupto del tipo de cambio, analizó Monnittola.
Aun así, dijo que mientras la tendencia bajista del dólar se mantenga y la oferta continúe dominando el mercado, “es probable que la estrategia siga activa, más por inercia de flujo que por convicción estructural”.
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