Por qué el mundo no está de acuerdo en cómo manejar la inflación

El creciente aumento de los precios es inminente por primera vez en décadas, pero los formuladores de políticas persiguen estrategias diferentes.

En otros tiempos, los banqueros centrales sabían lo que tenían que hacer para manejar la inflación. Conforme intentan lidiar con las consecuencias económicas de la pandemia del coronavirus, el consenso acerca de la mejor manera de fomentar un bajo y estable aumento de precios se ha desmoronado.

Después de años de fijar las tasas de interés sobre la base de las previsiones de inflación, y buscando alcanzar un objetivo de alrededor del 2%, las principales autoridades monetarias de todo el mundo están persiguiendo diferentes estrategias.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advirtió que cualquier intento de aumentar las tasas de interés debería ser "dependiente del Estado y guiado por sostenidas mejoras en los mercados laborales, por signos de duraderas presiones inflacionarias y por cambios en la postura de la política fiscal", un consejo tan vago que todos los principales bancos centrales pueden decir que su política cumple con los criterios.

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La Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos ha cambiado su postura para darle más margen a la inflación y una mayor prioridad al empleo; el Banco Central Europeo (BCE) está enredado en una disputa en cuanto a si debe ser más tolerante con cualquier rebasamiento de la inflación; y el Banco de Japón (BoJ, por sus siglas en inglés) está luchando en vano para revivir las expectativas de aumento de precios de los consumidores.

El credo de la Fed busca alejarse de décadas de aumentos preventivos de las tasas de interés para evitar posibles presiones inflacionarias mientras persigue más insistentemente el pleno empleo, una estrategia que, según ha afirmado, beneficiará a más estadounidenses, incluyendo los trabajadores con bajos salarios y los grupos minoritarios.

La Fed permitirá que la inflación sobrepase su objetivo del 2% durante algún tiempo, después de un prolongado período por debajo del objetivo, en un intento por garantizar que las compañías y las empresas anticipen que las tasas de interés se mantendrán bajas durante un largo tiempo y, por lo tanto, gasten en lugar de ahorrar. Una de las motivaciones de la Fed es evitar repetir su postura después de la crisis financiera, cuando el endurecimiento de la política frenó la recuperación.

"Estoy atenta a los riesgos de ambos lados de este camino anticipado", dijo el martes Lael Brainard, una gobernadora de la Fed. Ella "monitorearía cuidadosamente" los datos de inflación para asegurarse de que no se desarrollaran de "maneras indeseables", pero también "estaría atenta a los riesgos de eliminar las medidas estimulantes demasiado pronto", dijo ella, advirtiendo que las tendencias prepandémicas de "bajas tasas de interés de equilibrio y la baja tendencia inflacionaria subyacente" era "probable que se reafirmaran".

Pero a los críticos les preocupa que la estrategia de la Fed fue diseñada para un mundo de cautelosa política fiscal, no para la era pandémica de endeudamiento y de gasto masivo, y que esto pudiera dejarla en una mala posición si aumentan las presiones sobre los precios.

El aumento anual del 3,1% del índice de gasto de consumo personal (PCEPI, por sus siglas en inglés) básico reforzó algunos de esos temores.

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El BoJ ha estado persiguiendo un compromiso de rebasamiento de la inflación durante los últimos cinco años, pero ni siquiera se ha acercado a su objetivo del 2%. Sorprendentemente poco ha cambiado después de la pandemia: la inflación no se vislumbra por ninguna parte y el crecimiento del gasto es lento.

Los hogares y las compañías de Japón están convencidos de que la inflación se mantendrá cercana a cero, lo cual hará casi imposible que el BoJ logre su objetivo.

"La formación de las expectativas de inflación en Japón está profundamente afectada no sólo por la tasa de inflación observada en ese momento, sino también por las experiencias pasadas y por las normas desarrolladas en el proceso", dijo el gobernador del BoJ, Haruhiko Kuroda, en un reciente discurso.

Mientras tanto, los políticos de la eurozona están involucrados en una furiosa discusión conforme el BCE lleva a cabo su propia revisión de políticas; los resultados se darán a conocer en septiembre.

Olli Rehn, quien ocupa la posición de gobernador del banco central de Finlandia en el consejo, recientemente dijo: "Desde el punto de vista del bienestar económico y social, tiene sentido aceptar un cierto período de rebasamiento de la inflación, teniendo en cuenta el historial de permanecer por debajo del objetivo".

Pero Isabel Schnabel, miembro de la junta ejecutiva del BCE, advirtió que sería riesgoso. Schnabel dijo el mes pasado que, aunque el banco central no debería reaccionar de forma exagerada si la inflación se rebasa después de un estancamiento, ella es "escéptica" de formalmente tener como objetivo la inflación promedio durante un período determinado.

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"¿Cuánto tiempo debe durar el período sobre el que se calcula el promedio? ¿Cuánto de eso debería comunicarse?", ella preguntó. "Yo personalmente no creo que debamos seguir esa estrategia".

Para algunos economistas, estos desacuerdos son irrelevantes: la política monetaria se ha extendido tanto que los banqueros centrales carecen de herramientas efectivas para hacer más.

Richard Barwell, el jefe de macroinvestigación de BNP Paribas Asset Management, dijo que el BCE se estaba quedando casi "sin municiones" y que, aunque la inflación de la eurozona en mayo subió justo por encima de su objetivo de cerca al, pero por debajo del, 2%, se necesitaría una ambiciosa política fiscal, o simplemente suerte, para mantenerla durante un período prolongado.

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"A menos que haya un masivo estímulo fiscal al estilo de Biden en el futuro de Europa, o que los vientos en contra de la desinflación repentinamente se disipen, la cantidad de estímulo monetario necesario para llevar la inflación a rebasar el 2% está mucho más allá de lo que pueden hacer", comentó Barwell.

Eso deja a la Fed sola con una difícil decisión durante los próximos meses. La inflación estadounidense está rebasando su objetivo; la demanda está descontrolada; y la Fed necesita decidir si debe aplicar los frenos con suavidad.

Las autoridades están preparadas para iniciar un debate que reduzca algo de apoyo, pero no han mostrado signos de desviarse de su nuevo marco de políticas, insistiendo en que es probable que el reciente aumento de la inflación sea transitorio, no sostenido.

La semana pasada, el vicepresidente de la Fed, Randal Quarles, dijo que el marco había sido diseñado para el mundo actual con "un lento crecimiento de la fuerza laboral, un crecimiento potencial más bajo, una inflación subyacente más baja y, por lo tanto, unas tasas de interés más bajas".

"No me preocupa el regreso a la década de 1970", dijo Quarles.

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