¿Hasta qué nivel podrían subir los precios del petróleo? El estrecho de Ormuz —por donde normalmente transita una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo— sigue cerrado y el sistema financiero intenta calcular qué implicará eso para los precios de la energía. Pero esas estimaciones dependen en gran medida de cuánto tiempo permanezca cerrado el paso y de cuán nerviosos se pongan los inversores, lo que convierte todo el ejercicio en una especie de elaborado juego de “ponerle la cola al burro”.
Claro que eso implica, primero, medir el tamaño del burro. Imaginemos el peor escenario posible: que el estrecho permanezca cerrado durante un período prolongado. Eso eliminaría del mercado global unos 20 millones de barriles diarios de crudo y productos refinados. Aun así, parte del suministro podría redirigirse a través de oleoductos en la región. De hecho, el mundo ya esperaba producir más barriles de los que consumiría este año y otros productores —incluido el shale estadounidense y nuevos polos emergentes como Guyana— podrían aumentar la oferta. Incluso así, una pérdida neta de 12 millones de barriles diarios sería mayor que la caída de la demanda de petróleo registrada durante la pandemia.
Afortunadamente, se trata de un resultado extremadamente improbable. Es poco probable que el estrecho permanezca cerrado durante mucho tiempo, ya sea porque cesen las hostilidades o porque la Marina de Estados Unidos termine escoltando a los buques. Además, en medio de crecientes tensiones geopolíticas, el mundo ha acumulado reservas por unos 8.000 millones de barriles de petróleo y productos refinados, según Goldman Sachs. Quienes poseen esas reservas podrían amortiguar el impacto, pero no se puede contar con que compensen completamente la interrupción.
Por eso, un déficit de 2 millones de barriles diarios —equivalente a alrededor del 2% del consumo global— no está fuera de lo posible, incluso si no ocurre el peor escenario. Por ejemplo, escoltar petroleros a través del estrecho podría ralentizar el ritmo de tránsito. Y en una región volátil, no es difícil imaginar interrupciones parciales o cierres temporales de campos petroleros, lo que mantendría el suministro por debajo del nivel que antes se consideraba normal.
¿Hasta dónde subiría el precio del petróleo en ese caso? Potencialmente, bastante. La demanda de petróleo es inelástica, lo que significa que es difícil lograr que la gente deje de usarlo incluso cuando se vuelve más caro. El impacto sobre el consumo variaría mucho según el lugar y el tipo de consumidor. Las aerolíneas suelen trasladar el aumento de costos directamente a los pasajeros. Los automovilistas estadounidenses, cuyos combustibles suben casi al mismo ritmo que el petróleo, tienden a ser más sensibles.
Como referencia, conviene observar la última vez que precios elevados del petróleo fueron seguidos por una caída del 2% en el consumo, para entender cómo se reequilibra el mercado. Según los analistas de Stifel, eso ocurrió entre 2007 y 2009. La comparación es imperfecta. Por un lado, la crisis financiera global debilitó la demanda y contribuyó a la caída. Por otro, el precio del petróleo había subido gradualmente, lo que facilitó la adaptación de la economía mundial, que además crecía con más fuerza.
Aun así, el precio máximo alcanzado entonces fue de 147 dólares por barril, equivalente a unos 222 u$s actuales. Para que algo así vuelva a ocurrir tendrían que salir mal muchas cosas. Pero, con esa referencia, incluso las estimaciones más pesimistas que circulan hoy parecen relativamente moderadas.

















