Lionel Messi: el mago tímido del fútbol que arrasó al Barça y ahora es ídolo del PSG

Messi contribuyó a la desaparición del Barcelona, pero seguramente contribuye más a la felicidad mundial.

En su suite del hotel Royal Monceau de París, Leo Messi está aprendiendo a vivir fuera de Barcelona. En 20 años en el FC Barcelona, ganó seis veces el Balón de Oro al mejor jugador del mundo. Hasta el 5 de agosto, el argentino de 34 años esperaba continuar con su existencia de padre de familia en la plácida costa Cataluña . Pero entonces, un Barça en apuros económicos admitió que no podía ofrecerle un nuevo contrato.

Lloró y se incorporó al París Saint-Germain, que, al igual que el Royal Monceau, es propiedad del Estado qatarí. Messi se ha sumado al plan de Qatar para "lavar deportivamente" su reputación a nivel mundial. A nivel personal, él y su mujer y sus tres hijos pueden tener problemas con su indeseada mudanza. Pero en el terreno de juego, seguirá haciendo gala de su genio único y fiable.

Su padre, Jorge, era gerente de una fábrica de acero en Rosario, pero después de que el pequeño de 13 años maravillara al Barça en un entrenamiento de prueba, los Messi invirtieron su estructura familiar: el hijo menor se convirtió en el sostén de la familia.

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Los padres y los tres hermanos de Messi se trasladaron a Cataluña con él, todos sollozando en el taxi que los llevó al aeropuerto de Rosario. El Barça le pagó a la familia 120.000 euros al año y financió las hormonas de crecimiento que llevaron a Messi a su altura adulta de 1,70 mts. En Barcelona, admitió más tarde su hermano Rodrigo, "no nos adaptamos muy bien. Estábamos unidos, pero uno hacía algo y los demás nada. Así que todos sufrimos de diferentes maneras".

Messi creció casi al margen de la sociedad, fue la creación conjunta de una familia y de la academia de fútbol del Barcelona. De adolescente, solamente usaba joggins, sólo intentó leer un libro, una biografía de Diego Maradona (que no terminó), y apenas hablaba.

Los entrenadores de la academia no pudieron convencerlo de que practicara el juego de pases del Barça. Messi prefería ganarle a los equipos solo. Sus pasos cortos ayudaban a sus corridas en solitario: como sus pies tocan el suelo tan a menudo, puede cambiar de dirección más rápido que los grandes rivales, evadiéndolos como un perro que escapa de los policías en una vieja película muda.

Recién a los 21 años, cuando jugaba en el primer equipo del Barcelona, demostró que había asimilado las lecciones de pases de su juventud. Messi se convirtió en el futbolista ideal: un gran individualista en la tradición argentino-brasileña y también un gran jugador colectivo.

Roger Federer, su equivalente en el tenis, dice: "Probablemente lo que más me gusta de Messi es cuando recibe la pelota y es capaz de girar el cuerpo hacia el arco. Entonces sabes que va a dar un buen pase, gambetearla o simplemente tirarle al arco. Siempre tiene tres opciones". Federer señala que los grandes futbolistas y tenistas se enfrentan al problema de la elección: si podés hacer cualquier cosa, ¿qué debés hacer en cada momento? Messi acabó dominando la toma de decisiones.

Proyectó su personalidad sólo dentro del Barça. Compañeros de equipo, entrenadores y presidentes del club le temían. Durante 15 años, el Barcelona siguió la "estrategia Messi" de cumplir sus deseos. Cuando quiso que el costoso fichaje sueco Zlatan Ibrahimovic se quedara en el banco, se hizo. Los oscuros Tata Martino y Tito Vilanova fueron elegidos para dirigir el Barcelona en gran medida porque a Messi le gustaban.

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La otra cara del poder era que Messi se sentía personalmente responsable de los resultados del Barça. Quique Setién, breve entrenador del Barcelona, diagnosticó en él una ansiedad permanente alimentada por la presión de ganar. Durante años, Messi lo hizo: ayudó a su glorioso equipo de Barcelona a levantar cuatro Champions League.

Mientras tanto, las palmeras, las paredes blancas y las santa ritas protegían a su familia en su complejo de Castelldefels. Llevaba a sus hijos al colegio británico local y disfrutaba de las comidas familiares en una mesa apartada de un restaurante de Castelldefels. La gente del pueblo lo dejaba en paz. Una vez dijo que, al criar a sus hijos, se sentía "destruido" por la noche, y se iba a la cama temprano. Es introvertido y tiene un pequeño círculo de amigos. Poco interesado en salir al exterior, ha conservado su acento rosarino y nunca ha aprendido catalán.

Experimenta el mundo exterior sobre todo como una masa de gente que lo graba con sus teléfonos. Ha aprendido a ignorarlo. Dentro de su clan, su papel es jugar al fútbol mientras su padre devenido en manager, y que se considera un hombre de negocios, se encarga de las finanzas.

Probablemente el hijo no sabía que evadía impuestos hasta que un juez los condenó a él y a Jorge en 2016. Probablemente tampoco se dio cuenta de que las constantes exigencias de su padre en materia de subas salariales estaban agotando al Barça. Desde 2017 hasta junio de 2021, el club le pagó a Messi un total de 555 millones de euros, más o menos lo mismo que todo un equipo de primera categoría. Su salario, la desastrosa política de fichajes del Barcelona y la pandemia dejaron al club con deudas de 1200 millones de euros y un equipo envejecido y mediocre.

Después de la paliza ante el Bayern Múnich (8-2) en la Champions League, Messi decidió irse. Pero cuando se lo dijo a su mujer y a sus hijos, éstos lloraron. "Fue un drama", admitió. Los niños no querían hacer nuevos amigos en un nuevo colegio en el extranjero. Barcelona le impidió marcharse entonces, y la reacción de la familia le animó a quedarse este verano. Incluso aceptó reducir su sueldo a la mitad, hasta que el Barça lo echó.

El París Saint-Germain debería convenirle: mejores compañeros, un vestuario mayoritariamente latinoamericano, y la posibilidad de ganar trofeos que necesita este competidor.

Messi contribuyó a la desaparición del Barcelona. Pero seguramente contribuye más a la felicidad mundial. Cada semana, su talento accesible levanta a la gente en todas partes.

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