
Cuando se produjo la pandemia de gripe porcina en 2009, algunos de los países más ricos del mundo se peleaban por conseguir vacunas. Los países más pobres, que eran los más afectados, quedaron últimos en la fila, porque las naciones occidentales firmaban acuerdos con las droguerías para asegurarse el acceso a las vacunas.
Australia incluso impidió que un laboratorio nacional exportara dosis a EE.UU hasta que estuvo inmunizada toda su población, mientras que el gobierno de Obama demoró la promesa de donar vacunas a los países más pobres para poder así priorizar la distribución en su país.
Para muchos expertos en salud mundial, la gripe porcina sirve como una advertencia para la actual crisis de Covid-19, que ya provocó más de 290.000 muertes y paralizó las economías de todo el mundo. Temen que esta pandemia pueda dar lugar a una lucha geopolítica por las vacunas mayor a la producida a raíz de la gripe porcina.
La mezcla de fuerte rivalidad entre EE.UU. y China -y el consiguiente aumento del nacionalismo- con el retroceso del multilateralismo, ejemplificado por la administración Trump que amenaza con retirar la financiación estadounidense a la Organización Mundial de la Salud, preocupa a quienes estudian la pandemia.
"Hay factores que complican más la situación. Aumentarán las divisiones políticas y económicas que estaban ocultas a la vista", señaló Stuart Blume, profesor emérito de ciencia y tecnología de la Universidad de Amsterdam. "Estamos muy mal para enfrentar un desafío global".
Dar con una vacuna es fundamental para reactivar las economías. Pero, al igual que la gripe porcina, plantea grandes interrogantes sobre si los países actuarán en beneficio propio o si adoptarán un enfoque más colaborativo y global. Más de 100 posibles vacunas están en fase de prueba y se necesitará un enorme esfuerzo que costará decenas de miles de millones de dólares y una logística compleja para fabricar y distribuir las drogas que han tenido éxito en todo el mundo.
Los países europeos y la OMS tratan de mantener viva la opción multilateral mediante una serie de cumbres de recaudación de fondos. Pero EE.UU ya se mostró reacio a comprometerse, y ha reclutado grupos farmacéuticos y de biotecnología.
Beijing y Washington están invirtiendo enormes recursos para ser los primeros en desarrollar una vacuna, y hacerlo en un tiempo récord. El presidente Donald Trump, lanzó Operation Warp Speed, una asociación público-privada que tiene como objetivo que cientos de millones de dosis estén disponibles en EE.UU. para fin de año.
Scott Gottlieb, que fue el primer director de la Administración de Alimentos y Medicamentos con el gobierno de Trump, afirmó que la gripe porcina demostró que no es realista la "visión utópica" de que los países podrían donar vacunas antes de satisfacer sus propias necesidades. "Es importante que EE.UU. tenga una vacuna de fabricante norteamericano porque lo que la historia nos ha demostrado es que en el marco de las crisis de salud pública, los países nacionalizan sus productos", agregó
Desde los primeros días de la pandemia de Covid-19 muchos expertos temen por lo que sucederá cuando comience la distribución de una vacuna. Ya hubo roces por los equipos de protección personal como camisolines y barbijos. Los políticos alemanes acusaron a EE.UU. de "piratería moderna" cuando las máscaras producidas por 3M y destinadas a la fuerza policial de Berlín fueron desviadas a Norteamérica.














