Emmanuel Macron se enfrenta a la ira de los franceses en la previa de las elecciones

El camino del presidente hacia la reelección se complica por la abstención y el atractivo de los candidatos de extrema derecha y de la izquierda dura.

Incluso en la tranquila ciudad de Spézet, al oeste de Francia, el paseo en plena campaña del presidente Emmanuel Macron refleja las divisiones y el descontento de los ciudadanos que han dado esperanzas a sus rivales de extrema derecha e izquierda de frustrar su reelección este mes.

"Es un globalista", dice con desprecio Anne-Marie Kerleo, una detractora que mira desde las escaleras de la iglesia de la ciudad mientras Macron se dirige a unos cientos de seguidores y habla de la importancia de la Unión Europea. Esta profesora jubilada prefiere a Eric Zemmour, el candidato con un discurso antiinmigración que cree que los musulmanes del norte de África son una amenaza para Francia y que durante unos meses desafió el liderazgo de la extrema derecha de Marine Le Pen.

Mientras en la plaza del pueblo de Spézet los seguidores del presidente empiezan a corear "¡Cinco años más!", sus oponentes contraatacan con la frase "¡Macron, renuncia!". Cerca de allí, un grupo más pequeño de manifestantes de la Federación Anarquista, que rechaza el capitalismo y la propia noción de Estado, también intenta hacer oír su voz.

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La escena en una ciudad de la región Bretaña encapsula tanto la ira dirigida a Macron desde los extremos como el descontento con el sistema político que ha dado a Le Pen su mejor oportunidad de soñar con la presidencia de cara a la primera vuelta de las elecciones del domingo.

Este resultado daría un vuelco no solo a la política francesa, sino también a la europea, similar a las victorias antisistema del Brexit, que sacó a Reino Unido de la Unión Europea, y a la elección de Donald Trump como presidente en Estados Unidos.

Los últimos sondeos siguen situando a Macron como favorito, con un 27%, seguido de Le Pen con un 22%, y al candidato de extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon con un 16%. Los candidatos de los partidos de centro-derecha y socialista que dominaron la política de la posguerra en Francia se sitúan ahora por debajo del 10%, junto con los Verdes. Los dos candidatos que queden primeros pasarán a la segunda vuelta, el 24 de abril, y los sondeos muestran que Le Pen está ganando terreno a Macron en un duelo cara a cara.

El hartazgo de los ciudadanos hacia la política también se hará visible: en un país en el que las elecciones presidenciales han sido una cita ineludible, esta vez se prevé que la abstención alcance un récord del 30% el domingo. Esta cifra superaría la de 2002, cuando la baja participación ayudó a que el padre de Le Pen, Jean-Marie Le Pen, llegara inesperadamente a la segunda vuelta con menos del 17% de los votos. En la segunda vuelta, fue derrotado por Jacques Chirac.

En Douai, una ciudad situada en un antiguo cinturón textil y minero del norte de Francia, un 30% de los ciudadanos se abstuvo en la última votación presidencial de hace cinco años, lo que refleja que la tendencia a una menor participación es más acusada en las zonas de clase trabajadora.

Christine Finet, trabajadora de un hospital, muy descontenta con los bajos salarios de su sector, se ha sumado a las filas de los abstencionistas. Su marido ni siquiera se ha molestado en inscribirse para votar. Esta pareja de izquierdas, que se decantó por Mélenchon en 2017, asegura que esta vez no se ve reflejada en ninguno de los candidatos.

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"Los políticos han perdido el contacto con la gente, viven en una burbuja", lamenta Finet.

La abstención es sólo un signo del cansancio con el proceso electoral, opina Anne Muxel, socióloga de la universidad Sciences Po, que añade que "aproximadamente uno de cada cinco de los que dicen que acudirán a votar está indeciso, según los últimos sondeos, lo que aumenta la incertidumbre".

Patrick Blervaque, dueño de una tienda de ropa en Douai que también trabaja en un centro logístico de Amazon, asegura que dejará para el domingo su elección final, y que todavía duda entre los candidatos de la derecha.

En Douai, los militantes recorrieron las calles esta semana en busca de votos de última hora, incluso para Macron. La reacción de los viajeros de la estación de tren, donde un grupo de partidarios del presidente repartió folletos, fue positiva en un 60%, según sus cálculos. Pero los voluntarios siguen preocupados por el resultado.

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"En realidad, estamos votando cómo queremos que sea la sociedad. O bien con un presidente progresista y orientado hacia el exterior, o, por el contrario, con un presidente que se repliegue sobre sí mismo", sostiene Didier Manet, del dueño de un comercio ya jubilado.

Junto con otros militantes, entre ellos un músico que organiza talleres en las cárceles, un profesor y un antiguo director de la fábrica local de automóviles Renault, los partidarios de Macron dicen que admiran sobre todo su firme postura proeuropea y su gestión de la pandemia.

Sólo un tema genera polémica entre los voluntarios: el plan de Macron de aumentar la edad de jubilación a los 65 años, que, según dijeron, ha provocado el rechazo de algunos votantes.

De vuelta a Spézet, en la Bretaña, incluso aquellos que simpatizan con Macron están ansiosos por abrirse paso entre la multitud que se agolpaba para hablarle de su preocupación por el aumento del costo de los fertilizantes y el combustible y los bajos precios que los supermercados pagan a los productores de leche. La suba de los precios del combustible desencadenó las protestas de los chalecos amarillos en 2018.

Hacia el final del discurso, Macron elevó el tono y gritó a la multitud: "Me encanta nuestra ira, nuestra impaciencia".

No ha convencido a Véronique, de 47 años, una recepcionista que se levanta a las 4:30 de la mañana para desplazarse más de 40 kilómetros a la ciudad de Quimper para trabajar y se queja del aumento del costo de llenar el tanque de su coche. Dice que votará a Fabien Roussel, el candidato del Partido Comunista.

A pesar de sus dificultades económicas, los productores de leche, como Jean-Luc André, simpatizan con el presidente y la protección que ofrece la Unión Europea. "Es probable que Macron sea lo mejor para nosotros. Yo le voté la última vez", reconoce.

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