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Qué es la cláusula de 'muerte mutua' que planea activar Lasso para no perder el poder

El presidente ecuatoriano insiste en que no permitirá que el Congreso, dominado por la oposición, lo destituya.

El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, ha prometido disolver el Congreso y convocar a elecciones anticipadas en lugar de permitir que los legisladores lo destituyan por lo que considera una falsa acusación de corrupción promovida por sus opositores políticos.

Lasso, uno de los pocos presidentes latinoamericanos pro-mercado, ha resistido los repetidos intentos del Congreso, dominado por la izquierda, de destituirlo, mientras Ecuador, se ve abrumado por una ola de asesinatos relacionados con el narcotráfico.

El millonario banquero autodidacta le dijo al Financial Times que comparecería ante el Congreso en unos 30 días para defenderse de la acusación de corrupción. Se refiere a un contrato de la empresa estatal de transporte de petróleo Flopec, que firmó con una compañía de barcos cisterna tres años antes de que él asumiera el cargo.

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"Nadie ha hecho más que yo para combatir la corrupción", dijo Lasso en una entrevista en el palacio de gobierno de Carondelet, en Quito. "El peculado se define como un delito en el que alguien se aprovecha de fondos públicos para su propio beneficio. Yo no he utilizado fondos públicos en beneficio propio".

Lasso dijo que "no descartaba" ganar suficientes legisladores, pero que en "el escenario más probable", en el que no pudiera reunir el apoyo suficiente, llamaría a elecciones anticipadas antes de que el Congreso pudiera destituirlo.

"El otro escenario que evitaré, porque no es correcto... es la censura del presidente", dijo.

Cuando se le preguntó si eso significaba que invocaría una cláusula constitucional conocida como 'muerte mutua' para forzar elecciones tanto para su propio puesto como para un nuevo congreso, Lasso respondió: "Correcto, correcto. Eso es lo que declaro".

A pesar de tener sólo un 22% de aprobación, según una encuesta reciente, Lasso insistió en que volvería a presentarse en unas nuevas elecciones. "Tengo un deber con mis votantes", dijo. "Seré candidato".

Sebastián Hurtado, director de la consultora de riesgo político Profitas, de Quito, dio a Lasso pocas posibilidades de sobrevivir. "Personalmente, creo que está perdido", dijo. "Podría pasar algo extraordinario (...) pero los detalles jurídicos y penales casi no importan ahora. Es una cuestión totalmente política".

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Si Lasso activara la cláusula de 'muerte mutua', que nunca se ha utilizado, Hurtado predijo un conflicto. "Me temo que podría haber una crisis constitucional, ya que parte de la oposición ha dicho que no la reconocerá".

Mientras tanto, el presidente pretende tomar medidas enérgicas contra la violencia relacionada al narcotráfico, que es la principal preocupación de los ecuatorianos, según las encuestas. Con la policía y el poder judicial manchados por la corrupción, tiene puestas sus esperanzas en el ejército. La tasa de asesinatos en el país andino casi se duplicó el año pasado, cuando las mafias mexicana y albanesa se disputaron las lucrativas rutas del contrabando de cocaína.

Lasso dijo que la violencia se había disparado en parte porque su gobierno había incautado mucha más droga que sus predecesores: unas 400 toneladas en 22 meses, con un valor en la calle de u$s 15.000 millones.

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"Cualquiera puede construir una ruta, cualquiera puede construir un hospital, cualquiera puede construir una universidad... pero no cualquiera puede luchar contra la corrupción y las drogas", dijo el presidente.

Aunque los analistas consideran que el caso de corrupción Flopec contra Lasso es débil, la imagen del presidente se ha visto empañada por otra investigación sobre presunto tráfico de influencias por parte de su cuñado, Danilo Carrera. Carrera niega haber actuado mal.

En enero, Lasso afirmó que Carrera -que preside la junta directiva del Banco Guayaquil, el banco de Lasso- era un "hombre honorable e intachable". Al mes siguiente admitió que Carrera "pudo no haber tenido suficiente suspicacia para detectar gente deshonesta que quería utilizarlo".

El Tribunal Constitucional decidió que las pruebas de la supuesta implicación de Lasso en el caso Carrera eran demasiado débiles para incluirlas en la solicitud de destitución del Congreso y las eliminó. Lasso declaró que estaba al corriente de la investigación policial sobre Carrera desde el principio y que nunca había intentado interferir en ella.

Tras la desastrosa derrota sufrida en las elecciones locales de febrero a manos del movimiento del expresidente Rafael Correa, Lasso ha remodelado la administración presidencial y ha contratado a un nuevo jefe de comunicación, pero puede que estas medidas lleguen demasiado tarde para salvarlo.

En un nuevo indicio de problemas, cinco legisladores demócratas le escribieron la semana pasada al presidente estadounidense, Joe Biden, pidiéndole que revisara las relaciones bilaterales con Ecuador mientras se investigaban "acusaciones creíbles de corrupción al más alto nivel".

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El gobierno estadounidense ha apoyado firmemente a Lasso, mientras que Bob Menéndez, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, visitó Quito la semana pasada con otros dos senadores para expresar su respaldo al presidente.

La agitación política ha alarmado a los inversores, que han hecho bajar el precio de los bonos ecuatorianos en los mercados secundarios. Temen que Lasso, que ha mantenido el gasto a raya, sea derrocado y sustituido por un gobierno de izquierda que pida prestado y gaste.

Lasso describió sus logros económicos como "extraordinarios", señalando que las previsiones del FMI indican que Ecuador crecerá un 2,9% este año, con una inflación inferior a la de Estados Unidos. Lasso prevé un déficit presupuestario de alrededor del 1%.

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A los empresarios, sin embargo, les preocupa que el Gobierno haya sido demasiado estricto con el dinero en un país en el que muchos guardan un grato recuerdo de las fastuosas obras públicas llevadas a cabo bajo los gobiernos de Correa de 2007-17. Quieren que Lasso gaste más.

Correa vive en asilo político en Bélgica, tras ser declarado culpable de corrupción en 2020 y condenado en rebeldía a ocho años de prisión. Las encuestas muestran que su imagen pública es menos negativa que la de Lasso.

El presidente insiste en que Correa está detrás de los intentos de destituirlo.

"Hay una especie de debate entre dos modelos", dijo. "El modelo populista y totalitario del que hemos tenido 10 años de experiencia con Correa y el modelo que yo represento: un modelo democrático, humanista y liberal".

Lasso, de 67 años, sufre dolores crónicos causados por una operación fallida hace años. Horas después de la entrevista con el FT, fue ingresado en un hospital para tratarse una infección urinaria. Pero el presidente insistió antes en que seguiría hasta el final.

"Perdonen que utilice un lenguaje fuerte, pero soy muy incómodo, créeme", dijo Lasso. "No soy un presidente latinoamericano común y no quiero serlo. Estoy aquí para luchar por mis ideales".

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