Criptomonedas: ¿todavía te cuesta entender lo básico? No sos el único, y hay un motivo para eso

En la actualidad, la sociedad está dividida entre una pequeña minoría de actores con un nivel de conocimientos de doctorado y un público de jardín de infantes.

En las últimas semanas, me he embarcado en un viaje que muchos inversores han recorrido antes que yo. Me he puesto una metafórica toalla mojada sobre la cabeza y me he sumergido en el mundo de las criptomonedas.

Ha sido sorprendentemente duro. En parte porque las criptomonedas, como cualquier área de innovación acelerada, son un lugar de culto en el que los iniciados tienen amplios conocimientos que los definen como tribu. En la actualidad, la sociedad está dividida entre una pequeña minoría de jugadores con conocimientos de nivel de doctorado y un público de jardín de infantes, con poco en el medio.

El otro problema es que este mundo requiere una mezcla inusual de habilidades intelectuales. Alexander Lipton, amigo, veterano de Wall Street y profesor de matemáticas, esboza la cuestión en un libro del que ha sido coautor recientemente sobre el tema, 'Blockchain and Distributed Ledgers'.

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Las criptomonedas, señala el libro, se encuentran en la intersección de tres campos: "a) la criptografía (para garantizar la integridad de las transacciones); b) la teoría de los juegos (para establecer un consenso sobre el estado del registro público); y c) la economía (para diseñar iniciativas económicas adecuadas)".

La mayoría de la gente puede entender dos de las tres, pero "dominarlas todas es una tarea difícil". En otras palabras, averiguar si una determinada criptomoneda es un esquema Ponzi o no, exige conocimientos de informática y finanzas y de psicología o antropología.

Para ver por qué esto es importante, consideremos la cuestión de las Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO, por sus siglas en inglés) una característica del ecosistema de Ethereum. Se trata de cuasi empresas, pero dirigidas por programas informáticos automatizados, no por humanos, que organizan a los participantes para realizar proyectos conjuntos (normalmente financiados con criptomonedas).

Si hubiera una institución como un regulador que supervisara las DAO, o un banco conocido que dirigiera una, los inversores podrían juzgar si una DAO es digna de confianza en función de su nivel de confianza en esa institución. Pero no es así. En su lugar, la confianza se basa en el código informático, que (supuestamente) está estructurado de forma que crea incentivos para que todos los participantes en las DAO se comporten de forma responsable (por ejemplo, ofreciendo una forma transparente de rastrear el comportamiento y garantizando que cualquiera que se porte mal sufrirá sanciones).

Sin embargo, no se puede comprobar si la confianza está justificada a menos que se entienda ese código informático. Y probablemente no se pueda calcular el valor de la actividad de una DAO sin conocimientos de economía y teoría de juegos, que permitirían determinar, por ejemplo, si la comunidad tiene un interés conjunto en proteger su valor.

(Esto no es una cuestión teórica. Como explican dos libros recientes, 'The Infinite Machine' y 'Out of the Ether', hubo un hackeo masivo en un proyecto DAO en 2016 que casi vio implosionar todo el sistema ethereum hasta que la comunidad se unió para salvarlo).

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Entonces, ¿por qué relativamente poca gente entiende los tres campos de las criptomonedas? Básicamente, nuestros sistemas educativos aún no forman a los estudiantes en este sentido, mientras que instituciones como los bancos tienden a poner a las personas con estas habilidades en diferentes departamentos. El equipo de informática no es el mismo que el grupo de investigación económica.

En el mundo de la regulación, las instituciones que supervisan las IT y las finanzas también se han mantenido tradicionalmente separadas. E incluso si se considera sólo la regulación financiera, hay otro reto en torno a las definiciones. En un país como Estados Unidos, los productos que son valores están regulados por la Comisión de Bolsa y Valores. Por tanto, si el bitcoin es un valor, entra en el ámbito de la SEC.

Pero si también es un sistema de dinero o de pagos, como insisten muchos criptoevangelistas, debería caer bajo el ala de la Reserva Federal o de la Oficina del Contralor de la Moneda. Si se considera mejor como una mercancía, como el oro, entonces es responsabilidad de la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos.

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Los criptoevangelistas dicen que sus tokens son las tres cosas. Pero un mundo donde cualquiera podría tomar el mando es un lugar donde nadie podría sentirse realmente capacitado para actuar, sobre todo teniendo en cuenta que los reguladores son de ámbito nacional pero el mercado es de naturaleza transfronteriza.

Así que no sólo se necesitan tres conjuntos de conocimientos para entender las criptomonedas a nivel micro, sino también a nivel macro: no se puede predecir el futuro de las criptomonedas sin juzgar la salud de la moneda fiduciaria y del sistema financiero mundial, ni sin conocer las tendencias informáticas. (Un juicio sobre el valor de las criptomonedas es también un pronóstico sobre si las tecnologías de vanguardia, como la computación cuántica, podrían permitir el hackeo de las contraseñas criptográficas).

Predecir el futuro del cripto también requiere un análisis político y social: ¿intentarán los gobiernos controlar esto? ¿Podrán hacerlo? ¿Trabajarán juntos?

Por supuesto, estos problemas de epistemología no son exclusivos de las criptomonedas. Pero son la velocidad, la escala y la ambición las que hacen que nuestras instituciones tengan tantas dificultades para ponerse al día. Junto con nuestros cerebros.

Así que si, como yo, te sentís atrapado en el jardín de infantes de las criptomonedas, no te avergüences. Hay un buen motivo para eso y es la misma razón por la que los reguladores y las organizaciones necesitan reorganizarse para el Siglo XXI, al igual que las escuelas y las universidades. Frente a las criptomonedas, necesitamos desplegar la curiosidad y la humildad, cualidades que no suelen mostrar las élites educadas.

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