Cómo puede terminar la guerra Rusia-Ucrania: los cinco escenarios posibles

Mientras Ucrania está organizando una defensa más fuerte de lo previsto, el fracaso de Rusia para conseguir una victoria rápida abre un abanico de posibles resultados.

Los servicios de inteligencia occidentales habían vaticinado la victoria de Rusia en menos de una semana. Pero más de quince días después, Moscú y Kiev siguen inmersos en una sangrienta batalla por el control.

Ucrania está organizando una defensa más fuerte de lo previsto y los países occidentales la están apoyando con suministros de armas. Mientras tanto, la campaña rusa se ha visto afectada por errores estratégicos, deficiencias logísticas y errores de inteligencia que subestimaron enormemente las capacidades ucranianas. Los esfuerzos diplomáticos han fracasado hasta ahora.

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Ante la imposibilidad de que Rusia consiga una victoria rápida y la falta de claridad del presidente Vladimir Putin, las capitales occidentales están discutiendo una serie de escenarios sobre cómo podría progresar el conflicto, según han informado al Financial Times personas involucradas en las discusiones. A continuación esbozamos algunas de las posibilidades.

Victoria rusa, derrocamiento de Zelensky

A pesar de que Moscú no ha logrado hasta ahora el avance que esperaba, la mayoría de los funcionarios y analistas occidentales creen que su evaluación inicial -que Rusia obtendrá una victoria total- sigue siendo el resultado más probable, dado su abrumador poder militar.

Pero Putin pagará un precio mucho más alto del que calculó inicialmente, tanto en términos de pérdidas militares como de reputación de sus fuerzas armadas, dicen los analistas. El número de muertos civiles también será mucho mayor de lo previsto, ya que Rusia está recurriendo a un bombardeo más indiscriminado y está desplegando armas como las bombas de racimo y termobáricas.

La mayoría de los analistas esperan que, tras tomar el control, Rusia sustituya el gobierno del presidente Volodimir Zelensky por otro pro-Moscú. Eso podría derivar en alguna forma de gobierno ucraniano en el exilio respaldado por Occidente y en una insurgencia prolongada dentro de Ucrania.

"Si su objetivo es imponer algún tipo de gobierno títere... es bastante evidente, por la respuesta del pueblo ucraniano, que nunca lo aceptará", dijo esta semana Antony Blinken, secretario de Estado estadounidense. "Si intenta imponer ese régimen títere manteniendo las fuerzas rusas en Ucrania, será un largo, sangriento y prolongado lío por el que Rusia seguirá sufriendo gravemente".

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Zelensky ha rechazado las ofertas de las potencias occidentales para evacuarlo de Kiev diciendo, según trascendió, que necesitaba "municiones, no un viaje". Sin embargo, muchos funcionarios de Defensa e Inteligencia afirman que una eventual retirada al oeste de Ucrania es un final posible. Han propuesto Lviv, cerca de la frontera polaca, como posible nueva capital de un Estado ucraniano.

La estrategia de invasión de Rusia -que ha concentrado su potencia de fuego en Kiev; al norte; y en las regiones del este y el sur de Ucrania- sugiere que el Kremlin también podría considerar este resultado aceptable.

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En contraste con las luchas de Rusia en el norte y el este del país, las fuerzas que invadieron desde Crimea -la península ucraniana anexionada por Rusia en 2014- en el sur han logrado importantes avances a lo largo de la costa ucraniana del Mar Negro. Si Rusia atacara y capturara el puerto de Odesa, la tercera ciudad más grande de Ucrania y desde hace mucho tiempo identificada por la OTAN como un potencial objetivo ruso, podría cortar una porción de la salida de Ucrania al mar, debilitando una ruta de exportación crucial.

Pero pocos creen que Putin se conformaría con no capturar Kiev o derrocar al gobierno de Zelensky, dado su objetivo declarado de "desmilitarizar" el país y apartarlo de sus ambiciones de adhesión a la Unión Europea y la OTAN.

Solución negociada, sin control global

Las conversaciones entre Ucrania y Rusia desde el inicio de la invasión se han centrado principalmente en cuestiones humanitarias concretas, como los corredores de evacuación de las ciudades asediadas o los alto al fuego a corto plazo. El fracaso de casi todos esos ceses de hostilidades -y los informes de bombardeos rusos y el minado de las carreteras designadas para la evacuación de civiles- no auguran una solución negociada.

En las conversaciones entre los ministros de Asuntos Exteriores -las negociaciones de más alto nivel convocadas hasta ahora- en Turquía, el ruso Sergei Lavrov negó que Moscú hubiera atacado a Ucrania y afirmó que Estados Unidos estaba financiando la investigación de armas biológicas en el país. Dmitro Kuleba, su par ucraniano, dijo que buscar promesas de alto al fuego por parte de Lavrov era imposible, ya que "hay otros responsables de este asunto en Rusia".

El jefe de Gabinete adjunto de Zelensky, Ihor Zhovkva, dijo la semana pasada que Kiev estaba "preparado para una solución diplomática", siempre que Rusia retirara sus tropas. Pero aunque los funcionarios ucranianos han sugerido que podría ser factible un acuerdo sobre el estatus de Crimea y de las regiones controladas por los separatistas prorrusos en el este, Kiev ha descartado las demandas más amplias de Rusia de que sea neutral y renuncie a sus capacidades militares.

Pero alguna forma de acuerdo podría tentar a ambas partes si la guerra se convirtiera en un atolladero en el que ambas hicieran pocos progresos y sufrieran crecientes pérdidas.

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Pero los funcionarios occidentales dicen que todo lo que no sea una retirada completa de Rusia significaría que se mantendrían las agobiantes sanciones económicas contra Moscú. "Seguimos apretando la soga", dijo uno de ellos. "Putin no puede esperar un fait accompli (hecho consumado) y que el mundo vuelva a una especie de [normalidad]. Ha habido un cambio irreversible".

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Por ahora, la resistencia de Ucrania ha planteado la posibilidad de que el país pueda seguir repeliendo los esfuerzos rusos por tomar ciudades clave, especialmente si los suministros de armas occidentales siguen reforzando las capacidades del ejército, según afirman algunos observadores.

Este estancamiento, y el enorme impacto de las sanciones occidentales impuestas a Rusia en las últimas semanas, ha llevado a los funcionarios occidentales a especular que el propio Putin podría ser una víctima de una invasión fallida. Argumentan que el presidente ruso, que ha gobernado durante más de 22 años, podría ser derrocado por las élites del Kremlin, o por oficiales militares o de seguridad rusos molestos por su gestión de la guerra, o por una ola de protestas entre los ciudadanos rusos furiosos por la caída del nivel de vida.

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Victoria Nuland, experta en Rusia y subsecretaria del Departamento de Estado de EE.UU., argumentó que la clave para acabar con el conflicto en Ucrania era aumentar la oposición a Putin dentro de Rusia.

Sin embargo, el control de Putin sobre el poder es posiblemente más fuerte que nunca, gracias a la nueva legislación que prohíbe los medios de comunicación independientes en Rusia y deja a los medios controlados por el Kremlin como única fuente de información.

Una guerra más amplia entre Rusia y la OTAN

Algunos funcionarios advierten que el conflicto puede no estar contenido en Ucrania. Advierten de que los envíos de armas a Kiev por parte de los Estados miembros de la OTAN y las sanciones impuestas a Moscú han aumentado el riesgo de derrame a los países vecinos, lo que podría arrastrar a la OTAN a un conflicto directo con Rusia.

La alianza militar se ha esforzado en demostrar que no está directamente implicada en el conflicto. No coordina el suministro de armas a Kiev por parte de los Estados miembros de la OTAN, y se ha negado a establecer una zona de exclusión aérea en Ucrania. Los funcionarios de la alianza afirman que esta medida sería imposible tanto desde el punto de vista práctico como político, ya que las capacidades de defensa aérea de Rusia significan que los aviones de la OTAN serían atacados casi tan pronto como entraran en el espacio aéreo ucraniano.

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Sin embargo, el riesgo de escalada sigue existiendo. Dmitri Peskov, vocero de Putin, dijo la semana pasada que los planes -planteados por Occidente pero ahora descartados- de suministrar a Kiev cazas MiG polacos serían un "escenario muy indeseable y potencialmente peligroso". A su vez, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, ha advertido a Rusia de que los ataques a las líneas occidentales de suministro a Ucrania representarían una escalada.

El mes pasado, Putin advirtió a los países que trataran de "inmiscuirse" en el conflicto de que tendrían "consecuencias mayores que cualquiera de las que han afrontado en la historia", una amenaza ampliamente considerada como una referencia al posible uso de armas nucleares. A ello siguió su decisión de elevar el nivel de preparación de las fuerzas nucleares estratégicas rusas.

La OTAN, por su parte, ha aumentado el despliegue de tropas en los países bálticos y otros miembros cercanos a Rusia, y los funcionarios de la alianza han advertido de la posibilidad de que Putin provoque a los miembros de la OTAN para distraer a Occidente de la invasión de Ucrania.

"Putin quiere menos OTAN, está consiguiendo más OTAN", dijo Stoltenberg esta semana. "Quería dividirnos, está consiguiendo una alianza más unida".

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