El médico Manel Esteller, director del Grupo de Epigenética del Instituto de Investigación del Hospital de Sant Pau y referente mundial en estudios de longevidad, tiene claro cuándo hay que empezar a cuidar la salud para llegar bien a una edad avanzada. “La longevidad no se debe empezar a trabajar a los 50 o los 60. Se debería empezar de pequeñito”, afirma en una entrevista con National Geographic.
Esteller lidera, junto al investigador Eloy Santos, el estudio de María Branyas, la supercentenaria que vivió hasta los 117 años y que aceptó ser analizada para desentrañar las claves de su longevidad.
Ambos expertos presentan ahora esas conclusiones en el libro Historia de una supercentenaria, publicado el pasado 16 de septiembre.
Por qué hay que empezar de niño para desarrollar longevidad de adulto
Según explica Esteller, los hábitos de la infancia dejan un rastro que pesa décadas después. “Por ejemplo, la obesidad infantil deja huellas para después. Cuando eres adulto es difícil cambiar los hábitos”, explica. Aun así, el médico lanza un mensaje esperanzador para quienes ya no son jóvenes: siempre hay tiempo para mejorar.
“Lo bueno es que, aunque sea tarde, siempre es mejor dejar un hábito tóxico. Si dejas de fumar estás ganando unos años más de salud, pero no llegarás a ser como el que nunca fumó”, señala.
El experto resume este consejo con un ejemplo: “Es como plantar un árbol: el mejor día para empezar fue ayer, pero siempre estás a tiempo”.
El estrés, un punto de inflexión en la longevidad de las personas
Una de las conclusiones más llamativas del estudio tiene que ver con el estrés, que Esteller sitúa en un punto medio. “Tener muchísimo estrés acorta la vida, pero nada de estrés, también”, sostiene el experto, que lo compara con afrontar un examen: “Si vas nervioso te irá mal, pero si vas supertranquilo también, porque necesitas un mínimo nivel de estrés”.
El caso de Branyas ilustra esa idea. Su vida no estuvo libre de dificultades: vio morir a sus padres, a su marido, a sus hermanos y a un hijo, y atravesó las dos guerras mundiales, la Guerra Civil española y hasta el COVID-19, que superó a los 113 años.
Aun así, mantenía una notable estabilidad emocional y, según los investigadores, una vida social activa. Estos son algunos de los factores que entran en el análisis de su caso.
Las claves de una vida de 117 años
Los autores evitan el determinismo o los trucos con una posible efectividad ciega, conscientes de que cada persona es diferente, pero identifican varios factores que influyen en llegar con buena salud a una edad avanzada.
Algunos de los puntos claves para la longevidad son la genética, la regulación del genoma, la alimentación, la actividad física y las interacciones sociales. En el caso de Branyas, esa combinación fue especialmente favorable.
Un dato revelador: pese a que su perfil genético estaba asociado a un mayor riesgo de Alzheimer, mantuvo la memoria intacta hasta el final. “Tocaba el piano, tenía amistades y familiares. La interacción social y la vida activa producen redes neuronales alternativas”, explican los investigadores.
También cuidaba la alimentación: en la residencia la suplementaban con proteínas para compensar la pérdida de músculo, uno de los grandes problemas de los mayores.
Quién fue María Branyas
Nacida en San Francisco el 4 de marzo de 1907, hija de familia catalana, Branyas regresó a España siendo niña y pasó la mayor parte de su vida en Cataluña, las dos últimas décadas en una residencia de Olot (Girona). Llegó a ser la persona más longeva del mundo desde enero de 2023 y la de mayor edad de la historia de España.
Falleció el 19 de agosto de 2024, a los 117 años y 168 días, mientras dormía. Su decisión de poner su cuerpo al servicio de la ciencia en sus últimos años es la que ha permitido a Esteller y Santos extraer unas conclusiones que, más allá del récord, buscan entender cómo vivir más y mejor.