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Entrar en La Masia es el objetivo de miles de niños que sueñan con vivir del fútbol. La lista de espera es infinita y quien consigue una plaza rara vez la suelta. Salir de allí por voluntad propia no figura en el plan de nadie, y menos a los 16 años, rumbo a un país cuyo idioma no se habla.

Eso hizo Dani Olmo en 2014, cuando cambió la cantera del Barcelona por el Dinamo de Zagreb. Pero no se fue solo, sino que su madre, Dorita Carvajal, dejó su vida y su trabajo en Cataluña para acompañarlo, mientras el padre y el hermano se quedaban en España.

Dani Olmo en la histórica semifinal de España vs Francia.
Dani Olmo en la histórica semifinal de España vs Francia.Fuente: EPACHRISTOPHER NEUNDORF

Por qué Dani Olmo dejó La Masia con 16 años

El futbolista, nacido en Terrassa, había entrado en la cantera azulgrana con apenas nueve años. Marcharse en plena adolescencia dejó estupefacto al entorno del fútbol base.

Él mismo reconoce el vértigo de aquel momento. “No fue una decisión fácil. Era un cambio grande y poco común”, explicó en una entrevista.

Lo que inclinó la balanza fue el compromiso del club croata y un espejo en el que mirarse: “Habían demostrado que querían apostar por mí y tenía el ejemplo de jugadores como Luka Modric”.

La experiencia de Dani Olmo y su madre en Croacia.
La experiencia de Dani Olmo y su madre en Croacia.Instagram - (@daniolmo)

¿Qué vivió en Zagreb junto a su madre?

Aquella mudanza fue una fractura temporal en el núcleo familiar. Madre e hijo se instalaron en un piso croata donde la soledad y la barrera del idioma se convirtieron en los rivales diarios.

De esa etapa habla con una mezcla de pudor y gratitud. “Me fui con mi madre a Croacia. Solo ella sabe lo que vivimos allí, se le caen las lágrimas al recordarlo”, confesó.

Y añade sobre el precio que pagó: “Hubo momentos complicados, porque significaba salir de la zona de confort”.

Cómo aprendió croata y por qué habla cinco idiomas

Adaptarse a una ciudad desconocida sin manejar el idioma fue lo más difícil de todo. En lugar de sobrellevarlo, decidió atacarlo de frente y se propuso aprender croata. “¡Ahora hasta doy entrevistas en croata!”, comentó tras tres años en el club.

Ese esfuerzo lo dejó con un repertorio poco habitual en el vestuario. Habla español y catalán como lenguas maternas, más inglés, alemán, aprendido en su etapa en el RB Leipzig, y croata. Croacia llegó a intentar nacionalizarlo deportivamente para que jugase con su selección, aunque él siempre tuvo claro cuál era su país de referencia.

¿Qué le dejó aquella etapa?

La experiencia lo curtió mucho más allá del césped. “La experiencia me hizo aprender y crecer más rápido”, resume, sobre todo por convivir con personas que habían vivido la guerra de los Balcanes.

Su balance evita renegar del punto de partida. “He crecido al estar fuera de casa, pero mantengo los valores y el fútbol que aprendí en la Masía”, sostiene. Esa fortaleza mental es hoy uno de sus rasgos más reconocibles sobre el campo.

Qué se juega este domingo

Doce años después de aquel viaje, Olmo disputará la final del Mundial el 19 de julio en el MetLife Stadium. Fue suyo el pase que dejó solo a Pedro Porro en el segundo gol ante Francia, en la semifinal que metió a España en la definición.

Empezó el torneo en el banquillo, en el debut contra Cabo Verde, y desde el segundo partido no salió del once. Nada de eso se entiende sin las lágrimas de aquel piso de Zagreb.