

El exdiputado y referente de la “rosca política” Emilio Monzó volvió a poner el foco en la construcción de una alternativa de centro para 2027, aún contra las tendencias polarizantes actuales. Y trazó un diagnóstico sobre el electorado huérfano entre Javier Milei y el kirchnerismo, abriendo una ventana de oportunidad para un frente que aún carece de un liderazgo sólido y claro.
Durante una exposición en el Rotary Club de Buenos Aires, Monzó combinó su crítica a la polarización con un análisis de las reglas electorales que pueden condicionar la próxima elección, en pleno debate sobre el futuro de las PASO y el debut de la Boleta Única en una prueba presidencial.
En ese contexto, el expresidente de la Cámara de Diputados planteó la necesidad de reconstruir un frente amplio, sumar sectores del peronismo y encontrar un nombre capaz de ordenar ese espacio sin caer en una nueva conducción “mesiánica”. Aunque trabaja cerca del empresario Jorge Brito, Monzó evito dar referencias sobre el expresidente de River quien sigue coqueteando con la idea de ser candidato sin dar señales aún sobre cuándo.
La mirada del exdiputado parte, acorde a sus palabras, de percibir una sociedad que pasó del enojo que llevó a Milei a la Presidencia a una etapa de mayor desencanto. “Pasamos de una sociedad indignada en 2023 que votó una motosierra a una sociedad depresiva, que ya la motosierra hace ruido, molesta”, afirmó.
En consecuencia, el problema central del espacio intermedio no es la falta de dirigentes sino la ausencia de conducción. De hecho, frente a una consulta sobre la posibilidad de sumarse a un armado opositor, sostuvo que trabaja para construir un frente similar a Juntos por el Cambio al que considera necesario incorporar también una parte del peronismo.
“Tenemos que evitar votar por miedo”, planteó Monzó sobre la lógica de elegir la continuidad de Milei en 2027 únicamente para impedir el regreso al poder del kirchnerismo Resumió el desafío de su espacio con otra definición: “Ese centro necesita un liderazgo”. Aunque advirtió que una simple suma de nombres no alcanza si no aparece una figura con capacidad de disputar la Presidencia.
Su diagnóstico alcanza a los dos polos. Describió a un kirchnerismo cada vez más encerrado en sus disputas internas y menos pragmático electoralmente -a diferencia del pasado-, mientras cuestionó a Milei por la falta de disposición a revisar errores y modificar sus formas, por momento en extremo violentas.
Entre ambos, el exlegislador identifica un antiguo electorado de Juntos por el Cambio que acompañó la opción libertaria en 2023, de la mano de Patricia Bullrich, y que ahora se encuentra decepcionado y con menor disposición a participar.

PASO, Boleta Única y la estrategia para 2027: qué perfil de candidato imagina
Esa necesidad de ordenar una conducción explica también su oposición a modificar las PASO a pocos meses de que comience a organizarse la elección presidencial. Monzó sostuvo que las primarias podrían servir precisamente para que el electorado defina quién representa a ese espacio y cuestionó la estrategia del Gobierno para eliminarlas por mero beneficio propio.
“Las PASO son una estrategia electoral, netamente electoral. Las van a sacar para poder fragmentar a la oposición”, aseguró. Según su análisis, un peronismo dividido y un centro sin liderazgo llegarían en mejores condiciones para el oficialismo si pierden el instrumento que permite ordenar candidaturas antes de la elección general.
Monzó también puso el foco en otro cambio que, a su juicio, puede modificar de manera estructural la competencia nacional: la Boleta Única Papel. Su tesis es que el nuevo sistema cortó el arrastre que durante décadas tuvieron los intendentes del conurbano sobre la boleta presidencial del peronismo.
“El peronismo tiene una seria dificultad, porque su locomotora se desprendió de la Presidencia de la Nación”, graficó. Según explicó, los intendentes mantienen capacidad para empujar candidaturas municipales y provinciales, pero ya no pueden trasladar automáticamente ese peso territorial hacia los cargos nacionales. La propia exposición vinculó ese fenómeno con la diferencia entre los resultados provinciales y nacionales del peronismo en 2025, con apenas un mes de diferencia.
Monzó considera que una llave clave para destrabar a ese espacio de Centro que corte la polarización puede encontrarse en las provincias. En su intervención destacó experiencias de gestión en Santa Fe y Córdoba, con Maximiliano Pullaro y Martín Llaryora, donde valoró la combinación entre equilibrio fiscal, obra pública, seguridad y capacidad de diálogo con sectores opositores.
Su conclusión fue directa: “Hay muchos buenos gobernadores en Argentina que pueden ser presidentes de la Nación, muchos”.

La referencia encaja con el perfil que imagina para una alternativa de centro: dirigentes con experiencia ejecutiva, cuentas públicas ordenadas y capacidad de construir acuerdos. No alcanza, en su visión, con diferenciarse de Milei en las formas ni con reunir dirigentes moderados bajo un mismo sello. Por el contrario, el desafío pasa por ofrecer una conducción presidencial y recuperar a quienes abandonaron la participación política.
Ese planteo también atravesó el discurso previo a las preguntas. Monzó cuestionó el estilo confrontativo del Gobierno y sostuvo que la estabilidad macroeconómica necesita ser acompañada por institucionalidad. “Sin instituciones fuertes no va a haber inversión y no va a haber crecimiento. El equilibrio fiscal no alcanza”, señaló. También recuperó una definición que utilizó durante su paso por Cambiemos: “Las buenas formas hacen al fondo”.
Hacia el final, amplió esa discusión a la transformación productiva que atraviesa la Argentina. Admitió que la riqueza puede desplazarse hacia minería y energía en la cordillera, pero reclamó que el Estado acompañe la transición para evitar que las regiones industriales absorban el costo del cambio. “No quiero un país bobo, no quiero un Estado bobo”, sostuvo.
Y cerró reivindicando una identidad que busca separar de la experiencia actual: “Yo soy liberal”, afirmó, antes de señalar que quiere “un presidente liberal”. La diferencia que intenta marcar no pasa, entonces, por abandonar esa tradición económica sino por combinarla con instituciones, acuerdos políticos y una conducción capaz de reconstruir un centro que hoy, según su diagnóstico, todavía tiene dirigentes pero carece de liderazgo.
















