La economía de los juegos olímpicos: del amateurismo marrón al negocio multimillonario

Tokio 2020 serán los juegos más caros de la historia, con un presupuesto multimillonario. Pero esto no siempre fue así. Desde 1896 en Atenas, la competencia pasó por crisis económicas profundas

Los juegos olímpicos Tokio 2020 serán los más caros de la historia. Un hecho que se repite con cada juego, pero que en este caso sufrió un gasto adicional por la pandemia. 

Se prevé que el costo total es de u$s 14.900 millones, entre lo invertido en infrestructura, logística y los adicionales que resultaron de la postergación del evento por un año, de alrededor de u$s 5000 millones, y la seguridad sanitaria por el Covid-19.

Pero, a pesar que es un evento social universal, y que genera un gran negocio,  no necesariamente lo es para los países organizadores. La historia marca que creó grandes agujeros económicos por los enormes gastos de organización que requieren.

Y esto fue así, a pesar de la llegada de los sponsors y el fin del amateurismo a ultranza que rigió los destinos de este evento hasta 1988, en los juegos de Seúl, en el que el tenis pudo contar con sus estrellas, entre ellas, Gabriela Sabatini y cuatro años después, en Barcelona, con la aparición del Dream Team de Básquet, comandados por Michael Jordan.

Espíritu amateur

El Comité Olímpico Internacional (COI) se resistió históricamente al financiamiento por parte de patrocinadores. Los primeros juegos desde Atenas 1896 hasta la década del 70, necesitaron de los aportes de los Estados, particulares y de los mismos atletas para llevarse adelante.

Para el juego realizado en Grecia, el país estaba en quiebra y apelaron al nacionalismo de la población griega para reunir los u$s 450.000 que se necesitaron.

En los Juegos Olímpicos más costosos de la historia, las medallas se hicieron con celulares reciclados

Los casi 2,5 millones de euros (actuales), que costaron los juegos de París en 1900 salieron casi en su totalidad de las arcas de la exposición universal que se realizó en ese año en la misma ciudad por al cambio de siglo. Lo mismo sucedió en 1904, con los juegos de San Luis, en Estados Unidos, que formaron parte de la Feria Universal.

En estos primeros juegos participaron muy pocos atletas a causa del costo que les implicaba el traslado y la estadía. En el juego de Suecia, de 1912, recién se les concedió un descuento en los pasajes en tren y para París 1924 se realizó la primera villa olímpica.

El amateurismo marrón

Durante muchos años se prohibió la participación de atletas profesionales en las competencias olímpicas, pero esto no redundó en distintas estrategias de los deportistas, de las delegaciones y hasta de los gobiernos nacionales para esquivarlo.

Hay que recordar que la división política del mundo en tiempos de la guerra fría, hizo que los países de lado comunista, donde no existía el profesionalismo por regla general, pudieran participar con todos sus atletas en las competencias, y las potencias occidentales tuvieran que resignar a sus mejores deportistas, como los de la NBA, porque jugaban en ligas pagas. Así muchísimas medallas fueron a parar a manos de estrellas consagradas en su disciplina, pero que competían con verdaderos amateurs de los países de occidente.

Juegos olímpicos: día a día, todo el cronograma de los atletas argentinos en Tokio 

Estas restricciones provocaron que muchos decidieran tempranamente renunciar a los juegos, ocultar sus ingresos, o postergar su inclusión en el profesionalismo, para poder competir en el olimpismo.

Incluso, fue causa de una de las más grandes injusticias del deporte. El caso de Jim Thorpe, un estadounidense de ascendencia indígena, fue despojado de sus medallas en pentatlón y decatlón obtenidas en los juegos de 1912 porque descubrieron que había jugado un par de años al béisbol como profesional. Muchos años después, cuando ya había muerto, la COI le devolvió a sus hijos, las preseas que toda su vida había reclamado.

Juan Antonio Samaranch

La llegada de los sponsors

La llegada del español Juan Antonio Samaranch a la presidencia de la COI en 1980, permitió comenzar a dejar atrás esta práctica y abrirle las puertas a las grandes estrellas, que al mismo tiempo arrastraban tras de sí a grandes cantidades de dinero por sponsors y derechos de televisación.

Fue unos años antes, en 1972, cuando la televisión hizo su gran presentación y la publicidad se posicionó como la gran financista de los juegos.

Ya desde el fin de la primera guerra mundial, las empresas se mostraron interesadas en participar del evento, pero Avery Brundage, el titular de la COI de 1952 a 1972 se negó en redondo.

Pero los juegos de Munich 72 y de Montreal 76 fueron verdaderos desastres financieros. Los canadienses perdieron u$s 1200 millones. Fue por ese motivo que se permitió la llegada de los patrocinadores. Así el presupuesto de la organización pasó de u$s 2 millones a u$s 45 ocho años para 1980.

Por supuesto, los juegos de Moscú 80, en medio de la guerra fría, no fueron la mejor manera de comenzar la nueva era hiper comercial. Pero para los juegos de Los Ángeles de 1984, gracias a la venta de los derechos exclusivos, la COI obtuvo por primera vez en su historia un abultado superávit, lo que provocó, desde ese momento, que el presupuesto se disparara año tras año, hasta llegar a los montos astronómicos que se mueven hoy.

Desde 1985, se estableció el Programa Olímpico (TOP, por sus siglas en inglés), que consta de una serie de patrocinadores exclusivos que firman por un período de cuatro años para los juegos de verano e invierno. Son entre 9 y 12, con empresas de primer nivel.

Derechos de transmisión

Los derechos de transmisión es otra de las grandes fuentes de financiación. La norteamericana NBC se quedó con la exclusividad entre 2000 y 2012 por u$s 3500 millones. En mayo de 2014, la misma cadena aceptó pagar uSs 7700 millones por los derechos hasta la edición 2032.

Esto tiene que ver con el aumento progresivo de la audiencia que se incrementó de manera exponencial desde la década de 1960. En México 1968 se calculan unos 600 millones de televidentes, para Los Ángeles 1984 llegó a 900 millones y ya para Barcelona 1992 hubo 3500 millones de potenciales televidentes. La universalización del streaming marcan que Tokio marcará un nuevo hito en audiencia, con el acceso de los 8000 millones de personas que habitan esta tierra.


Tags relacionados

Compartí tus comentarios