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La inflación de marzo cerró en 3,4% mensual, medio punto por encima del promedio registrado en enero y febrero, consolidando diez meses consecutivos de aceleración.
Detrás de ese número hay un factor que concentró buena parte de la presión: el precio de la carne, que desde noviembre de 2025 acumula un incremento del 34,4% en el Mercado de Cañuelas —principal centro de transacciones agropecuarias del país—, con un traslado casi completo al consumidor final.
El rubro Carnes y derivados del IPC del Gran Buenos Aires subió 37% en el período noviembre-marzo, según datos del propio Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Así lo detalla el más reciente informe de Fundación Capital, publicado este lunes, que traza un diagnóstico del primer trimestre y proyecta un escenario de moderación gradual para los meses siguientes.
El impacto de la carne sobre la inflación núcleo
La incidencia de la carne sobre el índice general fue significativa. La medición núcleo —que excluye precios estacionales y regulados— se ubicó en 3,2% mensual en marzo. Sin embargo, al descontar el efecto del rubro carnes, esa cifra se reduciría a 2,5% mensual. La diferencia, 0,7 puntos porcentuales, da cuenta del peso que tuvo este componente en la aceleración reciente.
El informe señala, no obstante, que incluso esa cifra ajustada refleja una tendencia al alza en la inflación subyacente: la núcleo sin carne pasó de 1,5% mensual en junio-julio de 2025 a 2% promedio entre agosto y noviembre, para llegar al 2,5% en marzo. La inercia inflacionaria, en consecuencia, trasciende el comportamiento puntual de un rubro.
Abril: un punto de inflexión con pisos altos
La estabilización del precio del novillito hacia mediados de marzo —con una leve baja en abril— permite proyectar una moderación en el cuarto mes del año. Fundación Capital estima una inflación del 2,7% mensual para abril, con una inflación núcleo en torno al 2,6%.
Sin embargo, la mejora no estará exenta de condicionantes. El aumento del 23% en los combustibles registrado en marzo —vinculado en parte al conflicto en Medio Oriente y el bloqueo del Estrecho de Ormuz— se trasladó solo parcialmente al IPC de ese mes, dejando un arrastre estimado de 0,6 puntos para abril.
Sumado a los incrementos en el transporte público de CABA y GBA, los precios regulados aportarían alrededor de 0,8 puntos al índice del mes en curso, con una suba global del segmento de aproximadamente 4% mensual.
Alejarse del 3% mensual, aun con esos condicionantes, tendría un efecto relevante sobre las expectativas y sobre la propia dinámica de la inercia inflacionaria.
Presiones internacionales y desafíos fiscales
El contexto externo suma complejidad al escenario local. Tras más de un mes de bloqueo en el Estrecho de Ormuz, la inflación global mostró señales de recalentamiento en marzo: Estados Unidos registró un 1,1% mensual, Brasil un 0,9% y la “Zona Euro” un 1,3%.
En el plano fiscal, el informe advierte que sostener el superávit en un contexto de recaudación real en baja exige un ajuste continuo del gasto. Los subsidios económicos, que en el primer trimestre crecieron 52% interanual, representan uno de los principales frentes de tensión. En energía eléctrica, los hogares de menores ingresos cubren apenas el 55% del costo de generación, mientras que en transporte la tarifa mínima del AMBA financia solo el 34% del costo real del boleto.
El escenario base que se desprende de este relevamiento —al que asigna un 70% de probabilidad de ocurrencia— contempla una desaceleración gradual de la nominalidad durante el año, aunque sin retornar a registros por debajo del 2% mensual antes del último trimestre.
La inflación anual se ubicaría en torno al 32%, con los precios regulados por encima (39% interanual) y los estacionales por debajo (22% interanual), en un nivel similar al cierre de 2025.
La estabilidad cambiaria prevista para los próximos 200 días —anclada en una cosecha gruesa abundante— opera como un factor de contención adicional. No obstante, el informe subraya que los desafíos de fondo permanecen abiertos: retomar el proceso de desinflación, acumular reservas, sostener el superávit fiscal y reactivar el empleo configuran una agenda exigente para la segunda mitad del año.