

A menos de 60 días para que el nuevo esquema de indemnizaciones comience a rodar, el Gobierno terminó de pulir la arquitectura detrás de los Fondos de Asistencia Laboral (FAL). La reforma, nacida al calor de la Ley Bases y vigente desde la aprobación de la modernización laboral, entrará en una fase crítica en noviembre, cuando todas las empresas empleadoras del país —a excepción de la construcción, casas particulares y sector público— queden obligadas a derivar fondos a estas cuentas específicas.
Sin embargo, la mayor novedad radica en el mecanismo de contingencia que diseñó el Poder Ejecutivo para las empresas “indecisas”. Según pudo saber El Cronista, las firmas que no abran una cuenta FAL en un banco o sociedad de bolsa (ALyC) a tiempo no quedarán exentas, sino que serán asignadas a una gestora mediante un “sorteo”.
Esta suerte de afiliación de oficio busca evitar baches en la recaudación y garantizar que el flujo de fondos no se detenga. Las entidades financieras y administradoras de fondos que pretendan recibir a estas empresas “huérfanas” deberán registrarse previamente como “elegibles” para participar de dicha tómbola.
El esquema de financiamiento no supondrá una nueva carga impositiva directa, sino una reasignación. Las pymes destinarán el 2,5% de sus aportes patronales (que antes engrosaban las arcas de la Anses), mientras que para las grandes empresas el aporte será del 1%.

La operatoria será centralizada: el empleador seguirá pagando sus obligaciones a través de ARCA, y será el propio organismo recaudador quien desvíe el porcentaje correspondiente a la cuenta FAL que la empresa haya declarado.
El mercado financiero ya se prepara para una competencia feroz. Se estima que el 70% de las cuentas recaerán naturalmente en los bancos, dada la capilaridad y la relación previa con las pymes. El 30% restante es el botín que buscan capturar las sociedades de bolsa, apuntando principalmente a las grandes compañías.
Mientras se espera la reglamentación final de la Comisión Nacional de Valores (CNV) y la Secretaría de Trabajo, el reloj corre para las pymes. En noviembre, la gestión del pasivo laboral en Argentina cambiará para siempre, ya sea por elección propia o por la suerte del azar.















