A horas de que arranque la segunda y última etapa de las extraordinarias 2026, el tire y afloje entre el Gobierno, empresarios, sindicatos y gobernadores no afloja. Con la Reforma Laboral como gran batalla política —y una que la Casa Rosada quiere anotarse— las conversaciones no solo transcurren en mesas formales y reservadas con los sectores involucrados: también circulan, con intensidad, en los canales internos del círculo libertario.
Hay, a esta altura, cuatro artículos que concentran una porción importante de la disputa y exponen un contraste nítido dentro del oficialismo. De un lado, el ala más pragmática, que en este terreno lidera la jefa del bloque de senadores libertarios, Patricia Bullrich. Del otro, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que trazó una línea roja sobre determinados puntos que considera innegociables.
En paralelo, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, timonel de la Mesa Política que retomó sus encuentros en Casa Rosada en el tramo final de enero, comienza a proyectarse más allá de la coyuntura legislativa. Mientras escolta a Diego Santilli en sus encuentros con los gobernadores, el ministro coordinador se prepara para asumir un nuevo rol para darle más volumen a LLA en la Ciudad de Buenos Aires.
“Patricia es más política y quiere juntar volumen político para sacar adelante la Reforma y anotarse unos porotos. Pero Federico se mantiene firme y pone topes frente al pedido de hacerle cambios al proyecto porque siente que le están cambiando la ley”, comenta una fuente con acceso directo a las negociaciones.
Los pedidos de modificación alcanzan al menos cuatro artículos del Título 14 y, llamativamente, llevan la firma tanto de empresarios como de sindicatos. Son planteos que se vienen canalizando desde la mesa técnica que comenzó a operar con sigilo en el anexo del Senado a mitad de mes, además de las líneas directas que algunos referentes mantienen con la jefa negociadora del oficialismo.
El artículo 126 sustituye el punto 6 de la Ley N° 14.250 e introduce límites a la ultraactividad. Según el dictamen —que ya incorporó retoques y aclaraciones tras su paso por comisión— “una convención colectiva de trabajo, cuyo término estuviere vencido, solamente mantendrá subsistentes las normas referidas a las condiciones y beneficios individuales directos del trabajo y los beneficios otorgados para el trabajador establecidas en virtud de ellas (cláusulas normativas) y hasta tanto entre en vigencia una nueva convención colectiva o exista un acuerdo de partes que la prorrogue. El resto de las cláusulas (obligacionales) mantendrán su vigencia sólo por acuerdo de partes.”
Desde la CGT, a través de terceros, hicieron notar que la redacción deja un gris sobre la vigencia de beneficios una vez vencidos los convenios colectivos. Pero también desde el sector empresario —en particular las PyME a las que LLA busca dar oxígeno— alertaron sobre la potencial litigiosidad derivada de una eventual desprotección en la práctica del empleado.
En este punto, Sturzenegger parece dispuesto a aceptar un retoque puntual durante el debate en particular para dejar constancia explícita de que los beneficios vigentes al momento del vencimiento no podrán alterarse. Distinta es su postura frente a otros aspectos de la reforma, donde el margen de negociación se reduce al mínimo.

El artículo 130 sustituye el punto 18 de la misma ley y establece que “los Convenios Colectivos de ámbito mayor no podrán modificar ni disponer el contenido de los convenios de ámbito menor. Los Convenios Colectivos de empresa, podrán establecer formas de articulación entre unidades de negociación de ámbitos diferentes, ajustándose las partes a sus respectivas facultades de representación”.
El artículo 131, a su vez, modifica el 19 de la normativa para fijar el orden de prelación: “un convenio colectivo posterior modifica en cualquier sentido a un convenio colectivo anterior de igual ámbito” y “un convenio de ámbito menor, prevalece, dentro de su ámbito de representación personal y territorial, frente a otro convenio de ámbito mayor, anterior o posterior”.
Ambos artículos forman un bloque conceptual orientado a reducir el peso rector de los convenios de mayor alcance y con ello limitar la influencia de los jugadores de mayor peso en el universo sindical.
En ese terreno, Sturzenegger —que mantiene su propia disputa con la CGT y los sindicatos, a quienes define como “blocking agents”— ya dejó en claro ante la Mesa Política que estos puntos, el 130 y el 131, no entran en la negociación por los votos que faltan.
El ala pragmática no se resigna y evita confrontar con el ideólogo del texto de la Reforma Laboral. Bajo estudio aparece la manera de dar mayor preeminencia al ámbito regional sobre el nacional, buscando un equilibrio que contemple diferencias operativas y de costos entre actividades según su geografía.

El artículo 132, por su parte, dispone que “en el plazo de UN (1) año contado desde la promulgación de la presente ley, la SECRETARÍA DE TRABAJO, EMPLEO Y SEGURIDAD SOCIAL, del MINISTERIO DE CAPITAL HUMANO, convocará a las partes legitimadas para negociar, y/o renegociar y/o ratificar las cláusulas de los Convenios Colectivos de Trabajo que estuvieran vencidos”.
Además, establece que “de oficio, o por petición de cualquiera de las partes” la autoridad administrativa podrá suspender los efectos del acto de homologación si se demostrara que su aplicación “genera distorsiones económicas graves que afecten el interés general” hasta tanto concluya la negociación.
Desde la CGT temen que esta potestad funcione como palanca para inclinar la cancha en favor de los empresarios, en línea con antecedentes recientes vinculados al techo de paritarias y la no homologación de acuerdos para contener la inflación en 2024 y 2025. A ese reparo se suman algunos gobernadores y sectores dialoguistas que, con puentes abiertos con sindicatos y cámaras, trasladaron la necesidad de revisar la redacción.
Más allá del capítulo impositivo —donde persiste la decisión del ministro Luis Caputo de no ceder tal como narró El Cronista— existe un tercer núcleo duro vinculado a las condiciones de contratación y desvinculación, atado a la decisión de “poner fin a la industria del juicio”, según la definición oficial. Ese terreno, aseguran en la Casa Rosada, no está sujeto a toma y daca.

“Lo que se va a modificar debe ser solo en el espíritu de la ley”, sostuvo una fuente involucrada en las conversaciones. Y recordó que en comisión, en diciembre, “todos los asesores y los senadores coincidían en la necesidad de esta ley y en acompañarla, aún con algunas disidencias”, por lo que “el proyecto está mayormente consensuado”.
Sin embargo, persisten dudas sobre la operatoria de instrumentos como el Fondo de Asistencia Laboral, tal como quedó expuesto en el conversatorio que parte de la plana mayor de LLA mantuvo con representantes del motor económico porteño el último jueves.
El encuentro —primera actividad del año organizada por el partido con su titular Pilar Ramírez, mano derecha de Karina Milei— no solo buscó despejar interrogantes. También dejó una foto con proyección 2027 en aquel salón de Parque Patricios, donde se alza la sede de Uspallata: los potenciales candidatos porteños del espacio compartiendo escenario.
En ese contexto, el jefe de Gabinete tomó el micrófono y empezó a mostrarse como carta fuerte del karinismo para los tiempos que vienen. En paralelo a su rol de ministro coordinador, Adorni se prepara para liderar la Escuela de Dirigentes que LLA abrirá en la Ciudad con la mira puesta en disputar el bastión del PRO dentro de dos años.

No es el único. Bullrich también asoma como alternativa -entre otros posibles lugares-, al igual que la propia Ramírez. Y hubo un detalle que no pasó inadvertido: en el intercambio con empresarios del mundo tecnológico, de servicios, del fitness y hasta de una importante mueblería, uno de los referentes libertarios deslizó preguntas en la previa a algunos de los espectadores para que se las formulen en público.
¿Acaso una jugada preparada para destacar sobre rivales internos o solo un pretexto para hecha luz sobre los grises de la Reforma Laboral en vísperas de la batalla?
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