Antes que inicie la última función de “Astor, Piazzolla Eterno”, en el pasillo principal del Teatro Colon, resonaban las voces de empresarios, diplomáticos, gobernadores, sindicalistas, analistas políticos y económicos dieron cuenta de una realidad con matices, durante el 90 aniversario de la Cámara de la Construcción (CAMARCO)
Ese “mosaico” que caracteriza la actualidad del sector privado hoy, fue eje del encuentro que tuvieron los miembros del G6, entre ellos, Gustavo Weiss, titular de la Construcción, minutos antes de la gala, en el despacho del Jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
El resultado de esa reunión entre los principales actores económicos en la Casa Rosada generó gran expectativa, sin embargo los participantes le bajaron el tono. “Se repasó la actualidad de cada actividad a modo de presentación”, indicaron
Allí, se analizaron “las perspectivas económicas y productivas del país, así como los principales proyectos en tratamiento legislativo que impactan en la actividad empresarial”, comunicó la UIA tras el encuentro.

Luego, Francisco Gismondi, de ADEBA; Adelmo Gabbi, de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires; Mario Grinman, de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios; Nicolás Pino, de la Sociedad Rural Argentina y Rodrigo Pérez Graziano, de la UIA junto a Weiss, se sumaron a la celebración.
En un contexto de estancamiento, tras perder 25% de actividad y 120.000 empleos, Weiss señaló que “la construcción no empieza con una obra. Empieza mucho antes, cuando el país duerme y miles de trabajadores ya están despiertos”.
Además, destacó que “durante 90 años, la infraestructura hizo grande a la Argentina. No es una metáfora. Es literal”.
El empresario no es optimista sobre la recuperación en 2026, sin embargo, una parte del sector tiene la mira en el “plan canje” para este año.
La información que circuló en la gala confirma que el sector privado ya está diseñando su estrategia para reconvertirse en línea con las reglas de juego que plantea el Gobierno: privatizaciones a riesgo privado en lugar de la inversión estatal.
Por eso, ante un Presupuesto 2026 condicionado por el equilibrio fiscal (0,4% del PBI), los constructores ponen la mira en el “menú de privatizaciones” que presentó el Gobierno y esperan que eso traiga dinamismo a una actividad “derrumbada”.
Palancas 2026
Entre los proyectos se destaca el regreso de los peajes y la Red Federal de Concesiones.

El sector vial será el “conejo de Indias” del nuevo modelo. Se espera que 2026 sea el año de las licitaciones internacionales para los corredores estratégicos. El esquema es binario: las empresas deberán conseguir financiamiento propio, ejecutar la obra y cobrar mediante el peaje, sin redes de contención estatales. “Es un modelo para jugadores grandes o consorcios internacionales”, reconocieron en la gala.
La logística y energía también están en la cresta de las execttaivas. El borrador que manejan los empresarios incluye tres frentes críticos que prometen dinamizar la actividad:
La privatización de los trenes de carga, las líneas Belgrano y San Martín (incluyendo vías y talleres) se ve como la única vía para mejorar la competitividad exportadora. Se habla de concesiones a 50 años, un plazo que exige una “confianza ciega” en la estabilidad jurídica del país.
En el sector hidroeléctrico, las concesiones de Alicurá, El Chocón, Cerros Colorados y Piedra del Águila son los activos más codiciados. Aquí, la construcción no pasa por hacer represas nuevas, sino por el mantenimiento y la modernización de infraestructura existente.
Del lado de los servicios públicos, el proceso para AySA (agua y cloacas) e Intercargo (servicios de rampa) sigue en agenda, aunque genera más dudas que certezas por la complejidad social de las tarifas.
Las expectativas por el nuevo modelo que enfrentan la construcción tejieron una trama de resignación pragmática y expectativa donde los empresarios dejaron de pedir presupuesto para empezar a pedir reglas de juego.
El “Foyer” del Colón
Aunque las cabezas de la dirigencia empresarios buscaron solapar la crisis que atraviesan sectores clave de la encomia como la construción, el comercio y la industria, los comentarios de pasillo pusieron el foco en las principales preocupaciones.
“Si no arrancamos pronto con las concesiones, las cuadrillas especializadas que formamos en una década se van a terminar yendo a trabajar a Uruguay o Paraguay”, se lamentó el CEO de una de las principales constructoras viales.
El murmullo generalizado apuntaba a la ausencia de figuras de peso del Ejecutivo nacional. “En el presupuesto el renglón de infraestructura sigue en rojo”, comentó otro hombre de la construcción y se quejó por la falta de diálogo con el titular de Economía, Luis Caputo.

El titular de Hacienda no envió a ningún funcionario a la celebración. De hecho, la UIA tendió un puente en busca de la reactivación de la actividad, pero todavía no tuvo respuesta a la propuesta que le elevó al equipo económico para activar la construcción.
Entre los grupos de empresarios de las provincias, la queja fue recurrente. “El RIGI es fantástico para Vaca Muerta o el Litio, pero falta resolver problemas de conexión y servicios públicos en los puntos en desarrollo”.
El otro punto que no pasó desapercibido es la crisis de la industria con el cierre de FATE como corolario. Los privados se mostraron complacientes con la posición de la casa industrial que busca “mantener el hilo de diálogo con el Gobierno”.
Aun así, aseguran que “en los pueblos del interior la situación es desesperante. Hay localidades que viven de una fábrica y hoy están paralizadas”, deslizó un dirigente mientras saludaba a invitados como la senadora Patricia Bullrich, el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala y el ex jefe de Gabinete Guillermo Francos.
El ex titular e Industria, Jose Ignacio De Mendiguren fue uno de los protagonistas de la noche junto al empresario automotriz Cristiano Ratazzi, Eduardo Eurnekian y la energética Bettina Bulgheroni, quienes le bajan el tono al ruido económico.
“Algunas empresas cierran, otras abren”; “hay problemas económicos, como en cualquier país”, relativizaron los más alineados al oficialismo.
Otros, atentos a las demandas que surgen de las provincias industriales como Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires afirmaron que “el interior está incendiado” y con poco expectativa de que los “motores” de la economía -gro y energía- compensen el cierre de fabricas y las pérdidas de empleo.















