La semana pasada, Carolina Moisés pasó de ser parte del bloque Popular del Justicialismo a conducir su propio bloque Convicción Federal y fue electa vicepresidenta del Senado. La legisladora responde al gobernador salteño Gustavo Saénz y es parte de un nuevo bloque que tiene diálogo con Javier Milei.
En diálogo con El Cronista, Moisés definió cual es el nuevo rol de este peronismo federal en la Cámara Alta, la necesidad de la reconstrucción de un justicialismo con el kirchnerismo en un segundo plano y nombró al gobernador de la provincia de Buenos Aires como uno de los presidenciables.
La actual senadora viene de una histórica familia peronista de Jujuy. Su padre, Julio Carlos Moisés, fue cuatro veces intendente de San Pedro de Jujuy, diputado nacional y provincial. Julio fue preso político en la última dictadura militar y a su vez investigado por administración fraudulenta del Estado.
Asimismo, Carolina Moisés fue muy cercana a Cristina Fernández de Kirchner hasta finalmente romper lazos con la exmandataria tras la intervención del PJ en su provincia. Con la nueva designación, la senadora queda en el centro de una disputa en el peronismo.
- ¿Cómo fue la conversación para que seas vicepresidenta del Senado?
- La posibilidad de que yo sea la vicepresidenta del Senado la construyen todos los bloques del Senado de la Nación. Patricia Bullrich lo que hace es nominar una moción donde estaban representadas todas las autoridades de los distintos bloques: Bartolomé Abdala por La Libertad Avanza, Moisés por el peronismo, Carolina Losada por la UCR y Alejnadra Vigo por Provincias Unidas, entre otros.
La iniciativa surge a partir del lugar que dejó vacante el kirchnerismo. Horas antes de la sesión preparatoria donde se definían las autoridades, Mayans decidió no integrar las comisiones, no disputar presidencias ni vicepresidencias y no nominar a nadie para ese segundo lugar.
Por lo tanto, yo no le saqué el lugar a nadie. El kirchnerismo nunca nominó a nadie y ese lugar quedó vacante. En ese contexto me lo proponen a mí. Para mí es un honor representar al peronismo dentro de la línea de autoridades de la Cámara.
- Tras la designación se te dijo aliada al gobierno y se te acusó de traición al peronismo. ¿Cómo te definirías en tu función ahora en el Congreso?
-Mi eje siempre lo pongo en el peronismo provincial, en representación del Norte Grande, que es una de las regiones más importantes del país.
Ocupo la vicepresidencia provisional del Senado en representación del peronismo que no solamente busca ocupar los espacios de poder para representar a la sociedad que nos ha dado el lugar de opositores, sino hacerlo con responsabilidad en términos de encontrar un punto de equilibrio.
Un punto de equilibrio entre un gobierno que tiene una agenda muy fuerte de propuestas y una oposición que debe enfrentar esta realidad buscando representar los intereses de la gente y también de las provincias.
Ante las acusaciones de que esto es una traición, con sinceridad estoy tratando de expresar esta dicotomía absurda a la cual nos ha llevado el kirchnerismo, o parte de él, de tratar a todos entre obediencia debida, sumisión o traición. Entre la sumisión y la traición parecería que no hay diálogo posible ni construcción de consensos. En este caso, de ninguna manera estoy traicionando al peronismo ni voy a aceptar que se me imponga una agenda en nombre del peronismo que no representa los intereses de la gente.
- Hablabas de un equilibrio: ni oponerse absolutamente a todo lo que haga el gobierno ni seguir al pie de la letra lo que el oficialismo quiera. ¿A qué llamarías un equilibrio correcto para Convicción Federal y para las provincias?
- Te voy a dar un ejemplo concreto. Nosotros con el bloque de Comisión Federal votamos todos en contra de la ley de reforma laboral porque creemos que es una cuestión troncal de la organización de la sociedad argentina, todo el ámbito del trabajo, y esa ley no tiene respuestas a las necesidades que tenemos.
Al mismo tiempo voté a favor del presupuesto del año pasado. Porque venimos de un gobierno que durante dos años hizo lo que quiso porque no tuvo presupuesto. Por lo tanto, cualquier presupuesto es mejor que ningún presupuesto.
Además, los gobernadores necesitaban una herramienta de discusión con el gobierno nacional. ¿Y cuál es esa herramienta? La administración de los recursos del Estado, justamente el presupuesto.
Uno puede seguir siendo peronista defendiendo los derechos de los laburantes y al mismo tiempo ser pragmático defendiendo los recursos de las provincias.
También votamos en contra de la reforma laboral nuevamente. Pero antes votamos a favor del acuerdo del Mercosur porque consideramos que va a generar beneficios para toda la Argentina, ubicándonos geopolíticamente como protagonistas en la escena internacional y en el comercio internacional. Ahí está el equilibrio.

- La ruptura del kirchnerismo se da luego de una charla con Cristina Kirchner tras la intervención del PJ de Jujuy. ¿Hubo algún acercamiento después de que hiciste esas declaraciones?
- La existencia de Convicción Federal tiene como primer punto una naturaleza parlamentaria. Hace un año nos abrimos con nuestro propio bloque dentro del bloque peronista porque ya teníamos una diferencia de agenda y de estrategia parlamentaria.
La estrategia parlamentaria del kirchnerismo en septiembre fue no integrar las comisiones. Después, cuando tratamos el presupuesto, nos acusaron a todos de traidores, cuando era muy claro que nuestra posición dentro del bloque se sostenía porque nosotros pudiéramos votar lo que quisiéramos y no por mandato de algo que se nos quisiera imponer.
Otro punto de crisis fue dejar al peronismo, a la oposición y a los laburantes sin dictamen cuando se trató la reforma laboral. Eso dejó correr sola a Bullrich, porque terminó teniendo un solo dictamen ya que Mayans decidió no integrar las comisiones. Al no integrar las comisiones no pudimos firmar un dictamen propio, no pudimos mostrarle a la sociedad una propuesta alternativa de reforma laboral ni tener, junto con la CGT, un poder de discusión de dictamen contra dictamen. Ese fue otro punto de quiebre.
En mi caso personal, además de lo parlamentario, también hay razones políticas. Yo hablé con Cristina por la situación de Jujuy en febrero de 2025. Le propuse integrar a todos los sectores para lograr la unidad, recuperar la conducción del peronismo y fortalecer el rol opositor ante el gobierno radical.
En ese momento me dijo que no se podía resolver la intervención del partido, que ella iba a sostener la intervención partidaria y que yo no podía ser la presidenta del partido.
Desde febrero de 2025 hasta enero de 2026 la historia termina con los interventores, por orden de Cristina, expulsándome del Partido Justicialista de Jujuy por haber votado el presupuesto.
Ahí se generó una situación de no retorno que no fue generada por mí, sino por decisiones de la conducción nacional del Partido Justicialista a través de los interventores respecto al PJ de Jujuy.
- Esta semana se reunieron Miguel Ángel Pichetto y Guillermo Moreno y hablaron de la necesidad de lograr el perdón dentro del justicialismo y la unidad. ¿Pensás que más adelante puede haber una reunificación o crees que la ruptura es definitiva?
- El peronismo necesita una renovación. Tenemos que ser capaces de construir el peronismo del futuro y salir de la lógica dogmática a la que nos ha llevado el kirchnerismo, donde todo se reduce a sumisión o traición.
Hoy el peronismo se ha transformado en un archipiélago de peronismos diferentes: Pichetto, Moreno, Gustavo Sáenz. Todos representan distintos peronismos.
Eso habla no solo de las diferencias internas, sino de una conducción que desde el Partido Justicialista se ha distanciado del espíritu movimientista del peronismo y se ha ido cerrando cada vez más, transformándose en un partido dogmático y declamativo y no en un partido de poder.
No alcanza con el concepto de Pichetto y Moreno de perdonarnos y unirnos. Es necesario ir más allá: reconciliarnos con una sociedad a la que debemos representar, generar una agenda creativa y moderna acorde a las expectativas.
Hay que comprender qué les pasa a los jóvenes de 20 o 30 años que ven al peronismo como algo bueno del pasado y lograr que pueda ser algo bueno del futuro.
No alcanza con la rosca de juntarnos entre dirigentes y decir que todos somos buenos. La realidad se ve en la provincia de Buenos Aires, donde la disputa de poder entre facciones es evidente. Si seguimos así, nos vamos a hundir.
- ¿Ves dentro de esos distintos peronismos el de Axel Kicillof? ¿Cómo cae su figura desde las provincias y si hay posibilidad de unión con él?
- Axel tiene una triple responsabilidad. Primero, gobernar la provincia de Buenos Aires, lo cual está haciendo muy bien. Se ha transformado en un modelo de gobernabilidad con diálogo con otros sectores políticos, priorizando la gestión en un momento en que el gobierno nacional destroza las autonomías provinciales y desfinancia.
Segundo, tiene una responsabilidad dentro del peronismo ahora que asumió la presidencia del Partido Justicialista bonaerense. Ahí tiene que avanzar en la construcción de un nuevo peronismo no kirchnerista. Ese proceso está en marcha y habrá que darle tiempo de maduración.
Y tercero, indudablemente transformarse en una figura nacional y en uno de los presidenciables del peronismo. Pero no se puede cargar toda la responsabilidad en una sola figura: hay que reconstruir todo lo demás.
- ¿Ese nuevo peronismo sería sin kirchnerismo?
- No, no sin kirchnerismo. Tiene que ser un nuevo peronismo reorganizado donde el kirchnerismo tenga un rol lateral, no protagónico.
Por ejemplo, La Cámpora no puede dominar la agenda peronista ni tener el “peronómetro” en la mano para desafiar y expulsar a todo el mundo. Eso es algo que el peronismo tiene que resolver si quiere llegar competitivo al 2027.
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