Enfoque

Una economía más "verde" necesita de la inclusión

El camino hacia un nuevo modelo más verde, con un crecimiento más sostenible que integre objetivos ambientales, sociales, económicos y de gobernanza, requiere de la generación de capacidades e incentivos adecuados, de políticas que garanticen condiciones dignas y formalidad laboral y por supuesto de inclusión.

La inclusión y la igualdad de derechos sin distinción de género atraviesan al conjunto de los objetivos de la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030. La garantía de acceso a un trabajo decente conlleva el derecho al pleno empleo productivo sin distinciones y el de recibir igual remuneración por trabajo de igual valor.

Sin embargo y pese a los esfuerzos de muchos, las brechas y desigualdades laborales y económicas entre hombres y mujeres siguen existiendo. Limitaciones en la participación en el mercado, en el acceso a puestos de trabajo y de liderazgo y una consolidación de brechas salariales constituyen una realidad.

Según el último reporte de género del Foro Económico Mundial, la pandemia ha sumado 36 años a los 100 necesarios que habían sido pronosticados en 2020 para el cierre de estas brechas. Los niveles de desempleo femenino han crecido en el mundo más que los masculinos, según confirma la Organización Internacional del Trabajo, y en Latinoamérica la pandemia ha producido un retroceso de al menos 10 años en los niveles de ocupación femenina, de acuerdo con la CEPAL.

Más allá de programas y normativas que divulgan una idea de igualdad sin distinción de género, persiste un contexto cultural, productivo y financiero que promueve estereotipos laborales; da por sentada la feminización de las tareas de cuidado y en los hechos, aunque no en el discurso, aún resiste el acceso de mujeres a las mesas de toma de decisiones.

La Argentina no escapa a este doble estándar y esto queda en evidencia cuando observamos que su posicionamiento internacional respecto de la generación de oportunidades y participación económica de las mujeres ha descendido del puesto 82 que ostentaba en el año 2006 al 103° en el que se encuentra en 2021 (WEF, Gender GAP 2021). En 15 años el país no sólo no ha generado más oportunidades, sino que las ha limitado.

Sumadas las trabajadoras del servicio doméstico, enseñanza y la salud, los datos del Ministerio de Economía dicen que cuatro de cada 10 mujeres ocupadas en la Argentina se desempeñan en puestos de trabajo relacionados con tareas del hogar y de cuidados, empleos que se basan en estereotipos de género y muchas veces son mal remunerados.

Las brechas de género no sólo se evidencian a partir de una informalidad laboral y tasas de desocupación mayores que las masculinas; sino también en el menor acceso a puestos de jefatura y dirección, y la percepción de ingresos inferiores por parte de las mujeres en estos puestos, según la Encuesta Permanente de Hogares INDEC, tercer trimestre de 2019.

Las desigualdades en el ejercicio de la autonomía económica afectan derechos intrínsecos de las personas, pero además implican el desaprovechamiento del enorme aporte que las mujeres podrían realizar al desarrollo de sus comunidades.

Puede advertirse, en foros internacionales sobre cambio climático, por ejemplo, que, si bien se reconoce a las mujeres como las más afectadas por sus efectos -es decir como víctimas- pocas veces se considera su rol como agentes activos de cambio con conocimientos y destrezas de mitigación adquiridas durante años de actividades de cuidado. Es decir, se ignora un conocimiento experto y diferenciado, que podría significar un aporte innovador y valioso en las mesas de toma de decisiones.

La denominada "transición justa" debería entonces incluir a más mujeres, no sólo como puntos relevantes en los temarios y agendas locales e internacionales, sino con una participación activa en la toma de decisiones.

El proceso de transformación hacia una economía más "verde", requiere de generar políticas, incentivos, diálogo y colaboración. Pero resulta fundamental que ese proceso transformador, esa transición, también sea justa y esto implica que sea inclusiva: que no deje a nadie atrás.

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