Standalone: Tarzán, el tango y un país a la buena de Dios

Una traducción casera del ya famoso término "standalone" que ha surgido a partir del bochazo de Morgan Stanley que degradó a la Argentina a la categoría más baja de los mercados bien podría ser "abandonado a su suerte", figura que implica haberse mantenido a flote pero haber quedado a la buena de Dios, tal como sucede con el desamparo que sufre un barco que se queda sin timón cuando lo zarandea la tormenta. Gráficamente, es la soledad de Tarzán en medio de la selva.

Hay que reparar de modo esencial que la ominosa calificación de MSCI conocida el pasado jueves no apunta solamente a darle parámetros al mercado debido a "la severidad prolongada de los controles de capitales", tal como se dijo casi piadosamente en el comunicado oficial, sino que básicamente blanquea el descenso de todo un país que ha sido llevado hacia donde está, tras años y años de mala praxis de sus gobernantes, especialmente por políticos que justifican su accionar demagógico en nombre de los derechos igualitarios, aunque siempre subordinan el bienestar general a sus propios devaneos ideológicos.

Ser nominado "standalone" blanquea un mal que se ha metido ya muy profundo en el cuerpo social y que lo impulsa, como una droga, a la recurrencia permanente. Es el resultado de la cultura del egocentrismo y del "vivir con lo nuestro" que ha sido glorificada con mucho esmero por buena parte de la clase política, aunque de la boca para afuera se suela pregonar una solidaridad que "se ahogó en la sopa", Discepolín dixit. Para profundizar el desamparo en ese deterioro que la nota visibiliza, la política se ha ocupado sistemáticamente de ningunear la educación como elemento de ascenso social y ha generado casi adrede una profunda grieta que impide cualquier intento de llegar a acuerdos básicos, a partir de un virus inoculado por quienes se ocupan de alimentarla y que contiene un detalle más que perverso: el sistema se come a sí mismo. Se trata de sacar a los pobres de la pobreza y cada día se suman más carenciados a la mesa. Ellos son los verdaderos aislados.

Estas cuestiones de fondo son las que describen el destierro, algo que el mundo entreveía y que los precios de los activos adelantaban. Pero, además, están los cimbronazos del actual Gobierno en materia de administración de la crisis económica que resultan intragables para los inversores, sobre todo porque después de más de un año de calibrarlo tienen muy en claro que Alberto Fernández no puede o no quiere pulsear con su vicepresidenta en cuestiones básicas que hacen a la inserción en el mundo, a la institucionalidad y a la seguridad jurídica.

Tampoco esos inversores le prestan atención el "echale la culpa al otro" o "el odio" malo es el de los demás, dos argumentos que usa el Gobierno para sumar discordia. Su cultor más férreo es Santiago Cafiero, aunque el Presidente de vez en cuando se anota, ya que son frases de impacto que apuntan a galvanizar a los propios. En esa línea, para el jefe de Gabinete el responsable del derrape calificatorio tiene nombre y apellido: Mauricio Macri. Y lo ha dicho sin ponerse colorado y sin un mínimo de autocrítica. Pese a tantos fuegos artificiales, los inversores institucionales saben dónde está el poder y conocen de memoria prejuicios y mañas del kirchnerismo y la forma de pensar de la jefa del Instituto Patria.

A partir de allí, todo lo demás ya estaba descontado. La patética imagen de Fernández, colorado de indignación y a los gritos, tratando de desviar la atención sobre las notorias deficiencias en la administración de la pandemia con argumentos retorcidos sobre la libertad y dichos de opositores ("coimas", "veneno"), que buscó emparentar con las demandas que le hacen directamente a él, como responsable del manejo del Estado, más de 6 millones de argentinos (peronistas y no peronistas) que se atreven a reclamar una segunda dosis de vacunas, especialmente de la Sputnik V que un vocero del Kremlin avisó que no estará ciento por ciento disponible, es apenas una anécdota. El barco no sólo se quedó sin timón, sino que el capitán perdió los estribos: una excusa más para bajarse.

El fundamento de la imprevisibilidad política que surge del protagonismo no sólo de Cristina Fernández sino también del gobernador Axel Kicillof y del equipo de Salud de la provincia de Buenos Aires está directamente relacionado con las elecciones de medio término que el kirchnerismo necesita ganar con mucha contundencia para asegurarse el manejo de la Cámara de Diputados. Esta injerencia se ha manifestado especialmente en tres áreas que van de la mano porque lo que se haga en una repercute inmediatamente en la otra: Salud, Economía y Cancillería, a partir de las tremendas fallas de una política sanitaria que, en el tema vacunas, privilegió a ciertos amigos en el mundo antes que al bienestar general y, por lógica carambola, derivó en una política exterior que vota a favor de Venezuela, Palestina y Nicaragua y que, de a poco, va alambrando las conexiones del país con el mundo que importa, justamente el mundo que se necesita cultivar para que los organismos internacionales tengan algún tipo de consideración con la Argentina.

También el radar inversor está el ataque incesante al sector privado, puesto bajo fuego con regulaciones y fórmulas de todo tipo (cepos, precios máximos, presión impositiva, etc.), y la cerril negativa a tener una política económica predecible. En este sentido, la figura de Martín Guzmán en el exterior ha quedado desdibujada como el garante que pretendió ser de una negociación más o menos ordenada con los organismos internacionales. Es que el kirchnerismo le ha rodeado la manzana y lo ha obligado a hacer malabares, como salir por arriba del laberinto que le planteaba el eventual default con el Club de París. Así, sin arreglar con el FMI, la Argentina le pagó 430 millones de dólares en dos cuotas y a la tasa de 9 por ciento que negoció Kicillof en su momento (la del FMI ronda el 4 anual) para no caer en default hasta el año próximo y para demostrarle sobre todo a Japón, país que se quejó públicamente casi sin tapujos de la preferencia argentina por las deudas con China, que la idea es pedalear pero seguir con los pies dentro del plato.

Parece más que claro que la economía en su conjunto no va a poder ordenarse rápidamente por la desgraciada evolución de la pandemia y sobre todo porque los dirigentes tienen la cabeza puesta en las elecciones y habrá que ver cómo queda el tablero para ver qué se hace. La hipótesis más benigna que han evaluado los mercados indica que si hay una debacle electoral, Guzmán podría retomar protagonismo para encarar no sólo las negociaciones con el Fondo, que en 2022 ya llevarán dos años, sino empezar a ocuparse de los temas más críticos que aquejan a la gente, la inflación en primer término, pero también del aparato productivo, del empleo y de la pobreza, a partir no sólo de la receta bien peronista de incentivar el consumo sino también de apuntalar la inversión, sobre todo la privada. El peor de los escenarios que manejan los inversores indica que, salga como salgan las elecciones, el kirchnerismo se radicalizará e irá hacia formas autoritarias: si gana lo hará con las bancas y si pierde lo hará igual, prevén, porque no le quedará otro camino para conseguir impunidad, dicen.

En cuanto al manejo interno, hasta ahora, el ministro buscó mejorar los ratios fiscales y ha logrado ciertos ajustes producto de la mayor recaudación que provino del llamado "impuesto a los ricos", aunque esa mejor buena letra le fue bombardeada desde adentro mismo del Gobierno con las prohibiciones que él recibió para que no se aumenten las tarifas. Ya se sabe que debido a las necesidades de asistencia por las prolongadas cuarentenas y porque se acercan las elecciones, fatalmente se abrirá la canilla de la emisión. En cuanto al karma inflacionario, pese a que el tipo de cambio y las tarifas están pisados, el 29 por ciento de la pauta que prevé el Presupuesto ya fue tirado a la basura tras la campana de largada que Sergio Massa y Cristina dieron con el aumento en el Congreso, al que se han sumado los camioneros de Hugo Moyano, los bancarios de Sergio Palazzo y todos los que van a seguir. 45 por ciento parece ser el nuevo número que maneja el Gobierno, aunque el sector privado cree que finalmente los aumentos de precios terminarán el año superando ese tope.

En cuanto a las reservas, durante lo que va de 2021, a Guzmán no le ha ido tan mal aunque hacia adelante el panorama amenaza con ponerse peor, ya que han bajado los precios internacionales de los granos, se perderán exportaciones ganaderas por el cierre parcial de las ventas al exterior y las importaciones de gas licuado amenazan con llevarse cifras escalofriantes de divisas, sin contar con la fuga de capitales típica de períodos eleccionarios que habrá que ver si se puede contener con bonos.

La otra pata que observan desde el exterior quienes piensan que la Argentina es irrecuperable es la del actual espectro opositor, más preocupado de momento por mirar hacia las presidenciales, sin tener en claro que sin 2021 no habrá 2023. Hoy se nota entre los analistas una tendencia a dejar de lado las feroces internas del Frente de Todos, para equipartarlas con las de Juntos por el Cambio, como si fueran iguales en cuanto a sus necesidades.

Es verdad que la oposición transita un delicado momento de reacomodamiento, con varias vertientes que buscan imponer sus candidatos y, tal como ocurre en todos lados, se notan diferencias en todo el espectro, con posturas que van desde las más socialdemócratas de la UCR o de Elisa Carrió a las más liberales de Mauricio Macri o más hacia la derecha aún, las de Patricia Bullrich y Miguel Angel Pichetto, ambas entroncadas en un peronismo más conservador al que busca seducir, desde el otro lado, Horacio Rodríguez Larreta. Este lógico abanico de compulsa interna es vituperado por las redes sociales o por comentaristas funcionales al esquema del dedazo, pero también criticado por muchos otros que sin ponerse colorados aplauden por democráticas las primarias de los Estados Unidos y se llenan la boca con el valor de los sistemas parlamentarios de alianzas y contra alianzas. La falta de paciencia es otro de los condimentos del gen de los argentinos que hay que considerar también para desmenuzar la evaluación de "standalone".

Para Gardel y Lepera, lo triste de la instancia que se ha sabido ganar la Argentina a través de los años se puede leer en su tango "Soledad" a partir de la descripción del "desfile de extrañas figuras que me contemplan con burlón mirar". Es una alusión impregnada por los círculos de la "Divina Comedia" que, en el caso de MSCI, remite al más recóndito infierno de la desconfianza, escarnio que sólo una autocrítica generalizada podrá cambiar.


Tags relacionados

Comentarios

  • VG

    Victor Gauna

    28/06/21

    El cuento de siempre. Tenemos un país donde todo esta concentrado en pocas manos, y esos empresarios para ganar más no incrementan la producción, sino que aumentan precios, evaden impuestos y practican su deporte favorito del trabajo en negro. Encima, como en cualquier pais colonial, ganan dinero aqui y lo depositan en banca of shore (clara maniobra evasiva impuestos). Depues dicen que los politicvos tienen la culpa. Los politicos son complices de esto, pero no quienes lo hacen. Ya lo decia Reaul Presbich, que tenemos una diferencia sustancial con europa y EEUU: ellos tienen empresarios productivistas y la Argentina empresarios rentisticos (no producen más para incrementar ganancias, solo especulan). Tanto verso ignominioso demuestra que la decadencia está alli. Dejense de mentir!!!!

    0
    1
    Responder
  • GG

    Germán Grondona

    28/06/21

    Hace rato que no leía una columna/opinión tan acertada, tan clara, tan llena de veracidad. Gracias Señor por está excelente columna. Lamentablemente somos el Titanic yendo directo al Iceberg... el problema más grande... es que nosotros sabemos que el iceberg está ahí adelante, y no estamos haciendo nada para detenernos. Adiós amada Argentina, bienvenido país del 5to mundo. Somos peor que África y nos creemos Nueva Zelanda.

    0
    0
    Responder
    • VG

      Victor Gauna

      28/06/21

      Pondera una visdión sesgaday maliciosa de los hechos. Tenemos un pais dominado por una concentración económica enorme (que no se permite en pais alguno fuera de aqui) que para ganar más solo aumentan precios y negrean el empleo. Para colmo el dinero que ganan lo depositan en banca of shore. Estos hacen un CAPITALISMO DE SAQUEO, Les recuerdo que estamos en default real desde el 2018, de lo cual nadie habla!!!

      0
      1
      Responder
  • CA

    Claudia Analía

    27/06/21

    Nos hambrearon, degradaron, avergonzaron... ¿Qué más TíoAlberto?

    2
    0
    Responder