¿Qué va a pasar con la inflación?

En diciembre, el Gobierno heredó una fuerte distorsión de precios relativos que, en estos primeros meses de gobierno, comenzó a intentar corregir. El sinceramiento del tipo de cambio, la liberación de precios de bienes y servicios (que sólo podían aumentar con autorización estatal) y los aumentos en el precio de los servicios públicos son sólo algunos pasos en este sentido. Sin embargo, el camino es sinuoso: ningún proceso de desinflación es lineal y, si bien se avanzó en estos primeros meses, queda un camino muy complejo para transitar.

Para febrero, por la relativa estabilidad cambiaria y la caída del consumo, se presume una inflación en torno al 15%, aunque con una incidencia mayor de los precios fijados por el Gobierno (los regulados), que subrián cerca del 40% en el mes y pondrán un piso a la desinflación. La electricidad, por ejemplo, aumentará un 15% (con aumentos ya definidos, pero aún pendientes de aplicación que van entre 65% y 150% según el tipo de usuario, para luego hacerlo mensualmente). En el caso del gas se postergó el ajuste. El boleto de colectivo aumentará un 350%, al igual que el tren y el sube un 17%. La telefonía e internet un 30%, semejante al 28% de medicina prepaga. Sólo por incidencia directa de esos rubros (8,8%) habrá que prever un escalón de 4% adicional a tendencia de la inflación núcleo.

No obstante, hacia delante, hay muchos ajustes pendientes para terminar de alinear los precios relativos. Si todos los precios atrasados aumentaran lo necesario para empatar la suba de la canasta núcleo en los últimos cuatro años habría que sumar 44% de inflación a la tendencia inercial.

Transitando la estanflación en un año crucial

Para el bimestre diciembre-enero es útil separar los componentes de la inflación en tres grupos: los que empezaron a recuperar, los que dejaron de subir y los que todavía no subieron. La dinámica entre estos grupos explica cómo llegamos al 25,5% de inflación en diciembre y al 20,6% de enero, pero también sirve para pensar qué puede pasar en lo que queda del año.

Los atrasados que empezaron a recuperar. Luego de varios años de ‘precios pisados', algunos componentes de transporte (combustibles) y salud (prepagas) tuvieron una recuperación prematura: en el bimestre subieron entre 15% y 20% más que el promedio de la canasta núcleo. Si bien todavía quedan aumentos para alcanzar un eventual precio de equilibrio (especialmente, boletos de tren, colectivo, subte), estos rubros explican parte del salto inflacionario del último bimestre.

Los adelantados que dejaron de subir. Tras liderar el aumento acumulado en el periodo 2020-2023, la indumentaria fue uno de los sectores de menor suba en el último bimestre (al igual que entre 2017 y 2019). Algo similar se registra en restaurantes y hoteles. En ambos casos, la caída del consumo impide traslados a mayores precios.

Los atrasados pendientes de reacción. Por último, algunos grupos siguen sin reaccionar a pesar de acumular un largo periodo con pérdidas relativas. Resalta el componente educación que, por un factor estacional (y por lo tanto de reacción inminente), que aumentó 7% en el bimestre frente al 54% de la canasta núcleo. También "vivienda, agua, electricidad y otros combustibles", que nuclea a los servicios básicos del hogar y al alquiler, que alimentará la inflación del próximo trimestre.

El éxito del programa anti-inflacionario y la consolidación de la inflación descendente dependerá críticamente de la estabilidad cambiaria, que a un ritmo devaluatorio de 2% mensual y una inflación de dos dígitos largos puede estar generando una estabilidad ilusoria con tipo de cambio como ancla nominal pero atrasándose peligrosamente hacia el segundo trimestre.

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Por restricciones artificiales (cepo, tarifas congeladas, precios máximos) para esconder los efectos de una política económica inconsistente, el gobierno anterior dejó un esquema de precios relativos desquiciado: precios muy atrasados de servicios regulados (como energía, transporte, medicina prepaga, combustibles, entre otros) y otros adelantados por acceso preferencial a divisas y protegidos por el cepo importador (como indumentaria, artículos tecnológicos y otros manufactureros).

Alinear los precios relativos era un paso necesario antes del plan de estabilización porque, una vez lanzado, los movimientos pendientes podrían alterar la trayectoria y credibilidad del programa, Como la trayectoria parsimoniosa de tarifas en 2016-18 que dejó una estela inflacionaria con alto costo político. No obstante, la trayectoria de estos primeros dos meses fue dispar y puede esconder inflación futura.

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