Opinión

¿Qué hubiera pasado si ganaba Massa?

La "historia contrafáctica" es una especialidad de los escritores anglosajones que se denomina "what if". Consiste en analizar lo que hubiera sucedido en caso de que el escenario hubiese sido distinto por circunstancias imprevistas o simples golpes de suerte. El primer volúmen de este tipo fue editado en Londres en 1931. En él, Winston Churchill delineaba el escenario si el general Lee ganaba la batalla de Gettysburg; el escritor André Gide lo que hubiese sucedido si Luis XVI hubiese tenido un poco de "firmeza"; y así sucesivamente.

Aplicando esta metodología de análisis histórico a la reciente elección argentina, cabe preguntarse: ¿qué hubiera pasado si el 19 de noviembre el peronismo hubiese ganado su décimo segunda elección presidencial en sus setenta y ocho años de vida?

En el supuesto de esta victoria, se hubiese consolidado como la fuerza política dominante en la Argentina. Habría evitado el riesgo que aparecía en mayo: el de quedar tercero, como fue en las PASO.

La pregunta hubiera sido si tras Perón, Menem y los Kirchner, Sergio Massa estaría iniciando una cuarta etapa en el peronismo, que por su edad podría proyectarse dos décadas por delante. Es un interrogante que hubiese quedado planteado en estos términos: ¿hubo un peronismo de centroderecha con Menem, otro de centroizquierda con Néstor y Cristina Kirchner, y ahora un tercero de centro, caracterizado por el pragmatismo de Sergio Massa?

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Un gobierno presidido por Massa habría quedado con una fuerza relevante en el sistema político: once gobernadores propios, entre ellos el de la decisiva provincia de Buenos Aires (en ella cuenta con treinta y cuatro de los cuarenta intendentes del conurbano amplio); treinta y cinco senadores nacionales que lo dejarían a sólo uno de la mayoría propia, dado que tendrá la vicepresidencia con Agustín Rossi; en la Cámara de Diputados habría contado con una primera minoría importante que lo deja a veinte del quórum propio, pero en un escenario de desarticulación de la oposición, tendría amplias posibilidades de alcanzarla.

Massa hubiera intentado esbozar un gobierno de unión nacional en el cual integrar al radicalismo, o al menos una parte de él. Esto no es ajeno la tradición peronista: comienza con el abrazo entre Perón y Balbín medio siglo atrás; continúa con el Pacto de Olivos, acordado entre Alfonsín y Menem; con el kirchnerismo cabe recordar que el vicepresidente de Cristina Kirchner en su primer mandato fue un radical, y que en esa elección (2007) la mayoría de los gobernadores de este partido acompañaron dicha fórmula.

En este escenario contrafáctico, Massa hubiera sido una figura clave para el curso de la política en la última década. Diez años atrás, en la elección de medio mandato de 2013, su victoria en la provincia de Buenos Aires sobre el kirchnerismo -que llevó como primer candidato a Martín Insaurralde- interrumpió un proyecto que había empezado a conversarse entre algunos legisladores oficialistas y otros del radicalismo, para poner en marcha un segundo Pacto de Olivos que permitiera un tercer mandato de Cristina Kirchner.

En la elección presidencial de 2015 Massa queda en tercer lugar con el 22% de los votos, dividiendo nuevamente al peronismo y permitiendo el triunfo de Mauricio Macri en la segunda vuelta. Dos años después, en la elección legislativa de 2017, mantiene su posición antikirchnerista, haciendo posible la derrota electoral de Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires.

Massa retorna al peronismo en la elección presidencial de 2019, facilitando el regreso al poder de lo que podría denominarse un neo-kirchnerismo.

En los últimos meses ocupó el centro de la escena política como ministro de Economía y candidato presidencial. De haberse dado su victoria, nuevamente un peronismo unido habría logrado mantener el poder.

Regionalmente, el resultado electoral hubiera tenido un fuerte impacto. Para los líderes progresistas de la región, encabezados por el presidente brasileño Lula da Silva, hubiera resultado un hecho político crucial para que se mantenga su predominio, reconstituido en los últimos años. La proyección de la elección se hubiera dado también en el mundo occidental, donde Milei era visto como la recuperación de la derecha anti política en América del Sur, tras la derrota de Bolsonaro.

Como se vio en la campaña, Massa hubiera tenido en claro la necesidad política de diferenciarse del kirchnerismo y tomar distancia del mismo. Pero su agenda de problemas hubiera sido acuciante e inmediata, como le sucede ahora a Javier Milei.

Habría tenido que luchar con una economía que se encamina al 200% de inflación anual y el mayor nivel de pobreza a excepción del registrado en el primer semestre de 2002. Se trata de la mayor demanda de la opinión pública. La Argentina acumula una sucesión de fracasos que han generado desaliento y la voluntad de buscar otros horizontes no registra antecedentes por su magnitud entre la población.

La inseguridad generada en gran medida por el narcotráfico y el crimen organizado es la segunda demanda en los conurbanos del país, y no sólo en los del Gran Buenos Aires y Gran Rosario. Esta situación es aún más acuciante en los sectores de menores ingresos, que son los más desprotegidos.

La corrupción es una tercera demanda, agudizada por hechos públicos que generan indignación y que requieren un urgente cambio en conductas y actitudes por parte de la dirigencia política, aunque no parezcan haber pesado demasiado en el resultado electoral.

En cuanto a Javier Milei, haber llegado al balotaje hubiera sido un éxito electoral excepcional. Es que habría quedado a poca distancia de Massa con sólo dos años de carrera política. Se hubiera tratado de un éxito que a sus predecesores les llevó décadas lograr (Alfonsín, Menem, Duhalde, los Kirchner e incluso Macri). Como nuevo líder opositor, Milei hubiera tenido por delante como desafío la organización de una fuerza política -que hasta entonces había sido más bien un movimiento multifacético y policlasista-, que se transforme en un instrumento eficaz.

En esa circunstancia, Massa hubiera debido tener presente que Milei representa un fuerte llamado de atención de una sociedad cansada que rechaza lo establecido. Lo mismo vale para el escenario actual: Milei debe tener presente que su adversario obtuvo el 44% de los votos.

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Comentarios

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  • CE

    César Estrada

    Hace 5 minutos

    Jaja me parecia estar leyendo pagina12

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  • AJC

    Alfredo Jos Chahin

    Hace 9 horas

    La racionabilidad por suerte primo en la mayoría de los ciudadanos argentinos, ¡¡en la elección nacional, superando una nueva fuerza al kisnerismo........

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  • CA

    Carlos Adjoyan

    Hace 18 horas

    Amigo Rosendo, es un artículo ridículo y fantasioso.... con toda su experiencia le agradeceríamos escriba análisis sobre la realidad y no de ciencia ficción

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