Estados Unidos

Para Biden gastar u$s 2 billones es la alternativa

La propuesta de Biden de aumentar el gasto público u$s 2 billones en ocho años, excede la dimensión puramente económica. En primer lugar apunta al eje principal de su gobierno que es la disputa geopolítica con China. Pero lo hace a partir de la constatación que, a diferencia de lo intentado por su antecesor Donald Trump, ese objetivo es imposible de lograr en medio de la desintegración social que se viene observando en la sociedad estadounidense en los últimos años. 

Además, las escenas finales de la invasión al Capitolio, con amenazas al funcionamiento democrático, daña la imagen mundial que Biden proyecta de su país en la confrontación con China.

Ese diagnóstico implica reconocer que el objetivo geopolítico mayor no podría ser obtenido siguiendo las pautas neoliberales comenzadas a ser aplicadas en EE.UU. en los años setenta, y acentuadas en la siguiente por Ronald Reagan. 

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Desde los años 80, la concentración de la riqueza y el aumento de la pobreza en el país han sido dramáticos. Mientras el tercio de mayores ingresos aumentó su participación entre 1970 y 2018 de 29% a 48%, la del sector intermedio cayó de 62% a 43% y la del inferior disminuyó un punto para quedar en 9%. La concentración se acentúa cuanto más se sube en la pirámide de ingresos. Así, según el Center on Budget and Policy Priorities el 1% de mayores ingresos desde 1979 obtuvo un aumento del 226%.

Adicionalmente, la concentración de la riqueza ha sido aún más acentuada que la del ingreso. El 50% más pobre pasó de poseer menos de 5% de la riqueza a menos de 2%, mientras que la riqueza del 1% más rico subió cerca de 10 puntos a más del 30%.

Volviendo a los ingresos, un estudio reciente de Rand Corp afirma que desde 1975 el ingreso del 90% de la población más pobre creció menos que la economía, mientras que el del 10% más ricos creció más, concluyendo que: "si el 90 por ciento inferior se hubiera mantenido al día con el crecimiento del PIB, se habrían llevado a casa en conjunto u$s 2.5 billones más en ingresos en 2018", es decir, en torno a este paquete de Biden.

La propuesta de Biden es colocada en la prensa del país a la par del New Deal de Franklin Roosevelt la década de 1930 y del proyecto de Gran Sociedad de Lyndon Johnson en los 60 por apuntar la necesidad de que la economía funcione en base a un 'Gran Estado'. Como afirma el sitio G-Zero del analista Ian Bremmer, "Es un intento audaz de revivir una idea que alguna vez fue poderosa en Estados Unidos: que el gobierno puede y debe actuar de manera expansiva para remodelar y mejorar la sociedad en general." Además de los datos económicos, impactan en el presidente los de violencia armada, matanzas, odio racial y de género.

Varios analistas señalan la dificultad política de que el programa pase por un Congreso con representantes republicanos y demócratas que adhieren fuertemente a los preceptos neoclásicos. Esta composición parlamentaria refleja la visión neoliberal impregnada en la sociedad. Según una encuesta de Pew de 2011 el 58% de los estadounidenses dijo que ‘la libertad para perseguir los objetivos de la vida sin interferencia del Estado' es más importante que tener un estado garantizando que ‘nadie pase necesidades'.

La dificultad política que puede encontrar Biden para efectuar este plan se encuentra en su componente social y distributivo, y no a una oposición en sí al gran aumento de gasto y participación del estado en la economía. De hecho, no hubo esa obstrucción a los masivos paquetes que tanto Obama como Trump implementaron, uno tras la crisis de 2008 y el otro en medio del shock del Covid-19 y que beneficiaron fundamentalmente a las grandes empresas.

Biden afirma que parte de esos recursos deben ser para la recreación del mercado laboral, por eso el nombre "Plan de empleo estadounidense", fuertemente impactado por la pandemia, y para la ayuda a sectores vulnerables. 

Los conflictos raciales inherentes a la sociedad estadounidense no están ajenos a la dificultad de obtener esos objetivos porque el dinero iría en mayor proporción a la comunidad negra y mestiza que son las más afectadas. Además, Biden tiene previsto presentar otro paquete que apunta a dar ayudar médica a gran parte de la población. Según Greg Sargent en el New York Times, el plan de Biden apunta a debilitar al trumpismo, "esa amalgama de plutocracia y nacionalismo autoritario reaccionario, alimentado por un antiizquierdismo alucinatorio, que continúa teniendo cautiva a grandes franjas de la oposición".

Una pauta fundamental del programa y que devela la disfuncionalidad total del proyecto neoliberal es la meta ambiciosa de Biden de recrear la infraestructura del país. G-Zero señala que a pesar de ser la nación más rica del mundo, la calidad de su infraestructura se ubica en el décimo-tercer lugar en el ranking mundial. Una encuesta de Morning Consult arroja que existe casi unanimidad en el apoyo de un programa de gobierno que modernice la infraestructura del país.

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Pero Biden afirma que pretende financiar tributando a las grandes empresas. Sin embargo, de la unanimidad, un 21% dejaría de apoyar el programa si se financiara con impuestos a las grandes empresas. Incluso cuando según un estudio de 2019 realizado por el Instituto de Política Fiscal y Económica (the Institute on Taxation and Economic Policy), 60 de las corporaciones estadounidenses más grandes que cotizan en bolsa (como Amazon, Chevron, Netflix y General Motors) no pagaron absolutamente nada en impuestos federales sobre la renta en 2018. 

Inclusive algunas hasta tuvieron derecho a reembolsos tributarios por parte del Estado. Esto se debe al sistema complejo que se fue creando con incentivos gubernamentales y legalidad de maniobras de usar operaciones offshore para evitar efectivamente el pago de impuestos federales.

Margaret Thatcher impulsó el neoliberalismo con su slogan "No hay alternativa". Biden apuesta que hay... y que necesita que haya si pretende confrontar a China.

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Comentarios

  • MOM

    Mario Orlando Méndez

    Hace 26 días

    Abonando a lo que menciona esta interesante nota, hay en Norteamérica 40 millones de personas que están por debajo de la pobreza y de la indigencia, constituyendo lo que se denomina el cuarto mundo, entre los que se encuentran 50.000 veteranos de guerra que comen de los residuos los cuales eran 200.000 antes de Obama.- es válido destacar que China crece en base a incorporar 20 millones de personas anualmente al sistema, esto el país del norte lo solucionaría simplemente poniendo en marcha un enérgico plan de viviendas para albergar a las verdaderas ciudades que tienen en las casillas rodantes que en realidad no ruedan.- Mario.-

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