La visión de los líderes

Ordenar la política es la condición para arreglar la economía

A pesar de las dificultades que enfrenta nuestro país, es posible mirar el proceso electoral del año próximo con alguna expectativa de que sea finalmente una instancia ordenadora de la política.

"Es necesario que se ordene la política" concluyen por estos tiempos todos los análisis de los economistas que intentan identificar la probabilidad de que la economía argentina se arregle. Un reclamo que se entiende bajo la luz de que para producir determinados hechos económicos deseados, se requiere determinada voluntad política. Nada se puede lograr sin esa voluntad, pero lograr voluntad política no es sencillo, ya que no solo se requiere la voluntad de las autoridades a cargo, sino que se necesita que esa voluntad esté provista de ciertos grados de factibilidad de que pueda ser capaz de producir los hechos deseados.

Ese reclamo del sindicato general de economistas para que se ordene la política es la demanda de que existan condiciones para lograr voluntad política y que esa voluntad esté orientada a recorrer el camino correcto. Para llevar el barco a buen puerto, se requiere primero un capitán que piense una buena hoja de ruta (ideas), pero luego que pueda ejecutarla (gobernabilidad).

En democracia, a la política la ordena la gente con el voto. El orden político tiene que surgir de la voluntad popular, es la forma de que todo ese proceso tenga legitimidad democrática. Si bien esta forma de legitimar las decisiones colectivas le agrega cierta complejidad al asunto, cumple una función esencial en la construcción de una voluntad política, porque para producir determinados hechos económicos debe haber cierto consenso social detrás, que legitime la voluntad política.

Aquí es donde en 2023 puede despertarse algo el optimismo en medio del abrumador pesimismo social que hoy reina en Argentina. Y es que, a pesar de las dificultades que enfrenta nuestro país, es posible mirar el proceso electoral del año próximo con alguna expectativa de que sea finalmente una instancia ordenadora de la política.

Si bien es cierto que para conocer con más precisión quién puede ser ese capitán todavía falta que el escenario de candidaturas decante (ocurrirá en junio de 2023), es posible identificar los trazos gruesos de ese proceso electoral.

La preconfiguración que nos muestra el escenario electoral, según los estudios de comportamiento electoral, nos ofrece una particularidad, y es que los dos candidatos que reciben el máximo nivel de intención de voto son dos figuras que se ubican en los extremos del espectro (Cristina Kirchner y Javier Milei hoy tienen una intención de voto superior al 20%), pero el espacio que recoge mayor intención de voto es Juntos por el Cambio, que se ubica en el medio entre esas dos ofertas. Esa particularidad se explica en que hay varios candidatos aspirando a liderar ese principal espacio político, repartiéndose toda la intención de voto que suman el espacio.

El escenario que estamos viendo de cara a la elección presidencial 2023, es un escenario de 3 modos, similar a lo que ocurrió en la elección presidencial 2015. Pero a diferencia de lo que ocurrió aquel año, en el actual escenario el modo más competitivo se ubica en el centro, entre las opciones menos competitivas de los extremos. Es el escenario 2015 invertido: en aquel entonces los modos más competitivos estaban en los extremos (FPV y Cambiemos), en cambio para 2023 el modo más competitivo es el que está situado entre los dos modos de los extremos.

El hecho de que el modo más competitivo sea el del centro, nos habla mucho de cómo será la mecánica de competencia. Esa particularidad impide que se dé una mecánica de polarización, donde los polos se buscan para confrontar y se repelen, produciendo un arrastre (dinámica centrífuga) de los votantes del centro hacia los extremos. En este escenario, donde los polos son más débiles que el centro, se impide la polarización y su dinámica centrífuga.

En este contexto, la única forma que tienen los polos de mejorar su posición relativa es intentando desarmar el centro, para disminuirlo. Por ese motivo, es que observamos esa curiosidad de un Milei que confronta más con Rodríguez Larreta que con Cristina Kirchner (su polo opuesto), y trata de seducir a Bullrich (borde externo de Juntos por el Cambio) para que se sume a su espacio. Y por ese motivo también es que observamos que Cristina Kirchner, aun siendo una dirigente que se opone fuerte a las ideas de Javier Milei, casi no lo nombra. Mientras que sus dirigentes intentan seducir a los radicales (borde interno de Juntos por el Cambio) para tratar de tentarlos a que abandonen una alianza con dirigentes como Mauricio Macri o Patricia Bullrich.

Pero en definitiva, esta preconfiguración del escenario electoral nos está advirtiendo que hay altas chances de que se produzca alternancia política en la argentina en 2023, y de que hay altas chances de que esa alternancia política este protagonizada por Juntos por el Cambio. Pero para que ello finalmente ocurra, el espacio deberá atravesar un proceso de reducción a la unidad (selección de un candidato único) nada sencillo. Las diferencias entre las diferentes líneas internas del espacio también reflejan diferencias entre sus propios votantes y ello presenta el riesgo de que detrás de la selección de un candidato, aun siendo mediante un procedimiento democrático (las PASO) pueda producir el alejamiento de parte de los votantes de la parte perdidosa.

El espacio tendrá que superar ese proceso para ratificar esas mayores chances de ser gobierno. De lograrlo, ¿puede ser un escenario que nos muestre una política más ordenada? Si miramos el Congreso y la capacidad de construcción de voluntad política que tendría un próximo presidente de ese espacio, se puede ser expectante que sí. Realizando una elección cercana al 40% en octubre 2023, es altamente probable que Juntos por el Cambio logre el control de la cámara de diputados y casi el control del Senado. De ese modo, habría condiciones plenas de gobernabilidad para encarar los desafíos por delante, un aspecto no menor viendo lo que le ocurrió a ese mismo espacio entre 2015 y 2019.

Teniendo en cuenta todos estos elementos, es posible afirmar que se puede ser optimistas de que el voto de la gente pueda producir condiciones políticas propicias para encarar los desafíos económicos que hay que encarar. Igualmente, lo que quede por delante no será nada sencillo. El esfuerzo requerirá tolerancia social y fortaleza política para sostener un rumbo correcto. Pero si la política se ordena, y si se constituyen condiciones políticas propicias para la construcción de voluntad política, podremos entonces concentrarnos en discutir solamente la hoja de ruta y sentarnos a ver si efectivamente se puede enderezar el rumbo de este barco tan querido que es la Argentina.

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