Nueva globalización: por qué América latina podría ser la nueva beneficiada

Un barco encallado en el estrecho de Suez provocó en marzo de 2021 la paralización del comercio entre Asia y Europa durante varias semanas, que a su vez derivó en la interrupción de la actividad de muchas fábricas que basan su modelo en una cadena de valor global y la producción just in time con el mínimo inventario posible.

Un año antes, la aparición de la Covid 19 ya había provocado retrasos en la entrega de automóviles en todo el mundo por las restricciones impuestas en Corea y China, que paralizaron muchas fábricas de autopartes. Algo que ha continuado ocurriendo durante el pasado 2021 generando un gran cuello de botella en el comercio de mercancías a nivel mundial.

A la perfectamente engrasada máquina del comercio global, que desde los años 80 ha permitido que en Noruega tengan acceso a las frutas tropicales durante todo el año o que en EE.UU. puedan cambiar de celular cada año por un modelo mejor y al mismo coste, se la han saltado las costuras.

Y no únicamente por temas logísticos. También por aspectos geopolíticos y sociales de primer orden. Los últimos años han sido prolíficos en pruebas de stress para el modelo de globalización económica construido en las últimas décadas. En estas últimas semanas, el desafío alcanzó un nivel aún mayor, con el conflicto entre Rusia y Ucrania creando tensión global y nuevas distorsiones de precios en la energía y los mercados de materias primas.

La llegada de un político como Trump a la presidencia de EE. UU., que se negó a firmar el tratado de libre comercio TCCP e impuso aranceles a productos chinos y europeos, fue el parteaguas. No por casualidad Trump ganó las elecciones de 2016, en parte, por el apoyo de sectores trabajadores de los EE. UU. que culpaban a la globalización de la pérdida de su trabajo y reducción de nivel de vida.

En el Reino Unido, los británicos deseosos de aislarse del mundo votaron por el Brexit que rompió la unión aduanera con los 27 países de la Europa continental y reintrodujo controles aduaneros después de 46 años en los que las mercancías circularon sin problemas entre la isla y el continente. 

Y dentro de la Unión Europea, Francia, alegando aspectos medio ambientales, pero con una trasfondo ambiental y social, frena constantemente el acuerdo entre Mercosur y la UE que lleva más de 30 años negociándose sin poder concretarse.

Las clases medias de muchos países desarrollados han visto como desde la crisis de 2008 el desempleo ha aumentado, su nivel de vida a disminuido y sobre todo sus expectativas de futuro son negativas. Parte de los damnificados, y también algunos políticos, han señalado a la globalización como culpable de estos males. Y una nueva ola de proteccionismo, guerras comerciales y nacionalismo económico está recorriendo el planeta.

Por último, el enfrentamiento entre China y los EE. UU. por la hegemonía mundial ha derivado en una guerra fría comercial en la que los flujos comerciales están viéndose modificados con rapidez. 

EE. UU. entiende que China se ha enriquecido gracias a los billones de dólares que los norteamericanos se han gastado en sus productos (y a la propiedad intelectual que les han robado). Y no parece dispuesto a seguir financiando, vía compra de productos, el ascenso del gigante asiático. 

Siendo EE. UU. el gran consumidor mundial, y China el gran productor, una guerra comercial entre ambos países, que además arrastran al resto sus países socios, es un torpedo directo al actual modelo de comercio internacional.

Como señalaba James K. Galbraith en un artículo de Project Syndicate, estas cadenas se diseñaron para ser eficientes, pero no resilientes. Funcionaron a la perfección, desde un punto de vista macro, en tiempo de relativa paz y estabilidad política, y social en el mundo. Especialmente desde la caída del muro de Berlín hasta la crisis económica de 2008. La realidad, es que ya no vivimos en un mundo tan plácido desde el punto de vista de las relaciones internacionales y comerciales.

Regionalización, la nueva globalización

¿Pero es posible que los países, principalmente desarrollados, mantengan su nivel de vida cerrando fronteras y limitando la globalización?

Trump, y ahora Biden, han promovido el retorno de fábricas a los EE.UU. con el objetivo de generar empleos y mejorar salarios. Algunas han vuelto con, gran eco en la prensa, aunque pocas. Y otras no volverán nunca porque se han robotizado por el camino. 

En Europa el discurso, más burocrático y menos agresivo, habla de desarrollar una "autonomía estratégica", lo que en la práctica significa depender menos del comercio exterior, por ejemplo, en fabricación de microprocesadores o medicamentos.

A pesar de todos estos elementos, no parece que la globalización tenga marcha atrás. Por la simple razón de que volver al comercio de los años 60 del pasado siglo supondría un empobrecimiento general de todos los habitantes. Y ni los votantes norteamericanos ni los europeos estarán dispuestos a recuperar su industria a cambio de reducir su nivel de vida vía inflación en los productos o escasez de algunos de ellos.

Lo que sí está comenzando a verse es una transformación del modelo de comercio global, hacia otro de comercio regional: una globalización de cercanía. Y es esta posible transformación donde Latinoamérica tiene mucho que ganar, además de muchas ventajas que ofrecer a EE.UU, principal consumidor del mundo y de la región.

Los factores que podrían impulsar a América Latina

Las ventajas que, a priori, ofrece Latinoamérica en esta nueva globalización de nuevo cuño son muchas. Empezando por una obvia, la cercanía física a los mercados consumidores, especialmente los EE.UU. El factor geográfico, olvidado durante décadas, vuelve a ser relevante que como han demostrado los problemas logísticos mundiales en los últimos años. Las teorías de Robert Kaplan sobre la relevancia de la geografía vuelven a estar de moda. Acercar a consumidor y productor asegura la cadena de suministro, además de reducir la contaminación y el consumo de energía que generan el transporte masivo de mercancías a nivel mundial.

También el factor salarial puede ayudar a convertir América Latina en una de las regiones ganadoras del nuevo puzle comercial global. Los salarios en China y en los países asiáticos han crecido con fuerza en la última década, reduciendo su competitividad en la producción de algunos bienes, sobre todos los de valor agregado bajo y medio. Esto hace que comparativamente Latinoamérica puede llegar a resultar de nuevo competitiva para ubicar una fábrica, años después de que la producción asiática de muy bajo coste cerrara muchas factorías textiles, de calzado, muebles y otros tipos de industria en la región.

El salario medio en las zonas urbanas e industriales de China ya roza los 1000 dólares mensuales, una cifra que ya supera en la mayor parte de los casos a los salarios latinoamericanos y casi duplica a los del triángulo norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala), una de las regiones con mayor potencial para la instalación de factorías que surtan al gigante mercados norteamericano. 

Ver informe sobre sueldo nominales y mínimos en el informe de la OIT (Global Wage Report 2020-21.Wages and minimum wages in the time of COVID-19 (ilo.org))

Por último, el factor político y geoestratégico podría ayudar a la región, si sus gobernantes saben aprovechar el momento. Partiendo de que no todas las industrias se podrán recolocar de nuevo en los EE.UU., o Europa, por causa de los costes salariares, ¿Qué mejor opción de reubicarlos en países cercanos, competitivos en precio y que no supongan ninguna amenaza militar ni económica?

Si los estadounidenses no quieren seguir financiando el ascenso chino con sus compras, pero tampoco pueden fabricar todos los productos que importan desde China dentro de sus territorios, solo queda una opción. Deslocalizar a otros países. Esto ya está ocurriendo.

En los últimos años muchas fábricas se mudaron del gigante asiático a vecinos como Vietnam u otros. Pero Latinoamérica está mucho más cerca y, adicionalmente, desde un punto de vista geoestratégico, comerciar con sus vecinos del sur no sólo no supone ninguna merma en el poderío estadounidense, sino más bien su reforzamiento por la vía de la influencia comercial. Además, esto podría tener otros aspectos positivos como el freno a la migración hacia los EE.UU. desde el hemisferio sur, un problema y social político de primer orden tanto en el sur como en el norte del continente americano.

En Europa, muchas firmas están trasladando producción desde Asia a países como Túnez, Marruecos o Turquía. La española Inditex, matriz de Zara, es una de ellas que fabrica el 60% de sus prendas en Portugal, Marruecos o Turquía. Según el informe The State of the Fashion 2022, elaborado por McKinsey, el 70% de las firmas de modo del planeta tiene previsto acercar sus centros de producción hacia sus países. Y no solo en el sector textil.

México es un caso de éxito en Latinoamérica. Desde la firma del tratado de libre comercio con los EE.UU. y Canadá, se ha convertido en el mayor productor de automóviles de Iberoamérica gracias a la exportación dl 80% de su producción, principalmente a los EE. UU. Entre puestos directos e indirectos emplea a un millón de mexicanos, con empleos con mejores salarios y condiciones que la media nacional.

Sin olvidar otros sectores maquileros mexicanos como el textil o las factorías de electrónica ubicadas en la frontera norte. Otras empresas están tomando decisiones similares. Mattel, por ejemplo, anunció recientemente que está pidiendo a algunos proveedores mover sus operaciones a México para convertir al país en un gran proveedor de juguetes para todo el continente. No por casualidad México es uno de los principales países de la región las economías más estables y una renta per cápita que supera la media regional.

Entre los países de menor tamaño, Costa Rica con su industria relacionada con el sector tecnológico y sanitario, o Uruguay sede de muchas consultorías tecnológicas, ya se aprovechan de las ventajas señaladas anteriormente para diversificar y desarrollar su base económica. Algunas fábricas de capital español han empezado a instalarse en Guatemala, como Nextil, el pasado año para proveer de tejido a sus clientes de Europa y los EE. UU..

Retos para convertir América Latina en un nuevo hub regional

Cabe preguntarse, por lo tanto, porqué si la mayor integración y la localización de fábricas en Latinoamérica ofrece tantas ventajas, tanto para los EE.UU. como para los países de la región, no se está acelerando este proceso. O que pasos deberían tomar los gobiernos para aprovechar la oportunidad que ofrece esta incipiente transformación de la globalización.

¿Qué debería mejorar en Latinoamérica para atraer inversión directa del exterior productiva? Varios aspectos, empezando por la estabilidad política. En el Informe Inversión Española en Iberoamérica de IE Business School, que tengo el honor de elaborar desde hace 14 años junto con mi colega el economista Juan Carlos Martínez Lázaro, se destacan algunas.

La inestabilidad política es uno de los factores que constriñen el gran potencial de la región según las compañías que ya están operando sobre el terreno. La inestabilidad jurídica, el tipo de cambio o las infraestructuras deficientes son otras de las causas señaladas.

La generación de cadenas de valor regionales, que permitan aumentar el comercio intrarregional y el flujo de comercio entre los países de la región y los EE. UU y otros países de destino es también otro de los retos que enfrenta la región como destaca el último informe publicado en 2021 por la CAF.[IGA1] , Banco de desarrollo de América Latina.

Con una mano de obra competitiva, una cercanía geográfica y ofreciendo clara ventajas geopolíticas respecto a la producción en Asia, sobre todo para los EE. UU., prácticamente el mayor hándicap para el desarrollo de industrias integradas en la cadena de valor global en América Latina se resume en "políticas públicas" amigables con la inversión, así como una política exterior por lo menos neutral respecto a los mercados destino es decir Europa y EE.UU.

El viento de la geopolítica viene de cola para América Latina, un continente más aislado que los otros cuatro del enfrentamiento de bloques. Queda la tarea de aprovecharlo.  

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