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Ni el blue, ni el CCL: nace el "dólar NDP"

Todos las cotizaciones de los distintos dólares están en una montaña rusa. El blue, el contado con liquidación y el MEP no paran de subir y expresan todo tipo de incertidumbres y dudas respecto del Gobierno y de su capacidad de controlar mínimamente las variables más sensibles de la economía.

Hay productos que ya van por tres remarcaciones de precios en lo que va del mes. Algunos bienes básicos no se consiguen en las góndolas. Una organización política opositora se movilizó esta semana en todo el país para dejar petitorios de comida en las principales cadenas de supermercados.

Los movimientos sociales oficialistas gritan en las calles por más plata y desafían a la Casa Rosada. Hay industrias que suspenden personal ante la falta de insumos importados.

Se suman larguísimas colas en las paradas de colectivos de la zona metropolitana porque las líneas de colectivos redujeron el servicio por falta de pago de subsidios.

En ese contexto, en la tarde del martes Alberto Fernández irrumpe en las redes sociales pero con otra agenda. Postea: "He reflexionando sobre el mensaje que difundió Cristina Kirchner". Y desarrolla un hilo de apoyo a lo que había manifestado la vicepresidenta un día antes.

Específicamente el lunes, mientras todos esperaban que dijera si respalda o no las medidas de la nueva ministra de Economía, Silvina Batakis, y en el mismísimo día del aniversario número 28 del atentado a la AMIA, la principal figura del Gobierno dedicó 14 minutos a explicar que la Corte Suprema de Justicia estaría liderando una avanzada para meterla presa.

Es más, sostuvo que sería el puntapié inicial para proscribirla de cara a las próximas elecciones, en el marco de una conspiración mediática y judicial que se daría en toda Latinoamérica como actualización de los viejos golpes de Estado.

¿En serio el drama del país en este momento es que habría un plan para dejar fuera de juego electoral a la ex presidenta el año que viene? Más allá de que siempre puede haber algún trastornado con esas ideas, a este ritmo lo que puede terminar proscribiendo a Cristina es el precio de la leche o de la carne picada.

¿Alguien de la oposición podría pensar que le convendría "voltear" la candidatura de la ideóloga de un gobierno que si sale bien parado es porque estabilizaría la inflación en 90% anual?

Pocas veces como ahora había quedado tan expuesto cómo la absorbe su mambo personal a la Jefa. Y bueno, también cómo su hombre en la Rosada la sigue ya sin más. Si existe un "dólar de pánico" cuando el temor a lo que viene es total y no tiene techo, en cualquier momento nace el "dólar nube de gases" para calcular cuál es la cotización que refleja que los líderes de un Estado están definitivamente en cualquiera en momentos ultra delicados. Ojo, no es mala: llega el "dólar NDP", ¿eh?

Portón verde intensifies

En pleno frenesí de estas tardes de revisar el celular todo el tiempo y rezar que el pronóstico de Roberto García Moritán del dólar a $ 400 siga pareciendo alocado, el ala de los técnicos del Palacio de Hacienda y el Banco Central tienen una respuesta letal: "Acá ya no hay mucha más magia para hacer, el tema es allá".

"Allá" es la Quinta de Olivos. "El tema" es la necesidad de un acuerdo sobre qué quiere hacer el Frente de Todos con el destino del país. Así de siempre y grave, nada menos.

Es 2022. La aventura empezó en mayo de 2019. No da para más. Ahora, todo parece volver muy rápido a las mismas arenas movedizas del fin de semana de la renuncia de Martín Guzmán, donde nadie más que Batakis quiso agarrar la gestión económica porque se notaba que seguía el desacuerdo originario sobre qué medidas tomar, qué costos pagar y con quiénes. Móvil de noticiero en el portón verde de la Residencia Presidencial, ya te siento.

A este ritmo se quema lo de la "tregua por susto" en la coalición oficialista. Ya se pasó de "lo bueno es que ahora hablan" al modo "no sirve para nada que hablen si no se ponen de acuerdo". Los encuentros oficiales-secretos entre Alberto, Cristina y el titular de la Cámara de Diputados, Serigo Massa, se transforman en diálogos de sordos porque en el fondo están los cálculos de los para qué.

¿Para qué agarré esto? ¿Para qué sigo? ¿Para qué lo puse? ¿Para qué lo voy a apoyar ahora si no tiene salida? ¿Para qué me voy a inmolar si puedo servir el día después del estallido?

Ése es el abismo que expone la brecha cambiaria también. Un dólar paralelo 130% más caro que el oficial recuerda que a ese nivel siempre "algo pasa".

El "para qué" de la política, ¿cómo no se va a trasladar a la actividad productiva? ¿Para qué voy a vender los granos? ¿Para qué voy a hacer la inversión ahora? Y el más nocivo de todos: ¿para qué me voy a quedar con los pesos?

Al principio, eso se traduce en un restaurante lleno. Después es un Estado sin reservas, sin crédito, sin moneda.

Castigar o incentivar

De los creadores del "volumen político" que iba a traer la llegada de Juan Manzur y Aníbal Fernández al gabinete para paliar una de las crisis anteriores, ahora llega la idea de que la reunión del Presidente con Joe Biden la semana que viene en la Casa Blanca va a traer "oxígeno financiero".

Advertencia: Biden viene de saludar al aire, leer la indicación "repetir la línea" en un telepronter, decir "honor" cuando tenía que hablar del "horror" del Holocausto y antes de mencionar a "iraníes" cuando eran "ucranianos". No lo exijan.

El update voluntarista es que desde el Salón Oval destrabe algún giro desde los organismos multilaterales. O que se ablanden las metas del Fondo Monetario Internacional. Y que todo eso se transmita como una renovación de la confianza a una administración que si pareciera que la perdió entre los propios, imaginate con los ajenos.

"Seguro le van a agrandar el arco para que no erremos como Benedetto", dice un técnico de Economía que trabaja en la próxima carta de intención con el organismo. La comparación es jodida: desde que asumió la ministra xeneize sólo hay dos verdades incontrastables: el dólar sube y el 9 de Boca no emboca los penales.

Con ese sueño de cortísimo plazo se alimenta el "aguantemos" que sugiere el ahora influyente jefe del ente monetario, Miguel Pesce, que sigue bancando que los récords de importaciones como el de junio que se informó este miércoles son "pasajeros" y que en septiembre, cuando aflojen las importaciones de energía, la cosa será distinta. ¿Septiembre? Risas.

El desconcierto vive porque mientras tanto, la discusión de fondo no está saldada sobre cómo actuar en esta tormenta que tendrá mucho de pandemia y guerra, pero que cada vez más es más autoinflingida que otra cosa.

El debate sigue intacto y es sobre cómo funciona una economía: ¿Hay que vigilar y castigar todo lo que se pueda a los especuladores que nos quieren arruinar, sean formadores de precios, operadores de Bolsa o productores del campo? ¿O se trata de dar señales, negociar incentivos y alinear los intereses de los grupos de poder de manera tal de que la cosa funcione?

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