Martin Luther King, la pobreza argentina y el juego de la silla

En un pasaje de su famoso discurso de 1963, ante el monumento a Lincoln, Martin Luther King dijo: "...En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de «fondos insuficientes». Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado...".

Creo que estas palabras resuenan para muchos argentinos excluidos que hace años viven inmersos en la pobreza

He sido espectador, y lamentablemente sigo siéndolo, de cómo muchos han intentado acceder y sostenerse en los sistemas públicos de educación, de salud, acceso a la vivienda y no han podido, afectándose contundentemente su calidad de vida y la de sus hijos. 

Hoy en la Argentina el acceso a la educación, la salud y a cuestiones vinculadas al bienestar, son un derecho, un pagaré que al igual que en el texto citado es devuelto, pero por el Estado argentino, con el sello de "fondos insuficientes". 

¿Qué puede pasar cuando las personas que buscan persistentemente respuestas a esos problemas no la encuentran? Puede llegar a generar que quienes viven sostenidamente en paupérrimas condiciones naturalicen la falta del Estado en todas sus dimensiones. 

A futuro, y si continuamos como Nación sin atender las cuestiones de fondo de la población excluida, se vislumbran índices de pobreza más grandes (más personas necesitadas y dependientes). 

Haciendo un paralelismo con el juego de la silla, quienes estamos sentados, somos los que ingresamos, permanecemos y egresamos de los sistemas educativos, accedemos a la vivienda, contamos con los beneficios del mercado de trabajo, gozamos de beneficios sociales, estamos integrados y a resguardo. A medida que avanza el juego, somos proporcionalmente menos. Por otro lado, quienes ya están fuera del juego (los excluidos), aumentan día a día, y se mantienen parados a escasa distancia de los sentados, mientras se intensifica su agotamiento. 

Raro sería esperar resultados distintos, si seguimos haciendo siempre lo mismo. Para que la vida de cada argentino tenga un recorrido digno, es necesario que el Estado encuentre consenso entre los partidos para trabajar en el mejoramiento de la educación pública como herramienta de contención, promoción y progreso efectivo, como así también mejorar los accesos y la calidad de la salud pública, la vivienda y a la justicia en respuesta a las necesidad de una población de excluidos que es cada vez mayor.

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