Tres o cuatro semanas es el primer plazo al que se refirió Donald Trump cuando tuvo que estimar cuánto podría durar el conflicto bélico con Irán. Aunque después tuvo que desdecirse y afirmar que su gobierno no se fijó plazos sino objetivos, el tiempo que mencionó no es un período calculado por el Pentágono.
Esa cantidad de días refleja la capacidad que tienen los países petroleros del Golfo Pérsico de almacenar crudo sin suspender sus operaciones. Una vez superado ese período crítico (estimado en 25 días), las refinerías deberían suspender su actividad y pondrían la oferta de crudo en estado crítico.

Estos datos forman parte de un reporte que JP Morgan distribuyó después del ataque de Estados Unidos e Israel. Tres o cuatro semanas es el tiempo máximo durante el cual puede estar bloqueado el Estrecho de Ormuz, por donde pasa la quinta parte de la producción mundial.
El escenario más temido por los inversores no es el militar, siempre y cuando sea controlado y no se extienda por semanas o meses. La crisis se desatará cuando se genere una disrupción en el suministro energético.
El estrecho comunica el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo. Su paso regula la salida de los envíos de Irán, Irak, Kuwuait, Bahrein, Qatar y Emiratos Arabes. Hoy ese flujo está cortado, y cerca de 3200 buques tanque aguardan del otro lado, porque no tienen garantías para acceder.
El régimen iraní amenaza con bombardear a cualquier barco que cruce, y la promesa de Trump de ofrecer un seguro a las navieras que cubra el riesgo bélico (los privados no lo hacen) tampoco ha resultado convincente hasta ahora. Una escolta naval militar podría ser la siguiente opción a evaluar. Hay tres semanas de por medio para resolver este dilema.
La Argentina mira este escenario desde una realidad propia. Gracias a Vaca Muerta tiene petróleo excedente y tiene gas, aunque todavía necesita GNL para cubrir los picos de consumo del invierno (para el que faltan tres meses). Pero todo su comercio exterior se va a encarecer por los fletes y el mayor costo de charteo de barcos y contenedores. En un momento en que su entramado industrial aparece amenazado por los bienes del exterior, las importaciones se volverán más caras, dando algo de respiro a los locales.
El costo de las expo también sube, con el plus de que algunas ventas se pueden caer por rutas saturadas y escasa capacidad de transporte. Todo eso sin contar que la seguridad forzaría recorridos más largos.
Para compensar algo, la devaluación de las monedas emergentes (fenómeno atado a la extensión del conflicto y por ende a la cercanía o no de una crisis de suministro de petróleo) no le cae mal a los exportadores argentinos.
Todos estos movimientos son tendencias que pueden acentuarse o revertirse. El calendario avanza inexorable, y solo resta esperar a ver qué predomina: si la tecnología militar o la política. Quedan 20 días.
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