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Los saldos del Tesoro y el BCRA serán los que marquen los tiempos del ajuste

En una semana, la Argentina estará discutiendo el rumbo prometido por Javier Milei en su discurso de asunción como Presidente. La ansiedad que hay por ese acto es inocultable, porque los compromisos enunciados a lo largo de la campaña y repetidos después del balotaje son de tal envergadura, que muchos quieren conocer el calendario que propondrá la nueva gestión para adaptar sus expectativas.

El mandatario electo no quiere que su plan sea debatido antes de tiempo, y por esa razón mantiene un hermetismo extremo sobre sus propuestas más delicadas. Primero quiere ver cuánto queda en la caja del Tesoro y en las arcas del BCRA el 10 de diciembre.

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Veamos este escenario. Una de las medidas que se esperan que sea aplicada desde el arranque de la gestión es una devaluación, porque solo depende del Banco Central. Los expertos plantean que ese ajuste no debería quedar corto en el tiempo, para evitar volatilidades posteriores. Pero también remarcan que no puede ser excesivo porque la dinámica inflacionaria actual no soportaría un rápido traslado a precios. Y acá aparece un factor fiscal: si se activa un dólar más alto para importar, habría que retirar el impuesto PAIS a la compra de bienes y servicios que fijó Sergio Massa. El problema es que este recurso hoy es uno de los sostenes de la recaudación tributaria, como quedará de manifiesto cuando se conozcan los datos de noviembre. Y en el estado actual de necesidad, el equipo que comanda Luis Caputo no está pensando en resignarlo. También habría que tener un esquema de salida para las Levid, los depósitos que hacían los exportadores y que tienen una garantía de devolución atada al dólar oficial.

Como se ve, el frente cambiario deberá aguardar un poco más de información y negociación con los agentes del sistema antes de que se aplique algún ajuste.

En lo fiscal, el espacio para avanzar de inmediato con reducciones sensibles de gasto también es relativo. Los recortes de subsidios tienen que ser la contrapartida de ajustes de tarifas, que según confirmó Milei, serán graduales y con criterio social. Lo más rápido es la baja de las transferencias discrecionales a las provincias, una movida que tiene una complicación política: afecta a aquellos que el nuevo gobierno busca como aliados para apoyar sus leyes en el Congreso.

Lo que seguramente habrá, más que un ajuste inmediato, es objetivo de déficit cero que le muestre a los inversores y al FMI que la inercia fiscal desde ahora será descendente. Y aunque parezca contradictorio, el pragmatismo obligará a que el impuesto inflacionario también siga vivo un tiempo más.

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