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Los dólares del campo no aparecen y el Gobierno frena la salida del cepo

El Gobierno se preocupa pero no se ocupa. Mira inquieto cómo las cifras de liquidación del agro caen en picada, pero se niega a poner alguna zanahoria por delante de productores y exportadores, pese a los constantes pedidos del sector.

Lo que ocurrió en abril pasado es solo una pequeña muestra del ritmo que se viene dando. La liquidación de divisas superó apenas los u$s 6400 millones, unos u$s 1200 millones más que en igual mes de 2023 -un muy mal año a raíz de la sequía-, pero quedó nada menos que un 40% por debajo del registro de abril de 2022, tal vez un año más "normal" a la hora de medir comportamientos.

A menos que algo cambie de forma rotunda, este año podría terminar con un volumen de ingreso de dólares por debajo de los u$s 30.000 millones, contra los poco más de u$s 35.000 millones del particular 2023.

Uno de los grandes resortes que podría impulsar las exportaciones es la vuelta de un dólar soja -o similar-. Es uno de los grandes reclamos del campo y fue el motor de las exportaciones del campo en el último tramo de la gestión del gobierno de Alberto Fernández. El otro punto que pide el agro es la baja o hasta quita de las retenciones.

Pero acá surge una interna. Desde la secretaría de Agricultura ven conveniente que se imponga algún tipo de incentivo, de modo de lograr mayor ingreso de dólares y, de paso, aceitar la relación con el sector. Pero esta idea choca con la visión de Economía. Este ala entiende que un dólar especial es "antinatural", por lo que no tiene razón de ser.

La apuesta oficial pareciera ser que el agro empiece a necesitar dólares para la compra de insumos y deba comenzar a vender los granos. Algo que puede pasar, pero que no terminaría por engrosar fuerte el volumen de ingreso de reservas.

Al mismo tiempo, esto choca con la posibilidad de abrir el cepo, para lo que justamente se precisa un buen caudal de dólares. No es casual que tanto el presidente Javier Milei como el ministro Luis Caputo disientan casi en forma constante sobre cuándo llegará el fin del cepo, incluso en las distintas presentaciones de cada uno.

Mucho más lejos queda la idea de bajar o anular las retenciones. Pega de lleno en la recaudación, y en épocas en las que "no hay plata" y la misión "déficit cero", una reducción del impuesto a las exportaciones implicaría casi de forma obligada tener que recurrir a otro sector para recuperar lo que se dejaría de perder en caso de que se tomara una determinación de este tipo.

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