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¡Líderes, abran los ojos! Se viene un nuevo mundo

Estamos en la antesala de una definición electoral que finalmente dará cierre a un año extenuante para los argentinos. Una definición que, sin dudas, nos pondrá frente a un nuevo ciclo en el que todos deseamos poder avanzar hacia un futuro mejor.

Lo paradójico de este escenario es que las dos principales demandas en las cuales coincide gran parte de la población que son, cambios en las estrategias político-económicas y brindar certidumbre y racionalidad; son justamente los principales déficits de los candidatos que llegaron a la recta final. Esta carencia nos interpela como sociedad ya que no hemos podido generar propuestas competitivas que, en esta instancia final, nos alienten a votar por la positiva, en vez de tener que decidir por quien no queremos que gane. "Asomándose al abismo" se titulaba una columna del nobel Mario Vargas Llosa, cuando Perú debía elegir entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori; .parece un espejo de lo que vemos hoy en nuestro país.

Mientras la agenda sigue descontando los días que faltan hasta el domingo 19, el mundo se revoluciona en todos los sentidos. Ian Bremmer nos ayuda a ordenar el presente global y detiene su mirada en la dimensión bélica que sigue bajo la unipolaridad que encabeza Estados Unidos, la marcha de la economía, el crecimiento y el comercio que poseen carácter multipolar, con nuevos actores que se suman a la conversación grande. Pero lo extraordinario es que la revolución de la tecnología ya no está en la gobernanza de los países, sino de las compañías líderes globales, esto constituye una novedad en términos geopolíticos. El factor distintivo de este momento de la historia sienta en la mesa a nuevos protagonistas.

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"La capacidad de los seres humanos se va a acelerar usando Inteligencia Artificial (IA). En el mundo ya se discute si alcanzará la energía para alimentar los nuevos modelos, sobre el alcance y la capacidad de procesamiento: la computación cuántica deja de ser una teoría de ciencia ficción. En ese contexto, los seres humanos tenemos lo más importante: las relaciones sociales y la relación de contexto, a las que las computadoras no pueden acceder", dijo hace unos días, Martín Migoya, CEO de Globant.

El epicentro del cambio, o mejor dicho de la abrumadora velocidad del cambio que estamos experimentando, son las personas. Lo que a esta altura ya nos puede sonar como un cliché, o al menos un concepto repetido, nos sigue marcando el rumbo y generando un aprendizaje efectivo. Aparecen conceptos cómo la "distancia cero" entre la oferta y la demanda que atiende la centralidad del consumidor, o la idea de una organización ágil y horizontal, que intenta dar respuesta al cómo hacerlo.

Sin embargo, la lógica y la dinámica hacia donde nos encaminamos cómo organizaciones recién se está esbozando, la vemos parcialmente, esfumada, borrosa. Por un lado, nos abruma el crecimiento de la IA de manera autónoma, con los reguladores mirando de lejos, sin determinar alcances, sin asumir poder, y como dejando que se conforme una nueva gravedad. Por otro lado, asumimos que el desarrollo es ineludible y tenemos la expectativa de que esta disrupción conforme mejores comunidades, vecindades más idóneas y empáticas.

HACIA UN NUEVO LIDERAZGO

Hay cambios profundos operando sobre el sentido del proyecto colectivo que se retroalimenta con experiencias individuales muy fragmentadas, con exceso de información y digitalización. Intelectuales de la talla de Yuval Noah Harari, el reconocido historiador y escritor israelí, describen este momento de la historia cómo una bisagra, donde la velocidad aún no deja de acelerarse, las personas experimentan un exceso de análisis y reflexión sobre sus vidas, la presión sobre aspirar a la grandeza se exacerba, las expectativas sobre la inmortalidad aumentan, todo colabora en formar un combo explosivo de ansiedad y estrés.

Más allá de lo agobiante que pueda ser pensar el momento actual, sin dudas debemos estar muy atentos al despliegue de estos drivers de comportamiento. Quienes estamos en organizaciones y conducimos equipos, sabemos lo desafiante que es encontrar y sostener dinámicas virtuosas de trabajo.

Este nuevo mundo desactiva las palancas con las cuales un liderazgo tradicional podía ejercer su función de manera eficaz y eficiente. En gran parte, esto se debe a que aquellos colaboradores que debemos guiar y conducir no son un grupo homogéneo, por el contrario, cada uno proyecta sus propias aspiraciones y requiere dinámicas particulares para sentirse motivado e incluido.

El viaje hacia el paradigma ecosistémico, sin dudas deberá enfrentar diferentes fricciones que se presentan en el camino. Fricciones entre lo que acordamos hacer y lo que podemos hacer; entre lo que sabemos realmente y lo que necesitamos saber; entre los jóvenes y los no tan jóvenes; entre lo vertical y lo horizontal; entre lo digital y lo analógico, entre lo formal y lo informal.

Doble esfuerzo para las empresas, cuando más allá de meros planificadores, los líderes de las compañías deben evolucionar hacia un liderazgo colaborativo. Estamos pasando de una era de líderes individuales a otra de equipos de liderazgo en red que dirigen la organización. Este nuevo modelo tiene un propósito y un enfoque claro: beneficiar a todas las partes interesadas al permitir las 3C (colaboración, co-creación y conocimiento) para construir y operar un sistema para la creación de valor en constante evolución.

Este dilema sobre la reconstrucción de los nuevos liderazgos que repensamos insistentemente en las empresas para mejorarnos, en la dirigencia política actual no está, no figuran. No hay una voluntad de superación, están en un diálogo de sordos, en una campaña en la que el ganador es quien descoloca al adversario, no en el que tiene la respuesta para las demandas de la ciudadanía. ¿Cómo hacemos para avanzar hacia un futuro mejor con una dirigencia política que prefiere no interpelarse? Hay una manera, con nuestro voto.


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