Zoom Editorial

Es difícil llegar a las causas de la inflación si vamos en un auto con dos volantes

Es difícil ver un horizonte de moderación en materia de inflación. La suba de precios puede responder a más de una causa, como asegura Martín Guzmán, pero el Gobierno por ahora está más concentrado en contener sus efectos sobre el poder de compra de los asalariados, que intentando aplacar las razones de fondo que le dan vida a esta enfermedad crónica de la Argentina.

Un plan antiinflacionario probablemente no tenga efecto inmediato. Pero su ausencia le quita credibilidad al resto de las acciones oficiales. Es como construir un edificio sin mostrar los planos, confiando solo en el oficio de los que ejecutan la obra.

El ministro Martín Guzmán ha señalado, en varias ocasiones, que el Presupuesto es la hoja de ruta de su gestión. Y si bien hay una licuación del gasto público causada por la inflación que le permite tener un mejor balance fiscal al esperado, nada de esto aparece explicitado ante los inversores o los tomadores de decisiones.

Las empresas no tienen margen de proyectar a mediano o largo plazo, ya que el Estado solo está ocupado por controlar su día a día. Les piden certeza sobre sus precios (los bienes que van a ser incorporados en el plan que reemplazará a Precios Máximos tienen que tener su valor impreso en la etiqueta durante seis meses) pero no les entregan nada a cambio. 

La inflación calculada en el Presupuesto (el plan de Guzmán) quedó totalmente desfasada con la realidad. El Gobierno no puede asegurar si obtendrá todo el financiamiento necesario en el mercado o deberá apelar otra vez a la emisión; si acordará con los organismos multilaterales una refinanciación de la deuda o deberá pagar con reservas, lo que podría causar nuevas restricciones para acceder al mercado cambiario; si cumplirá sus metas de tipo de cambio, imprescindible para todos aquellos que deben operar con insumos importados, o dejará otra vez al sector privado en manos de la brecha.

Todas estas incógnitas hacen que los precios de la economía se conviertan en un sube y baja en el que las proyecciones se vuelven tan relativas que dejan de ser proyecciones. La ansiedad remarcadora de los empresarios no es la causa de la aceleración inflacionaria, como suele sostener el Presidente, sino la consecuencia de una política que pone el foco en lo accesorio en lugar de hacerlo en lo esencial.

Subir las retenciones, cerrar las exportaciones, fijar precios máximos, obligar a fabricar a pérdida, congelar las tarifas (para los hogares, no para las empresas) son fórmulas que pretenden lograr que el valor de los bienes no aumente. Si pese a este cúmulo de decisiones y con todo el poder de control del Estado, la inflación avanza igual, es hora de aceptar que hay razones que no están siendo atacadas. Será difícil llegar a ellas si vamos en un auto con dos volantes.

Tags relacionados

Las más leídas de Columnistas

Noticias del día

Compartí tus comentarios

Formá parte de El Cronista Member y sumate al debate en nuestros comentarios