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Las tensiones geopolíticas, la inflación persistente al alza y el déficit fiscal en EE.UU. provoca tensión sobre el mercado de renta fija a nivel global.

Esto representa un viento de frente para la deuda soberana argentina y sobre el tipo de cambio. Qué miran los analistas en medio de la tensión financiera global.

Presión alcista en las tasas

Las tasas a nivel global vienen subiendo con fuerza, alcanzando máximos multianuales, lo que pone presión a todo el mercado de renta fija mundial, incluidos los títulos de deuda soberanos argentinos

El mercado mira con preocupación el rally en los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 años, el cual alcanzó su nivel más alto desde junio de 2007.

El resurgimiento de los temores inflacionarios está elevando los costos de endeudamiento público en todo el mundo, y la rentabilidad de muchos bonos a largo plazo ha alcanzado máximos de varias décadas.

El avance en las tasas en EEUU se produce tras conocerse que el déficit fiscal estadounidense se disparó a u$s 432.300 millones en julio, su cifra mensual más alta desde marzo de 2021, lo que eleva el déficit acumulado en lo que va del año a casi u$s 1,8 billones.

Los intereses pagados para financiar la deuda nacional, que asciende a casi u$s 40 billones, le han costado al gobierno alrededor de u$s 1,2 billones este año.

En cuanto a la inflación, las últimas lecturas han mostrado bajos niveles de aumento general de precios en junio y julio, pero la tasa anual se mantiene muy por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal.

La deuda pública también se ha visto afectada por las continuas tensiones en Oriente Medio.

Los precios del petróleo subieron al expirar el lunes el plazo de 60 días para que Estados Unidos e Irán alcanzaran un acuerdo de paz, y según los medios estatales, Irán descartó la posibilidad de una prórroga.

La rentabilidad del bono japonés a 10 años alcanzó su nivel más alto en 30 años.

La rentabilidad del bono alemán a 30 años llegó a su nivel más alto desde 2011, mientras que la del bono del gobierno francés a 30 años subió hasta alcanzar un máximo posterior a 2008.

La tasa de los bonos del gobierno británico también aumentó.

Impacto local

El reciente empinamiento de la curva de rendimientos de Estados Unidos representa un viento de frente para los bonos soberanos argentinos en dólares.

La presión se concentra en el tramo largo de los Treasuries, con la tasa a 10 años en torno al 4,7% y rendimientos todavía mayores en los vencimientos más extensos.

Dado que la tasa exigida a la deuda argentina se construye a partir de la tasa libre de riesgo estadounidense más el spread soberano, una suba de los Treasuries eleva automáticamente el rendimiento requerido a los bonos locales y presiona a la baja sus precios, especialmente en aquellos de mayor duration.

El movimiento también eleva la vara para que Argentina pueda seguir comprimiendo el riesgo país y recuperar plenamente el acceso al mercado internacional de deuda.

Con tasas estadounidenses más elevadas, el spread argentino necesita caer todavía más para compensar el aumento de la tasa base y permitir una apreciación adicional de los bonos.

En este escenario, una eventual mejora de los activos argentinos dependerá cada vez más de factores domésticos —como la acumulación de reservas, la situación fiscal y la percepción sobre la capacidad de pago— que permitan una compresión del riesgo país suficientemente fuerte como para contrarrestar el deterioro de las condiciones financieras internacionales.

Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, alerta que la presión al alza de las tasas globales sigue jugando en contra de la deuda local.

“El Riesgo País se aleja de los 400 puntos de hace semanas atrás para operar en la zona de 470 puntos, ante un mix de contexto externo volátil y un menor ritmo de compras del BCRA en el MULC”, detalló Franco.

En cuanto a los drivers que moverán los activos locales, Franco resalta que, además de las tasas internacionales, los términos del intercambio y la dinámica del BCRA en el MULC, factores que incidan en el humor social como aquellas vinculadas a empleo y salario real irán ganando en importancia relativa para los inversores a medida que se acerque el ciclo electoral 2027.

Adrián Yarde Buller, economista jefe de Facimex Valores, también remarca la importancia del factor local a la hora de explicar los movimientos de la deuda local.

“El trade de normalización en Globales estará condicionado por la dinámica de los indicadores de confianza y aprobación”, dijo Yarde Buller.

Mirando a los bonos y al dólar en Argentina

El escenario de volatilidad en los bonos implica un factor de riesgo para la renta fija local.

La curva de rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos muestra en el último mes un empinamiento significativo, explicado casi exclusivamente por una suba de las tasas en los tramos medios y largos.

Lo que se observa es que las tasas de muy corto plazo prácticamente no cambiaron —e incluso registraron leves bajas en algunos vencimientos—, el Treasury a 5 años subió cerca de 9 puntos básicos, el de 7 años unos 12 pb, el de 10 años alrededor de 16 pb y los rendimientos a 20 y 30 años avanzaron más de 20 pb.

Actualmente, el rendimiento de los bonos a 2 años se ubica cerca de 4,17%, frente al 4,71% del rendimiento del bonos a 10 años y aproximadamente 5,30% del título a 30 años.

Por lo tanto, el mayor avance en las tasas se ha evidenciado en los tramos más largos de la curva, mientras que el tramo corto y medio se ha movido con menor volatilidad.

Para el dólar en Argentina, el empinamiento de la curva de tasas de Estados Unidos también representa un factor potencialmente negativo, aunque el vínculo es menos directo que en los bonos.

Tasas largas más elevadas en Estados Unidos aumentan el rendimiento de los activos considerados libres de riesgo y pueden reducir el atractivo relativo de las inversiones en mercados emergentes.

Si ese movimiento deriva en una mayor aversión global al riesgo, podría generar salida de capitales, menor demanda por activos argentinos y una mayor búsqueda de cobertura en dólares, agregando presión sobre el tipo de cambio. De hecho, la suba reciente de los rendimientos globales ya está generando presión sobre algunas monedas emergentes.

Sin embargo, el impacto sobre el dólar argentino dependerá principalmente de los factores domésticos.

La oferta de divisas, la acumulación de reservas del BCRA, las tasas reales en pesos y la demanda privada de cobertura continúan siendo determinantes para la dinámica cambiaria.

Por eso, una suba de los Treasuries no implica automáticamente un salto del dólar, pero sí deteriora el contexto financiero externo y reduce el margen para sostener estrategias de carry trade ya que si aumenta la percepción de riesgo y los inversores exigen mayores retornos para permanecer en activos argentinos, puede crecer el incentivo a dolarizar carteras.

En ese sentido, tasas internacionales más altas funcionan como un viento de frente adicional para el peso.

Los analistas de Max Capital consideran que el efecto en promedio para Argentina es sutil, y debería favorecer a las monedas y los bonos, pero muy en el margen.

“Si bien hay una baja de tasas de unos 9pb en la parte corta y 7bp en la de 10 años, eso también se da después de subas de casi 50pb en el año. Tasas cortas más bajas estos días deberían darle algo de soporte al Peso en el margen”, indicaron.

De cualquier manera, resaltan que el efecto del movimiento de tasas debería ser sutil para la moneda y activos locales ya que el peso es una moneda menos expuesta a vaivenes globales.

“Para argentina el 20% a 30% de su variación es por factores globales, comparado con por ejemplo el peso mexicano, donde es 70%. Además, un cambio chico en la tasa, dado que el cambio en la tasa terminal esperada ha sido muy chico, en todo caso postergando potenciales subas”, indicaron.

En cambio, para los bonos, desde Max Capital entienden que las tasas largas son más importantes.

“Para los bonos es más relevante el impacto del cambio en la aversión al riesgo y el apetito por tomar riesgo, y eso ha sido leve pero positivo en estos días, generando contracciones de spreads de unos 5pb en promedio. Un efecto pequeño”, dijeron.

Eric Ritondale, economista jefe de Puente, también considera que el desplazamiento a la baja en la curva de tasas de Estados Unidos tras los recientes datos de empleo e inflación genera un impacto con matices para los activos argentinos.

A su vez, coincide con los analistas de Max Capital al adviertir que por el lado del mercado cambiario, el efecto resulta marginalmente positivo.

“Un contexto de menor presión sobre las tasas de la Reserva Federal le quita fuerza al dólar a nivel global, lo que contribuye a fortalecer a las monedas de mercados emergentes, favoreciendo la estabilidad cambiaria impulsada por el Banco Central”, dijo.

Por otro lado, y en relación a la renta fija y el riesgo país, Ritondale agregó que el impacto es bastante tenue.

“La mayor probabilidad de que la Fed mantenga las tasas sin cambios impactó principalmente en las tasas más cortas del Tesoro estadounidense (como el rendimiento a 2 años). Sin embargo, las tasas de más largo plazo, que son las que inciden sobre los bonos soberanos de mayor duration, no mostraron una compresión equivalente, por lo que el impacto fue muy limitado”, sostuvo.

Mirando a la Fed

Si bien suben las tasas, existen ciertas señales positivas a mediano plazo que podrían favorecer a la renta fija local.

Entre ellos, las expectativas de que la Fed no tenga que subir la tasa hacia adelante.

Los informes de inflación de EE. UU. publicados la semana pasada mostraron una moderación en las presiones inflacionarias interanuales, lo que llevó a los operadores a reducir sus expectativas de subidas de tipos por parte de la Reserva Federal.

Según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., el crecimiento del índice de precios al consumidor (IPC) general se desaceleró al 3,4 % en julio, desde el 3,5 % de junio, mientras que el crecimiento del IPC subyacente se moderó al 2,5 % desde el 2,6 %. Las medidas correspondientes del índice de precios al productor (IPP) también se moderaron en julio.

Las actualizaciones sobre la inflación se produjeron tras un informe de empleo no agrícola de julio inesperadamente débil, y los indicadores en conjunto sugieren cierto margen de maniobra para que la Reserva Federal mantenga los tipos de interés sin cambios y espere a obtener más datos.

Los inversores reaccionaron en consecuencia, reduciendo sus apuestas a una subida de tipos por parte de la Reserva Federal en septiembre.

Según la herramienta CME FedWatch, la probabilidad de que el banco central mantenga su política monetaria sin cambios el próximo mes se sitúa actualmente en torno al 67%, frente al 55% de hace una semana.

Natalia Martin, Research de PPI, entiende que el escenario luce positivo para la renta fija argentina.

“El combo de un dato de empleo más débil de lo esperado, que refuerza las expectativas de recortes de tasas por parte de la Fed, junto con un dólar más débil y una inflación más contenida, desplazó a la baja los rendimientos de los Treasuries y configura un escenario claramente favorable para el segmento emergente/distressed. El fundamento pasa por un menor costo de financiamiento en dólares y una mejora en el apetito global por riesgo”, consideró.

Sin embargo, más allá de este contexto externo más favorable para emergentes, Martin entiende que los drivers locales son los más importantes.

“No podemos descartar el componente idiosincrático, que continúa condicionando la dinámica de la deuda soberana argentina en dólares. Por su parte, la debilidad global del dólar también suma presión apreciatoria sobre las monedas emergentes, incluido el peso argentino, aunque en la dinámica del tipo de cambio oficial continúan predominando los factores idiosincráticos”, afirmó.