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El riesgo de hablarle a un mundo binario y menos paciente con la Argentina

Al CEO global de una compañía que opera en el país hace más de 50 años no le interesa demasiado que le reporten cada tres meses los vaivenes del peronismo o las internas de la oposición. Se conforma con saber si la Argentina está un paso más cerca o más lejos de Venezuela.

Con la notificación que hizo ayer la Cancillería, anunciando el abandono del Grupo de Lima, la noticia que leerá el mundo será "un paso más cerca". Como suele suceder en el terreno diplomático, no se trata de una postura lineal. El foro promovió activamente la salida de Nicolás Maduro del gobierno de Venezuela, y sumó a sus filas a Juan Guaidó, el principal referente de la oposición. Alberto Fernández nunca se sintió cómodo con sus posiciones, pero tampoco quiso ejecutar un respaldo abierto a la gestión del venezolano. Por eso el comunicado oficial indicó que la Argentina era partidaria de un diálogo inclusivo que permita realizar elecciones "aceptadas por la mayoría con control internacional".

En una lectura más fina, lo que plantea el gobierno argentino no está lejos de la posición que defiende Joe Biden, el actual jefe de la Casa Blanca, que hasta ahora ha mostrado una política menos agresiva hacia Venezuela que su antecesor. EE.UU. cree que debe haber una "solución negociada" con Maduro y elecciones presidenciales "libres y justas".

El problema para la Argentina es que el mundo tiene lecturas más binarias. Es por eso que este tipo de mensajes tienen que tener un contexto más explícito, que no deje las palabras inmersas en una sombra. Si ese posicionamiento no está a la vista, los responsables de tomar decisiones económicas asumen que hay diferencias internas que no le permiten al Ejecutivo ser más claro en este tema.

Cristina Kirchner dio un paso similar, al plantear que el FMI debe darle a la Argentina un acuerdo de mayor plazo y menor tasa de interés, porque el país "no tiene la plata para pagar".

La Vicepresidenta aclaró que no promueve un default, sino que la comunidad internacional tenga una suerte de gesto amigable con la Argentina. Su declaración vino un día después de que Martín Guzmán hablara con la titular del Fondo, Kristalina Georgieva, y en paralelo al diálogo del Presidente con David Malpass, titular del Banco Mundial.

La declaración también es posterior al anuncio hecho por el Fondo, de que promoverá una capitalización de u$s 650.000 millones, que pondrá u$s 4350 millones en las reservas del Banco Central sin hacer otro esfuerzo que votar esta medida en el directorio.

Cargar contra el FMI en medio de una negociación puede ser una estrategia (difícil de explicar en Washington, sin duda). Pero Cristina debería tener presente que, en la lectura binaria que hace el mundo, la Argentina hace décadas que desperdicia oportunidades. La respuesta tiene que venir de adentro, no de afuera.

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