Si hay un factor que los consultores no tomaron en cuenta en sus proyecciones de 2025, fue la capacidad de reacción que podrían mostrar algunos sectores de la economía después de meses de incertidumbre política, que se cortaron con el triunfo de Javier Milei en las legislativas de octubre.
Hasta ese mes, la proyección de 4,6% para el año que hacía el FMI parecía excesivamente optimista. Con el diario de ayer y los datos del EMAE de diciembre ya publicados, quedó demostrado que no lo era tanto.

El crecimiento de 1,8% contra noviembre no estaba en los planes de nadie. Las estimaciones de los analistas en su mayoría ubicaban ese dato por debajo de 1%, en virtud del mal desempeño que había tenido la actividad en los meses previos.
Esa recuperación, sin embargo, estaba sucediendo. A esta altura no hay duda de que el envión principal lo aportó el campo, gracias a los notables resultados de la cosecha fina (en particular el trigo). En los datos del Indec el sector Agricultura mostró un crecimiento anual de 32%. La pregunta que vale poner sobre la mesa es por qué pasó tan por debajo del radar, como para que quedara afuera de los cálculos del REM que procesa el Banco Central.
Así como la recuperación de diciembre llegó casi sin ser advertida, el otro fenómeno que cuesta ponderar en el análisis cotidiano es dónde ocurre esta mejora. Dios atiende en Buenos Aires, ya lo sabemos. Y la mayoría de los sectores que están reaccionando al actual escenario económico están lejos de los centros de análisis.
Sobre el agro no hace falta hablar demasiado. La pelea entre EE.UU. y China le vino bien, porque Beijing derivó compras de bienes primarios a mercados como la Argentina y Brasil. Y acá hay que decirlo: la baja de las retenciones del 2025 ayudó. Para este año el panorama es igual de positivo, y eso incluso alienta a algunas automotrices a retomar la producción de pick ups. La industria frigorífica también está ilusionada por la puerta que abre Estados Unidos.
Las mineras confían en dos herramientas determinantes: la extensión del RIGI (decretada el mismo día que se discutió la reforma laboral) y la reforma de la ley de Glaciares, que debería ocurrir hoy en el Senado.
Esta vez los gobernadores están dispuestos a apostar por este sector y serán quienes contribuyan a que el Congreso haga su parte. De hecho, con esa reforma bajo el brazo acompañarán al Presidente al road show inversor que JP Morgan montó para la Argentina el 10 y 11 de marzo en Nueva York.
Hablar de Vaca Muerta ya es casi redundante. Pero no hay que pasar por alto que la obra de gasoducto para exportar GNL y la ampliación de Puerto Rosales en Río Negro aportan reactivación local.
Con industria y comercio como grandes sectores rezagados, donde menos se verá esta impulso es en el área metropolitana. ¿Y la construcción? Este año al menos se ejecutarán todas las obras de las rutas licitadas por peaje. Y si los dólares del colchón dinamizan un poco más el real estate, la suerte puede cambiar. Va a ser un proceso dispar y heterogéneo. Pero 2026 encadenará el tercer año de PBI en alza.
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