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El Fondo quiere que entren más dólares para asegurarse el cobro de la deuda

Si Alberto Fernández pretende que la convocatoria al diálogo que hizo después de perder las elecciones legislativas, junto con el compromiso de acelerar las discusiones con el FMI, se convierta en una señal positiva para la economía, tendrá que mostrar algo más que palabras.

Lo del domingo pasado tuvo gusto a poco. Sobre todo porque fue parte de un discurso en el que el Presidente "celebró" una derrota electoral. Ese objetivo quedó más alejado luego del acto en Plaza de Mayo en el que Fernández, además, puso el foco en 2023, hablando de las internas del Frente de Todos y reviviendo la chance de ir por una reelección, que con el escenario de hoy es altamente improbable.

El Presidente se comprometió a enviar al Congreso un programa plurianual, que será la base del acuerdo con el organismo. Pero para hacerlo primero debe haber un entendimiento previo con el staff del Fondo. No habrá ley sin un consenso con Washington, que sabe que no tiene sentido discutir si el oficialismo se va a escudar detrás de un conjunto de proyecciones con el argumento de que tienen el aval legislativo.

Martín Guzmán confirmó el último viernes que el plan debe reflejar algún grado de entendimiento, y que la idea es que pueda estar definido en diciembre. Eso no implica que haya acuerdo a fin de año, ya que el directorio demandará tiempo para su análisis. El Banco Central, por las dudas, remarcó en su Informe de Política Monetaria que el objetivo oficial es tener todo listo antes de marzo. Eso implica que el margen de tiempo para que actúen el Congreso y el directorio del Fondo abarca dos meses: enero y febrero.

Con este cronograma, lo que queda a la vista es que el pago que está agendado para diciembre, de alrededor de u$s 1800 millones, deberá ser cubierto con los DEG que el propio Fondo aportó en agosto. Eso implica empezar el 2022 con reservas aún más delgadas, y por eso sería conveniente que el equipo económico pueda definir (y acordar con el ) un esquema cambiario antes de fin de año. Si se consigue esa meta, el mercado agradecerá atravesar las fiestas de fin de año con un menor margen de incertidumbre. El BCRA confía en la cosecha de trigo como de divisas a lo largo de diciembre.

En el corto plazo, el objetivo no es el cepo sino la brecha. El cerrojo se podrá abrir para aquellos que generen inversiones o exportaciones excedentes. Será un mecanismo administrado, y por lo tanto arbitrario.

La brecha es más difícil de resolver, porque 65% está originada en los impuestos que le aplicó el Estado a la compra de dólares para atesorar. El Fondo pide que la Argentina defina un esquema que contribuya a que los dólares entren, no que se vayan. Porque su interés ahora es cobrar la deuda que le quedó de la gestión Macri. Algo que se cumpla, y que no sean solo palabras.

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