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Dilema Milei: bajar obras en provincias mientras negocia con gobernadores

El mundo financiero respira más tranquilo desde que Javier Milei abrió la puerta al pragmatismo. Lo que el presidente electo quiere es abatir para siempre la inflación y abrir un camino de crecimiento. Si en esa senda la dolarización o el cierre del BCRA se vuelven metas secundarias, no será un problema. La oferta de políticas, por definición, siempre se adaptará al mercado. Bajo ese mantra, las combinaciones posibles de política económica se vuelven mucho más flexibles.

Sin embargo, en este camino hay límites ineludibles. Conseguir gobernabilidad es, hasta el 2025, un mandato esencial. Si la elección de medio término aporta nuevas fuerzas se podrá avanzar en reformas más ambiciosas. Pero hasta entonces, el apoyo de legisladores aliados y opositores, y en especial de los gobernadores, será cuestión de vida o muerte.

En este escenario, lo que los analistas perciben como un poco más borroso es el empalme de políticas orientadas a conseguir los objetivos fiscales, por un lado, y el ensamble de los funcionarios que deben coordinarlas. Es cierto que faltan poco menos de dos semanas para el cambio de gobierno. Pero sería ideal contar con alguna previsión, para que la formación de expectativas no dependa tanto del envión que le aplicará el economista en el discurso inaugural del 10 de diciembre.

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El futuro gobierno tendrá que preparar un nuevo presupuesto 2024, donde incluya los recortes de gasto que necesita para borrar el déficit primario. Con los números actuales, se necesitará ajustar por lo menos 3%. Milei computa otros dos puntos de rojo financiero, y diez puntos de cuasifiscal, en manos del BCRA. Su obsesión por las Leliq pasa por el hecho de que son la palanca que le permitirá cumplir dos tercios de lo prometido con el plan motosierra.

Uno de los rubros apuntados es la obra pública que se ejecuta en las provincias con financiamiento de la Nación. Según el Iaraf, las transferencias no automáticas representan 5,7% del gasto primario y 23% del objetivo macro. El punto es que ese recorte golpea en la línea de flotación de todos los gobernadores, muchos de los cuales son aquellos cuyo apoyo legislativo busca el futuro gobierno.

Con Luis Caputo orientado a priorizar los problemas del BCRA, las cuentas fiscales no tienen dueño a la vista. No hay presidente nominado del BCRA. Mucho menos secretario de Hacienda. El ministro del Interior, Guillermo Francos, trabaja sobre lo político. ¿Tendrá en cuenta por dónde pasará la tijera o su trabajo será manejarla? Si el plan fiscal requiere algún cambio impositivo, para que rija el año entrante debe aprobarse sí o sí en diciembre. Mucha tarea para un equipo que se conoce poco y tiene que salir a ganar desde el arranque.

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