ANÁLISIS

Contorsiones en la danza entre pesos y dólares

Desde 1970 a la fecha el tipo de cambio real promedio del peso argentino/dólar estadounidense expresado a precios de julio de 2022 es de 161 $/u$s. Si, alternativamente, se usase el promedio de 1997 hasta ahora, esa relación sería 143. Ello ubicaría a la actual relación peso - dólar oficial en valores no demasiado alejados de los guarismos de los promedios históricos. También marcaría que los tipos de cambio alternativos -CCL, blue u otros- tendrían una importante subvaluación del peso en términos reales.

Sin embargo, el tipo de cambio real $/u$s ha tenido y tiene notables fluctuaciones a lo largo del tiempo. Hubo momentos de un peso sustancialmente más devaluado que ahora así como otros, más largos, de moneda apreciada. Si bien hay varios factores que explican esas variaciones, podemos asignar un rol importante a elementos asociados a la incertidumbre sobre la economía local, desde las presiones inflacionarias contenidas, los movimientos de capitales hasta el diseño mismo del mercado de cambios. También a dudas sobre la dirección de política y eficiencia en el funcionamiento general de la economía.

Tal como ocurrió en otros lados y momentos en el mundo, la existencia del bimonetarismo en Argentina se corresponde con esas variaciones. Simultáneamente su presencia, determina en la elección de la moneda que va a cumplir con las funciones fundamentales. Pero la manera que este proceso se desarrolla no es neutra respecto de las causas que lo generan, ni tampoco de las consecuencias que produce. Por ejemplo, un desbalance en el sistema monetario local o restricciones burocráticas al funcionamiento económico lleva a que los agentes económicos busquen alternativas para la concreción de todo tipo de transacciones. Ello suele llevar a situaciones no óptimas para desarrollar el potencial económico. La misma inflación de precios en moneda local tiene consecuencias adversas sobre los ingresos e inversiones productivas.

"Picos" y "valles"

Metodológicamente, para construir la serie larga del tipo de cambio real bilateral ARS/USD se utilizan las tasas de inflación minoristas de ambos países y el tipo de cambio nominal ARS/USD que publica el BCRA. En períodos de tipos de cambio múltiples, es el promedio de los distintos tipos oficiales según la cotización del tipo de cambio vendedor del Banco Nación.

Si bien peso-dólar oficial actual no está demasiado alejada de los guarismos de los promedios históricos, los tipos de cambio alternativos, en niveles de $ 320 - $ 330 reflejan una importante subvaluación del peso en términos reales. De esta visión se desprendería que, si la tendencia hacia el "equilibrio" se acercara a la media histórica, la devaluación del peso en los mercados cambiarios alternativos sería inferior a la inflación futura.

En el recorrido histórico hubo una importante dispersión alrededor de la media. Ello puede verse midiendo la distancia entre breves picos y amplios valles que conforman el promedio referido. Entre los primeros se destacan una relación a precios de julio de 2022 de $/u$s 525 en febrero de 1976 o 657 en mayo de 1989. Entre 1991 y 2001 se nota poca fluctuación, alrededor de un promedio en $/u$s 93. Luego de la salida de la "Convertibilidad", el punto de mayor depreciación del peso fue 303 en mayo de 2002. Ese episodio fue seguido de una constante y persistente apreciación real del peso, llegando a niveles de 96 en noviembre de 2015.

Las ocasiones en que hubo "valles" estuvieron signadas inicialmente por la conjunción de mejoras en los precios o volúmenes de las exportaciones locales, con un aumento en ingresos de capital privado articulados sobre la superación de desequilibrios internos. Ello fue producto de acciones en materia fiscal, monetaria y estructural. Sin embargo, las situaciones no se sostuvieron a lo largo del tiempo y se recurrió a mayor endeudamiento con el exterior para financiar subsecuentes desequilibrios en las cuentas públicas. En simultáneo, ello, temporariamente, también permitió sostener deficiencias en las cuentas externas. En contraste, los "picos" estuvieron marcados por la cristalización de condiciones externas adversas, sumadas a severas dificultades para financiar desequilibrios locales que se pretendieron enfrentar con débiles propuestas políticas de estabilización y crecimiento sostenible de la economía.

Varios países, en diversos momentos, se enfrentaron con importantes desequilibrios acumulados en sus sistemas monetarios, fiscales y cambiarios en combinación y un contexto poco propicio para lograr un crecimiento sostenible. Cuando las autoridades recurrieron a políticas que buscaban evitar soluciones que implicaran asumir costos iniciales, las fallas terminaron manifestándose en elevada y creciente inflación. En ese contexto, las restricciones cambiarias como mecanismo defensivo, llevaron a que la población usara monedas alternativas.

Ello naturalmente deriva en una escalada de los tipos de cambio alternativos y la pérdida de poder adquisitivo de la moneda del país. Una reacción a esta evolución de los tipos de cambio es sancionar a pseudo-infractores que operan en mercados no oficiales. Sin embargo, más allá de algunos efímeros resultados, este tipo de medidas no solo no terminaron de lograr su propósito, sino que también produjeron efectos contraproducentes; mayor inflación y depreciación de la moneda, ineficiencias crecientes en la producción de bienes y servicios y mayor informalidad. El uso de monedas alternativas (reconocimiento de dolarización parcial) ayuda a mitigar efectos negativos sobre la actividad económica en comparación con un proceso de dolarización basada en la salida de capitales.

La misma lógica puede pensarse en sentido positivo. Es decir, generando condiciones que satisfagan los fundamentos para que la moneda local sea valorada a través de políticas de estabilización con crecimiento sostenible. La demanda por dinero tendría sustento y sería natural para un espacio común. Los pilares se derivan de decisiones de política que le den solidez y no estén expuestas a repentinos cambios de rumbo.

La transición hacia un sistema normalizado y competente implica reconocer que es necesario y conveniente convivir con un esquema bimonetario, en el que, a lo largo del tiempo, la moneda buena (local) va desplazando a la alternativa. Sin embargo, es necesario reconocer que esa misma transición implica desarmar complejas relaciones económicas actuales para encausar el proceso a una salida sostenible.

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