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Camino al orden fiscal: la inflación solo hace una parte del trabajo

A ningún argentino se le escapa lo doloroso que es el impacto de la inflación en los bolsillos, sobre todo cuando se acerca riesgosamente a un nivel de 90% anual, como sucede este año. Pero a los economistas tampoco les pasa por alto el hecho de que el impuesto inflacionario es, en simultáneo, un aliado silencioso del Estado en momentos de crisis. Para que esta coyuntura no contribuya a agravar el problema, hace falta una decisión política: impedir que el impulso que reciben los ingresos por el aumento nominal de los precios sea usado para dar rienda suelta al gasto.

El resultado fiscal del Tesoro correspondiente al mes de julio da cuenta de un fenómeno no menor: después de nueve meses de suba, el gasto primario registró una baja real (descontado el efecto de la inflación) de 5,3%. En paralelo, los recursos tributarios se incrementaron 6,9% de manera real. La foto deja un déficit primario inicial de apenas $ 1945 millones, que llega a casi $ 76.000 millones con la metodología que permite el FMI (computando como ingresos solo una parte de la renta de los bonos que están en manos del sector público).

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Cuando se miran las planillas, varios rubros del gasto tienen incrementos sensibles, aunque la mayoría no supera la variación anual de precios, que en julio fue de 71%. El caso paradigmático son los subsidios económicos, que crecieron 64% (un par de puntos por encima de las erogaciones corrientes). La excepción la componen las prestaciones de la seguridad social, que le ganaron levemente a la inflación, y el pago de remuneraciones, que trepó a 87%.

Otro dato para mencionar es que este cuadro fiscal es parte de la efímera herencia que dejó Silvina Batakis en su gestión al frente del Palacio de Hacienda, que se extendió a lo largo de todo el mes de julio y principios de agosto, momento en que Sergio Massa se hizo cargo del superministerio y designó a su equipo.

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Está claro que además de la inflación, el ingreso que ayudó a acortar la brecha fiscal fue la renta que dejan los títulos públicos. En total, sumó casi $ 120.000 millones, aunque cerca de $ 74.000 millones no pudieron ser contabilizadas para el déficit que mide el FMI.

Con toda esta ayuda, lo que habrá que ver ahora es el comportamiento de agosto. Massa quiere mostrarle al Fondo, a comienzos de septiembre, un sendero de cumplimiento de la meta de 2,5% (lleva 1,1% en siete meses). Para eso implementó una absorción de partidas que le permitirá restar al Presupuesto 2022 $ 210.000 millones. Por ahora son solo números. Pero sin ellos, las expectativas que retroalimentan la inflación no desaparecerán.

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