Venezuela, el país que consigue nublar la relación de Argentina con el mundo

El brasileño Jair Bolsonaro fue uno de los escasos mandatarios que retrasó todo lo posible el saludo a Joe Biden, después de que fuera electo como presidente de los Estados Unidos. Su cercanía con Donald Trump lo llevó a cometer un error político que sus diplomáticos tendrán que sobrellevar a la hora de encausar la relación de su país con la Casa Blanca. Pero al menos cuentan con algo a favor: a EE.UU. le interesa tener una buena relación con Brasil, la nación económicamente más poderosa de Sudamérica.

La Argentina atravesó en estas horas una situación con componentes similares, a partir de las cuestionadas elecciones parlamentarias desarrolladas en Venezuela. No hay un paralelo con lo sucedido entre Brasil y EE.UU, pero si surge un elemento recurrente: el gobierno de Nicolás Maduro es el único que consigue alterar los lineamientos de la política exterior de Alberto Fernández, porque su supervivencia es un tema central para el kirchnerismo.

Una quincena de países de la región –incluidos Brasil y Chile- así como Estados Unidos y la Unión Europea, plantearon que el resultado de las elecciones carece de legitimidad, porque no tuvo las garantías suficientes, y sobre todo porque tuvo un ausentismo récord de 70%.

Ni la Cancillería ni la Casa Rosada hicieron algún tipo de comentario. Ni siquiera optaron por hacer algún subrayado parcial que sirva para marcar una diferencia. No hace falta seguir la posición de la Casa Blanca, que calificó al acto electoral como una "farsa" y reiteró que sigue reconociendo a Juan Guaidó, el titular de la Asamblea Legislativa, como autoridad legítima. Pero la Argentina no es Brasil: necesita más el apoyo de la comunidad internacional que el principal socio del Mercosur, con lo cual sus mensajes reciben otra atención.

Hay una cuestión que le aporta complejidad. La elección es una expresión democrática, de la que un sector de la oposición venezolana decidió no participar como forma de boicot político. Eso implica que el comicio en sí puede superar parte de los cuestionamientos. Pero hubo decisiones previas que le quitaron transparencia al proceso. El resultado es más parecido al proceso presidencial de 2018, en el que Nicolás Maduro ganó con 52% de abstenciones.

Alberto Fernández ya mostró críticas al régimen de Venezuela, al avalar el durísimo informe sobre violaciones a los derechos humanos de la comisionada de la ONU, Michelle Bachelet. Esa postura fue pública y es la referencia más asertiva sobre Maduro que ha emitido el gobierno argentino. El silencio de estas horas suena a un empate de cara a las diferencias internas. El chavismo tendrá ahora el control de todas las instituciones, con lo que no cabe esperar cambios para los venezolanos, ni para los que padecen el día a día ni para los cientos de miles que emigraron en busca de un mejor destino.

 

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