ENFOQUE

Los 4 acuerdos de la comunicación asertiva: cómo cambiar tu forma de expresarte y mejorar tus relaciones

A muchas personas les cuesta comunicarse asertivamente en el día a día, lo que puede dar lugar a malentendidos y relaciones tensas.

Como una forma de contribuir a un mejor entendimiento, a modo de síntesis he preparado estos cuatro acuerdos de la comunicación asertiva para ayudarte a expresar todo lo que necesites, por más complejo que sea, haciéndolo de una forma más eficaz y respetuosa.

La comunicación asertiva es la habilidad de transmitir los mensajes en forma apropiada, equilibrada y precisa; tomando en cuenta no sólo tus propios intereses, sino también el impacto que tendrá en los demás.

Los cuatro acuerdos son sencillos, y, a la vez, muy poderosos, ya que pueden ayudarte a crear relaciones más sanas con los demás. También te permitirán ser más consciente sobre tus formas, estilos y modos al comunicarte, a comprender mejor las necesidades de quienes te rodean, y a construir mejores relaciones en todos los ámbitos de la vida.

Los 4 acuerdos de la comunicación asertiva

  • Primer acuerdo: Escucha con interés

La escucha es el aspecto fundamental y más relevante del proceso de comunicación humana. Contrariamente a lo que muchas personas piensan que hablar es lo mismo que comunicar, no siempre se lo hace con eficacia.

Si bien lo que dices es relevante, el proceso es más complejo, porque la comunicación no es lineal ni tangible: se basa en percepciones e interpretaciones. Por esto, dependiendo de esas percepciones de los demás, es que se conectan las personas, o no.

Un ejemplo clásico es en el trabajo, cuando alguien piensa que ha comunicado una tarea por el simple hecho de enviar un mail o distribuir un memorándum. Eso es informar.

El comunicar implica tu responsabilidad personal para asegurarte de que la otra persona comprende lo que estás expresando, y, a su vez, escuchas con suma precisión, sin juicios ni inferencias, con total presencia y atención lo que tengan para decirte. Este ida y vuelta produce el efecto virtuoso de la buena comunicación asertiva.

Como una regla general, recomiendo escuchar el 80% del tiempo y hablar el 20%. Notarás cómo, al cabo de unas pocas semanas, habrás ampliado tu capacidad de percibir lo sutil, observar las entrelíneas de cada diálogo y también tener más precisión al expresarte.

Además, las palabras constituyen, según diversos científicos, aproximadamente un diez por ciento de todo el proceso comunicacional. El otro noventa por ciento, dependiendo de los contextos y momentos, es no verbal: lo que das a entender con tus gestos, expresiones, distancia física y tono de la voz, entre múltiples aspectos a tener en cuenta.

Herramientas para escuchar con interés

  1. Mira directo a los ojos tanto cuando hablas como cuando escuchas, y mantén una posición corporal abierta y receptiva. Evita todo tipo de interferencias o ruidos que dificultará la comprensión; por ejemplo, silencia el celular y cualquier dispositivo.
  2. Asimismo, es importante que prepares las conversaciones, especialmente cuando se abordan temas sensibles.
  3. También, pide permiso para tomar notas y registrar lo más saliente de la conversación: hacerlo tiene un triple efecto en tu mente, ya que capturas la información de manera visual, auditiva y kinestésica -emociones, sentimientos, sensaciones-.
  4. Al escuchar no interrumpas a la otra persona, permite que exprese todo lo que necesite, y luego, a tu tiempo, tomas la palabra.
  5. Otro recurso para afinar la escucha es parafrasear lo que comparten contigo, expresando claramente "Yo escuché" en vez de "tú dijiste...", porque de esta forma asumes la responsabilidad de la comunicación de tu parte.
  6. Finalmente, formula todas las preguntas que consideres apropiadas para asegurarte de que estás comprendiendo lo que escuchas.

  • Segundo acuerdo: Opina sólo de lo que sabes

Dicen que la opinión es como las narices: todos tenemos una. Y, en verdad, el dios de la opinión puede ser uno de los peores enemigos de la comunicación asertiva.

La opinión tiene siempre una carga emocional, por cuanto son visiones sesgadas por quien se expresa. Hay opiniones que pueden construir, y otras, producen el efecto contrario porque son negativas, despectivas o menosprecian lo que dicen los demás.

¿Por qué los humanos somos tan fanáticos de opinar de todo? Por el ego que irrumpe, desbocado; por un pretendido afán de arrogancia frente a los demás, y por la tendencia irrefrenable a calificar y hacer juicios de valor sobre las situaciones y personas. Se ha estudiado que las personas hacemos juicios automáticos inconscientes más del 80% del tiempo.

Entonces, no opines de lo que no sabes: simplemente, dí "no sé". Este acto de competencia consciente de tu ignorancia no te hace menos valioso frente a los demás ni menos profesional. Es un gran rasgo de vulnerabilidad el reconocer tus limitaciones, lo que exalta tu humanidad.

Si tienes opinión formada y conocimiento, exprésalo adecuadamente, plantea tu argumentación con datos concretos y explica en un lenguaje que todo el mundo pueda comprender. Esto significa no encerrarte en tu propio lenguaje, sino que estás intercambiando algo valioso para ti, y, se supone, que no lo haces para desacreditar al resto, sino para colaborar, construir y agregar visiones personales frente a los demás.

Herramientas para evitar opinar sin saber

  1. El mejor antídoto ante la opinión -y más aún si nadie te la pidió- es hacer silencio. Contén cualquier intento de meter un bocadillo si no tienes idea de qué se trata.
  2. Escucha con atención y aprende. De esta forma, mantendrás una postura humilde frente a los que puedan saber algo más que tú. Y también puedes entrenarte en decir "no sé", "no tengo idea sobre este tema".

  • Tercer acuerdo: No leas la mente

En la disciplina de la programación neuro-lingüística se denomina "lectura de mente" al afán de anticipar, inferir, suponer o asumir lo que los demás piensan o sienten, mientras nos estamos comunicando.

Este comportamiento inconsciente se debe a que se interponen juicios e interpretaciones personales, en vez de buscar entender al otro.

Cuando actuamos desde la postura de leer la mente restamos importancia a lo que los demás expresan, porque se produce una distorsión cognitiva en el cerebro que filtra partes sueltas de información de acuerdo con el mapa o modelo mental de quien actúa con ese comportamiento adivinatorio.

Al no resultar veraz ni preciso, se generan confusiones e interpretaciones que pueden desvirtuar el objetivo de la comunicación.

Herramientas para dejar de leer la mente

  1. Ejercítate en escuchar en forma completa, sin distorsionar lo que los demás expresan por tus interpretaciones mentales. Agudiza la precisión de la escucha, chequeando la información que recibes para cerciorarte de interpretar correctamente.
  2. Asimismo, elimina la tendencia a interrumpir y adelantarte a hablar: deja que la gente se exprese, y luego tome tu espacio. Haz preguntas cuando tu compartes información, por ejemplo, "¿He sido claro al comunicarte x cosa?" o "¿Hay algo que necesitas que te aclare sobre lo que acabo de expresar?".
  3. También sugiero que siempre tengas en cuenta abrir espacios para pedir feedback a la otra persona, para enriquecer tus ideas y propuestas.

  • Cuarto acuerdo: Habla lo necesario

Para muchas personas hablar hasta por los codos parece que les da más confianza en sí mismas porque se sienten más importantes; lo cierto es que produce rechazo social y las personas se alejan.

En la comunicación asertiva es importante entrenarnos en hablar lo justo y necesario. ¿Qué significa exactamente? Significa que, si lo que vas a decir no aporta algo constructivo, calla.

Herramientas para hablar lo necesario

  1. Toma consciencia de tu verborragia sin sentido, si es que tienes este comportamiento. Frena a tiempo y habilita el canal de la escucha para conectar mejor con las personas. Aquí recomiendo que hables con frases cortas y sintéticas; en el coaching profesional le llamamos "economía de palabras".
  2. También evita hablar todo el tiempo de ti, e involucra a los demás cuando dialogues; incluso puedes incorporar términos de otras personas en la construcción de tus ideas: esto hará que se sientan escuchadas por ti.
  3. Asimismo, recuerda dejar espacio para que los otros también hablen. Ve al grano y practica lo suficiente para resumir en pocas palabras todo lo que quieres decir. Y, por último, reflexiona y piensa antes de hablar.
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