La otra cara del Perú

La otra cara del Perú

Por fuera de los límites de Cusco y del Machu Picchu, durante la temporada baja de turismo, Perú ofrece otras experiencias que seducen a los amantes de la naturaleza y la aventura.

Por su riqueza cultural e histórica y su cercanía con el Valle Sagrado de los Incas y la ciudad de Aguas Calientes, principal punto de acceso a las ruinas de Machu Picchu, Cusco es uno de los destinos turísticos más importantes del Perú. Allí, la fecha más esperada del año es la procesión teatral que recrea la Fiesta del Sol o Inti Raymi cada 24 de junio, la festividad más importante en homenaje al desaparecido imperio incaico. Coloridos trajes, banquetes de platos típicos, música en vivo y recreaciones históricas copan la explanada de Coricancha, el templo inca situado en el centro de la ciudad, para adorar al sol durante el solsticio de invierno.

Sin embargo, apenas unos días después de ese pico anual de visitantes, se pueden conseguir mejores precios en aéreos y alojamientos, e incluso optar por excursiones menos convencionales, como las que recorren los poblados indígenas de la zona de Puno o visitan las plantaciones de orquídeas cercanas al Machu Picchu, principal atracción turística del país.

El invierno y la primavera del hemisferio sur son los únicos momentos del año en los que el clima permite a los visitantes aventureros adentrarse en las tierras de Madre de Dios. Este departamento se emplaza en la Amazonía peruana, limitando al norte con Ucayali y Brasil, al este con Bolivia, al sur con Puno y al oeste con Cuzco. Madre de Dios se extiende hacia el oeste del país surcado por ríos y selvas pobladas de incontables especies de aves, monos y fauna autóctona. Allí, quienes tienen el control del territorio y sus recursos son los pueblos indígenas como harákmbut, una de las etnias amazónicas que administran en conjunto con técnicos locales un área de reserva del bosque colindante con el Parque Nacional Manú.

En medio de la naturaleza y de la vegetación más diversa y abundante, desarrollan un programa de turismo que combina el intercambio cultural, la observación de fauna y la aventura en una experiencia sin igual.

 

Un viaje hacia lo desconocido

Saliendo desde la ciudad de Cusco, la excursión comienza adentrándose en las profundidades de la selva y su flora a través del río Isirioé. Al mismo tiempo, se emprende un viaje cultural al ser informado por los guías sobre la compleja farmacopea de los pueblos americanos y su recopilación histórica de productos naturales con propiedades medicinales. Miles y miles de plantas fueron clasificadas con sus utilidades terapéuticas desde Argentina hasta Colombia y desde Perú hasta las Guayanas. Con el correr de los siglos, el intercambio entre los pueblos ha enriquecido sustancialmente a la medicina tradicional, que también está muy presente en las culturas de la selva.

La siguiente actividad del viaje es el avistaje de guacamayos que ostentan sus colores brillantes entre el verde de la selva y los aterradores caimanes que van apareciendo mientras se navega en una canoa por las aguas del río Azul, rumbo al alojamiento en una comunidad del pueblo harákmbut. En ese pequeño oasis, durante dos días se intercambian experiencias, músicas, sabores y prácticas culturales con los anfitriones que convierten a los turistas en parte de su familia y de la comunidad.

Finalmente, las últimas mañanas y tardes se dedican a la caza y a la pesca con métodos tradicionales que aseguran una utilización sustentable de los recursos naturales que estos pueblos aborígenes protegen celosamente. El último destino es Puerto Maldonado, una pequeña ciudad en los límites selváticos del Perú que es capital del Departamento de Madre de Dios, desde donde se emprende el regreso. Desde allí, los turistas vuelven a Cusco transformados: con una mochila llena de recuerdos, experiencias y un aprendizaje cultural inolvidable.