Conocé a los argentinos que están entre los mejores 4 sommeliers de América

Conocé a los argentinos que están entre los mejores 4 sommeliers de América

Al igual que la industria de vinos argentinos, la sommelerie local ha logrado consolidarse con el surgimiento de nuevas figuras en el mapa internacional. Quiénes son profetas dentro y fuera de su propia tierra.

¿Qué hace un sommelier? Es difícil de explicarlo sin apelar a una gama de actividades: “Yo creo que hoy, sobre todo en la Argentina, la profesión ha crecido tanto y se ha diversificado tanto que es más bien una herramienta para trabajar en un montón de cosas ligadas al vino. El sommelier sabe de vino, de servicio, de geografía, de etiqueta, de marketing... Hay brand ambassadors de bodegas o de marcas, docentes, sommeliers que escriben en revistas, otros que trabajan en restaurantes, asesoran”, explica Matías Prezioso, presidente de la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS).  Y aunque la definición sigue siendo bastante amplia, definitivamente ya pasó la época en que había que explicarle a propios y ajenos del circuito vínico la diferencia entre un sommelier y un somier, como ironizaba Andrés Rosberg  (el argentino presidente de la Asociación de Sommelerie Internacional).

Martín Bruno, 2° puesto en el concurso Mejor Sommelier de las Americas 2018.

Canadá-Argentina-Canadá-Argentina, esa fue la alineación de los primeros cuatro puestos en el concurso Mejor Sommelier de las Americas 2018, que se disputó recientemente en la sede canadiense de Montreal. Veinte competidores de 10 países y sólo 4 días para demostrar su conocimiento sobre  bebidas, servicio y el sector. Martín Bruno (Mejor Sommelier de la Argentina 2017) alcanzó el 2° puesto en el concurso continental, mientras Valeria Gamper (segunda  en el certamen nacional) quedó en la cuarta posición y consiguió la mejor clasificación femenina.

“El proceso es muy difícil”, explicaba Bruno ya de regreso en la Argentina. Proceso tal vez sea la mejor palabra para definirlo porque, en realidad, la performance en el escenario es sólo el final: la primera instancia se trata de un examen escrito, seguido por una segunda fase donde se evalúa el servicio, y una tercera de cata de vinos, destilados, licores, entre otras bebidas. A través de este proceso que dura aproximadamente dos meses, se seleccionan los  semifinalistas –este año fueron 8–, y entre ellos a un grupo de tres candidatos que deberán demostrar su expertise en el escenario ya en instancias de  finales. Y sólo para sumar una complejidad extra, los finalistas deben hacer su presentación en uno de los tres idiomas avalados por la Asociación de Sommelerie Internacional (ASI) –inglés, español y francés–, siempre que no sea su lengua nativa.

“Creo que lo más difícil no es el vino que no probé o los que no pueda catar, sino es atravesar los nervios y tratar de que no me jueguen en contra”, comenta Gamper. “Muchas veces los nervios son lo más difícil y es lo que nos juega en contra –coincide Bruno–, hay personas súper preparadas y candidatos fijos que les termina yendo mal porque los nervios les juegan una mala pasada”.

Aunque la mente juega un partido aparte, los nervios no fueron el único desafío que los argentinos tuvieron que superar. “En estos concursos históricamente los ganadores son canadienses, excepto Paz Levinson que ganó en 2015. En la Argentina tenemos una industria nacional de vino muy importante pero para la profesión de sommelier, donde la cata y el conocimiento de etiquetas es muy relevante, a veces el hecho de que no se tenga acceso a etiquetas importadas (que representan menos del 1% de lo que se consume en el país) hace que la preparación sea bastante cuesta arriba”, explica Prezioso.  Gamper le aporta experiencia personal al diagnóstico: “Nosotros hicimos malabares para conseguirlos. Y muchos de los vinos importados que estuvimos catando en estos meses fueron de nuestra propia cava y los usábamos varias veces, porque tal vez cuesta mucho traer ciertas botellas. Por eso es tan importante el apoyo de las bodegas, no a nosotros sino a la sommelerie en general”. “Lo que tenemos acá, en general, es caro, son cosechas viejas y no son los mejores productos. Obviamente, hay algunas bodegas y distribuidoras que nos han apoyado, nos han facilitado vinos para que los catemos a ciegas y demás, pero todavía no alcanza”, agrega Bruno.

Valeria Gamper, 4° puesto en e concurso Mejor Sommelier de las Americas 2018.

Como un buen vino, este es un proceso que lleva años pero a medida que la sommelerie argentina se consolida dentro y fuera de las fronteras nacionales, otros actores del sector están empezando a tomar nota del fenómeno: “Las bodegas y el mundo del vino en general, está viendo la importancia que hay en el rol del sommelier que es el que va a desperdigar el mensaje del vino, ya sea parado en la mesa de un restaurante, armando una carta de vinos, asesorando en una bodega, enseñando a las nuevas generaciones o escribiendo en medios. El vino no es como un auto o una tele: se vende sabiendo”, fulmina Prezioso. “Todas las partes que están dentro de la industria del vino se van dando cuenta de apoco que los concursos son importantes y que es importante que a los sommeliers argentinos les vaya bien compitiendo afuera”, coincide Bruno y profundiza: “Los sommeliers de Suecia –el último mejor sommelier del mundo es de Suecia, por ejemplo– ya hace años que vienen con este trabajo desde su asociación de sommeliers, tienen muchísimo apoyo, muchísimo trabajo, entrenamiento, y eso se nota. Así es como ganan Mejor Sommelier de Europa, Mejor Sommelier del Mundo. Y eso en la Argentina se está empezando a ver de a  poco”.

Porque el desarrollo de los sommeliers argentinos es una apuesta individual, pero los beneficios pueden ser colectivos. Como explica Gamper: “El sommelier es un abanderado del producto nacional en su tierra y afuera también. Paz Levinson siempre hace cosas por el vino argentino trabajando en París con los mejores vinos del mundo. Por eso es importante tener buenos sommeliers”.  De hecho, actualmente hay posiciones claves en mercados relevantes que exigen determinados niveles de certificación de las principales instituciones como las que otorgan  que exigen tener niveles de certificación de instituciones como Court of Masters Sommeliers, Masters of Wine o el WSET (Wine & Spirits Education Trust). Diplomas del WSET hay algunos, aunque todavía son pocos y, por ahora, Mariana Gayan es la única Master of Wine de la Argentina. Mientras que todavía falta sumar un nombre nacional a la lista de Master Sommeliers, aunque muchos vaticinan un título así para Levinson en el futuro cercano.  

Sin embargo, para Prezioso el balance es positivo: “Me parece interesante el momento que está viviendo la sommelerie, creo que en los últimos años se ha dado una serie de factores que hacen que la Argentina se vista como un referente. Una de las explicaciones son los representantes que ha tenido: Martín Bruno, Valeria Gamper, Paz Levinson –que tomó un nivel de crecimiento fenomenal, habiendo ganado este concurso en 2015–, y el rol de Andrés Rosberg antes en la Asociación Argentina de Sommelerie y ahora en la Asociación de Sommelerie Internacional. Hay una serie de figuras locales que han tomado mucho vuelo internacional. Y eso hace que el momento del vino argentino y de la sommelerie que ha acompañado ese proceso, sea el mejor probablemente de toda la Historia”. “No puede ser un trabajo aislado, tiene que participar la AAS, las escuelas de sommelerie, las bodegas, las distribuidoras. Tiene que ser de todos el trabajo”, cierra Bruno.

Cronograma de concursos

La temporada de concursos comenzará el año que viene cuando se dispute en Bélgica a 16° edición del certamen Mejor Sommelier del Mundo, y a nivel local será el turno de un nueva edición de Mejor Sommelier de Argentina, que se realiza cada dos años. El próximo concurso Mejor Sommelier de las Americas está programado para  2021, aunque todavía se desconoce la sede.

 

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