Kuitca: "Todavía sigo descubriendo qué es ser pintor"

Como parte de la programación de Art Basel Cities Buenos Aires el artista argentino con mayor proyección internacional brindó una charla en el Museo de Arte Moderno. Sus inicios, la vocación, la pintura como medio tradicional y la Beca Kuitca.

Kuitca:

No resulta extraño que el auditorio del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires este lleno para escuchar a Guillermo Kuitca en conversación con Pablo León de la Barra, curador para América Latina del Museo Guggenheim de Nueva York. Kuitca es uno de los artistas argentinos con mayor proyección internacional, que realiza colaboraciones constantes con instituciones de primer nivel y cuyas obras rozan el medio millón de dólares.

La charla forma parte del programa de Art Basel Cities Buenos Aires, que se desarrolla en la ciudad entre el 6 y 12 de septiembre. Hasta el Moderno llegó parte de la delegación de 150 personas vinculadas al arte mundial que viajaron a Buenos Aires traídas por Art Basel, en asociación con arteBA, Meridiano (la Cámara de Galerías) y el banco suizo UBS, para recorrer el programa artístico pensado especialmente para el evento, visitar talleres de artistas y hacer networking con los actores locales.

“Todavía sigo descubriendo qué es ser pintor. Es un trabajo permanente”, lanza Kuitca en una de las primeras intervenciones que hará con su voz tranquila y pausada. Durante la charla, León de la Barra, quien mantiene una amistad con el artista, lo llevará a recorrer su carrera profesional, sus sentimientos respecto a la vocación, su experimentación en un soporte tradicional como la pintura y la Beca Kuitca, el programa con el que asesora desde un lugar de par a jóvenes artistas.

Kuitca pinta desde muy chico. Recuerda que tenía un caballete en su casa y sus padres lo llevaban con asiduidad a muestras y museos. Por fuera del horario escolar asistía a un taller artístico donde, rescata, “podía ensuciarme”.

Aunque de adolescente coqueteó con el teatro, la pintura finalmente se hizo lugar por encima del arte dramático. A los 13 años realizó su primera exhibición en la desaparecida galería Lirolay, uno de los espacios más relevantes para el arte argentino entre los ’60 y los ’70.

Autoretrato de Kuitca. Foto: gentileza Art Basel.

“Cuando supe que era pintor era demasiado tarde para dejar de serlo. No hubo una formalidad de lo que iba a hacer”, repasa. No hubo un momento de revelación, un antes y después con el que se definió, “la decisión y la práctica ya existían”, se lamenta. Hubiese preferido, revela, experimentar el “momento clave” en el que decidió que iba a dedicar su vida al arte.  

En su formación artística rehusó la enseñanza formal de las escuelas de arte. “Era casi de sentido común que si querías ser artista no tenías que ir a la Academia de Bellas Artes”, sostiene. La tradición de la formación en el taller de los artistas es algo que a León de la Barra le llama la atención de la escena artística porteña. Kuitca lo vincula a un mercado de arte débil que lleva a los artistas a vivir de dar clases en lugar de la venta de sus obras.

La muestra en Lirolay a temprana edad – recuerda que se vistió por completo de negro como él creía que lo hacían los artistas de mayor edad- la asumió en su momento como “lo más normal del mundo”. Hoy, vista en perspectiva, no siente lo mismo.

“Las obras que pinté especialmente para la muestra, para mi, no aguantaron el paso del tiempo. Hay algo de la artificialidad de hacer una exposición que se había instalado en mi”, explica.

Foto: gentileza prensa UBS

Un artista de soportes tradicionales

León de la Barra, un arquitecto mexicano devenido curador, destaca en un pasaje de la conversación que en Argentina se mantuvo la tradición de la pintura como soporte a diferencia de Europa, donde la Segunda Guerra Mundial interrumpe el desarrollo artístico y lo traslada a Estados Unidos donde exploran nuevas derivas, como el happening y el arte conceptual.

Kuitca es uno de los artistas referentes de la pintura tradicional aunque lejos se ubica de erguirse como defensor de la misma. “No tengo en mi esa idea, aun cuando es tan cuestionada en el mundo”, se ataja.

La pintura fue el vínculo que encontró con la generación de artistas neofigurativos de los ’60, como Rómulo Macció y Luis Felipe “Yuyo” Noé. Antonio Berni no fue influyente en su obra, pero sí, reconoce, “un referente”. La generación del ’70, atravesada por la violencia y la dictadura militar, le eran lejanas. Kuitca y ellos estaban enfocados en diferentes cosas.

Foto: gentileza prensa Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

 

Quizás por su juventud, repasa, no había “encontrado su voz” y lo alejaba de esos artistas que se involucraban en la realidad social. “No daba con la brutalidad de lo que estaba pasando”, admite. Las obras realizadas a fines de los ’70 permanecen sin ver la luz en su taller. “Son muy explícitas, con cruces y sangres, artificiales”, afirma.

En los ’80 se aleja de la figura humana – “fue una liberación, le dio aire a mi trabajo”-  aparecerán elementos que se repetirán en su producción como las sillas, las camas y los colchones sobre los que dibuja mapas. Uno de esos colchones cautivó a León de la Barra por aquella época y se convirtió en su admirador.

En la actualidad trabaja en su taller del barrio de Belgrano, se deja llevar por la intuición, a la que define como “la columna vertebral de su mi trabajo” y se entusiasma con una nueva edición de la Beca Kuitca. Aplausos del auditorio. Kuitca es argentino, pero su arte pertenece al mundo.