Alec Oxenford:

Alec Oxenford: "Va a llevar tiempo que la clase media tenga ingresos para darse el gusto de comprar arte"

Es uno de los golden boys de la generación de emprendedores tecnológicos. Desde 2013 preside la ONG que organiza arteBA, la gran cita de la cultura visual contemporánea del país. Perfil de un mecenas que apuesta por universalizar el acceso al arte made in Argentina.   

La vista desde el departamento porteño de Alec Oxenford, uno de los empresarios argentinos con mayor proyección internacional y presidente de arteBA, bien podría ser un cuadro más de su colección. El recorte del Jardín Japonés que enmarca el ventanal se asemeja a las series de nenúfares que el francés Claude Monet pintó a la mitad de su vida. Pero la colección de Oxenford se enfoca en arte argentino, y con las más de 300 obras que la conforman ya tiene suficiente. Mucho antes de desembarcar al frente de la feria de arte más importante del país –un cargo que ejerce ad honórem–, Oxenford había trascendido como una de las promesas del emprendedurismo argentino.

 

Educado en la Universidad Católica Argentina y en Harvard, pasó por el Boston Consulting Group en los ‘90 antes de encarar sus propios proyectos en el mundo del e-commerce. Fundó DeRemate.com, Dineromail.com y hoy dirige otras dos de sus creaciones, OLX y Letgo. En 2013 su pasión por el arte lo puso al frente de arteBA Fundación. Además, gestiona un programa de becas de viaje para artistas que lleva 10 ediciones. Aunque siempre está con un pie en un avión –sus empresas demandan su presencia en Asia, Europa y los Estados Unidos–, sigue de cerca la organización de la feria que este año estrenará secciones como Stage IRSA, que aglutina a las galerías con menos de cinco años de apertura; Zoom-Quinquela Fondos, un programa de intervenciones artísticas que se infiltra en el layout; y arteBA Niños, donde se ofrecerán talleres y actividades para los más chicos con el apoyo del Ministerio de Cultura
A días de inaugurar la edición 27º, recibe a Clase Ejecutiva para hablar de las dificultades que sortean ante cada escalada del dólar y de la necesidad de generar nuevos coleccionistas en el mercado local que provengan de la clase media.

 

Es la quinta edición de arteBA que te tiene como presidente. ¿Cuál es la impronta de tu gestión a esta altura del recorrido?
Soy un universalista: creo mucho en el mundo. Y tenemos mucho para compartir con él. En ese sentido, una de las áreas donde como argentinos más tenemos para ofrecer es justamente nuestro arte: es fresco, distinto, no es lo mismo que pasa por todos lados, es un arte disruptivo, cuestionador, muy energético, vibrante. arteBA es la principal feria de arte contemporáneo de la Argentina y una de las primeras cinco en audiencia del mundo. Una de las prioridades de los últimos años fue trabajar en insertarla más en el circuito del global: hemos logrado que poco más del 50 % de las galerías participantes vengan de afuera. Este año tenemos 40 y pico de galerías extranjeras que decidieron apostar por la Argentina y están viniendo a mostrar obra que muchas veces es de argentinos que están afuera y que los traen de vuelta. En otros casos, nos traen arte del mundo para que lo disfrutemos. La alternativa sería tener que ir a todos esos lugares donde están las galerías dando vueltas por el planeta, y en lugar de eso lo podemos tener acá, en Plaza Italia. La cantidad de países que nos vienen a visitar es increíble: Chile, Uruguay, Brasil, Venezuela, Colombia, México, los Estados Unidos, España, Francia, Alemania, Puerto Rico y Perú. Hay una inserción más clara en el mundo para mostrar el arte argentino. El segundo punto relevante del posicionamiento de arteBA en el circuito internacional es la participación de los principales museos del mundo: el Guggenheim de Nueva York, la Tate Gallery de Londres, el Lacma de Los Ángeles y el Museo de Houston están viniendo, comprando obras en arteBA y llevándoselas para su colección, que después exhiben en el mundo. Hoy cualquier persona puede disfrutar en el Guggenheim de Nueva York las obras de artistas argentinos que antes no estaban disponibles. Eso es extraordinario. Estamos diseminando nuestra cultura, nuestro aporte, el arte fresco y diferente al mundo. Luego está el intercambio entre coleccionistas: más o menos 300 personalidades del mundo de la cultura internacional están viniendo para esta feria. Eso hace que, por unos días, Buenos Aires se convierta en uno de los centros principales de discusión sobre lo que está pasando en la vanguardia cultural a nivel del planeta. Nos pasa algo muy inusual: algunos de estos curadores, galeristas y expertos que vienen con los museos y las galerías, normalmente no se ven entre ellos, pero cuando están en Buenos Aires se encuentran. Alguno me ha dicho que viene, entre otros motivos, para encontrarse con sus colegas. Otra línea fue modernizar, actualizar y hacer más contemporánea la propuesta, algo que con el desarrollo de U-TURN Project Rooms se ve clarísimo: es un arte más de vanguardia, más conceptual, más limpio. Hemos empujado mucho para que esto tenga un sesgo muy importante que ha ido influyendo en el resto de las secciones. Hoy creo que toda la feria tiene un estándar que va cada día un poquito mejor que hace 27 años por ese diálogo sano entre lo que aportamos y lo que aprendemos.

"Al mercado de arte de un país no lo mueven cinco coleccionistas grandes: lo mueven 5 mil coleccionistas medianos y 20 mil chicos (...) Cuando la clase media empiece a tener ingresos disponibles relevantes, ahí va a haber una revolución". 

Además de la creación de arteBA Focus, una suerte de segunda edición anual, ¿qué otros aportes a la escena local realizaron en este período?
Así como la feria de mayo tiene este foco muy claro de inserción en el mundo, arteBA Focus es sólo para galerías argentinas. Es entre septiembre y noviembre, en La Boca, barrio bien porteño; y pasa en un galpón, por lo que es mucho más experimental, más jugado, divertido, diferente. Está muy enfocado en dar un espacio a las galerías locales para que no tengan que esperar 12 meses para poder participar en este mercado que se genera en la feria de mayo, sino que también puedan tener otra ocasión donde vender sus obras en un ámbito exclusivamente de galerías. La existencia de arteBA Focus modificó el calendario anual de arte contemporáneo. Otra línea muy importante es el compromiso de arteBA con la escena local a muy largo plazo. Y esto tiene que ver con la publicación que hemos empezado a sacar, de la cual está por salir la cuarta edición. Es una memoria de la escena cultural nacional, algo súper importante porque el arte contemporáneo muchas veces es efímero y muy conceptual, así que no es tan fácil recrear lo que pasó. Es como una fiesta: es difícil que te pueda hacer vivir lo que pasó en una fiesta, y más si fue hace 8 años. El arte cada vez más es una experiencia. Y a menos que haya un registro pormenorizado con imágenes muy buenas, bien curada, es muy difícil que alguien se haga una idea de todo eso que sucedió. Tenemos una escena donde pasan muchas cosas, muy interesantes, muy únicas, y creo que se pierden. Nos ha pasado que han venido expertos muy interesados y que no pudieron entender algunos eventos que habían sucedido. Por eso, nuestra memoria trata de hacer un registro detallado, pormenorizado, exhaustivo, en castellano y en inglés, con imágenes muy buenas, de lo más importante que está pasando. No es perfecto, pero es un avance fenomenal en relación a lo que había. Creemos que en 10 ó 20 años, cuando existan 20 ó 30 números de nuestra memoria anual, van a poder recrear y reconstituir nuestro arte de ese período anterior. Es un aporte muy generoso de arteBA porque es un registro de actividades que pasan afuera de la feria. Y es por el compromiso nuestro con la cultura argentina, con el futuro, con el presente y el pasado de nuestra escena artística. Otra línea por la que trabajamos fue ‘más de lo mismo’. Creo que muchas veces el ‘más de lo mismo’ es lo que hace falta. Porque en la Argentina tenemos esta cosa de dar cinco pasos para la derecha, cinco para la izquierda, cinco para atrás, cinco para adelante… Y siempre quedamos en el mismo lugar. Creemos mucho en construir fundamentos sólidos para el largo plazo y, en ese sentido, continuar con el legado de los fundadores de arteBA hace 27 años. Con consistencia, seguir haciendo un poco ‘más de lo mismo’ es muy valioso. Hemos hecho un esfuerzo grande para, además de las innovaciones, seguir en una línea muy clara de continuidad: una feria de muy alta calidad, basada en Buenos Aires y con criterios institucionales diferenciales muy específicos como los curadores independientes para cada una de las secciones, que no es el caso de la mayoría de las ferias. Para nosotros es tan importante la calidad que delegamos la curaduría de todas las secciones en terceros independientes, no es el directorio el que elige qué galerías sí, qué galerías no. Tenemos el poder y lo delegamos en otros porque es importante la autonomía y la independencia basada en el expertise de quienes están curando.

"El Guggenheim de Nueva York, la Tate Gallery de Londres, el Lacma de Los Ángeles y el Museo de Houston están viniendo, comprando obras en arteBA y llevándoselas para su colección, que después exhiben en el mundo".

A partir de la internacionalización de la feria muchos de los costos que manejan son en dólares. En el último año, el peso argentino se depreció cerca de 24 %. ¿Cómo impacta la macroeconomía en la organización, la convocatoria y la puesta en marcha?
Que haya inflación y los costos suban nos afecta directamente porque somos una ONG. De las ferias importantes de arte contemporáneo que hay en el mundo como –Art Basel, Frieze o Arte Rio–, creo que somos la única con este formato. No ganamos plata: cobramos por los servicios para mantener el funcionamiento de la Fundación y pagar los gastos de la feria, algo que hacemos a través de la venta de entradas, de lo que pagan las galerías y los espónsores. Y una parte de los montos que generamos la tenemos como reserva por si acaso hay eventualidades. Lo hemos hecho tan responsablemente que durante 27 años sobrevivimos. La mayoría de las fundaciones no están más porque a la primera devaluación o mucha inflación o una crisis vuelcan porque no tienen reservas. Nosotros tenemos reservas importantes. Cuando hay una suba de precios claramente nos afecta los costos y el funcionamiento, no de manera que se vuelva imposible la feria pero sí nos impacta la inflación, y particularmente la inflación en dólares.

Respecto a la impronta internacional que le diste a la feria, ¿cómo se convence, por ejemplo, a la gente de la Tate de Londres, del Museo Reina Sofía de España, del Fine Arts Museum de Chicago, para que vengan a una plaza tan lejana para ellos como Buenos Aires?
Es un esfuerzo muy grande. Pero tiene que ver con una historia de mucha calidad. Como te imaginás, es muy difícil que vengan, pero lo más difícil es que vuelvan. Y lo hacen porque se han sorprendido muy positivamente: los tratamos muy bien, les ofrecemos un programa de muchísima calidad y también ayuda estar en una ciudad como esta –señala la vista de su departamento al Jardín Japonés– que es espectacular, con una escena cultural muy única que, para mí, es comparable con la de Nueva York, Londres y Berlín, y mucho más interesante que la mayoría de las ciudades asiáticas. No es tan grande ni mueve tanta plata como algunas de esas, pero tiene una frescura y una identidad que la hace muy atractiva para el que sabe aprovecharla. Si logramos mostrarles estos diferenciales, entonces les valdrá la pena cruzarse medio mundo para pasar unos días en Buenos Aires y visitar arteBA. Pero es un desafío y cada año hay que reconquistarlos: hay gente que tiene agendas complicadísimas porque todas las ferias quieren que vayan… Existen 300 ferias en el mundo, son 6 por semana más o menos. Obviamente, nadie viene a la Argentina por un día, sino que implica un viaje de una semana, así que competimos con muchos otros lugares. Per o, al acceder a venir, nos están demostrando lo importante que ven a esta escena, y nosotros tenemos que seducirlos y volver a hacer un esfuerzo muy grande para ratificarles que sigue siendo importante que vengan cada año.

Sos coleccionista de arte, en 2001 llegaste a la Asociación Amigos del Malba y ahora presidís arteBA. ¿Cómo te fuiste formando: comprabas primero lo que te gustaba o lo elegís con criterio de inversión?
En 2004, Eduardo Costantini me invitó a estar en el directorio del Malba por unos años. En ese rol la conocí a Inés Katzenstein, quien en ese momento era una de las curadoras del museo, y nos hicimos amigos. Yo estaba organizando una casa de fin de semana en Pilar, tenía ganas de comprar arte y le pregunté si me ayudaba. Eso fue hace 10 años. No estaba muy convencido: no sabía si estaba comprando una obra para un living o empezando algo. Creo que, sin saberlo, me imaginaba que estaba empezando algo, pero no estaba tan explícito. Para la primera obra fuimos al estudio de Marina De Caro: me habían mostrado unas 50 obras y una me encantó, pero era el primer estudio al que íbamos e Inés me dijo que tenía que esperar. A los tres días le conté que lo había pensado: quería esa obra. Llamamos al estudio y nos dijeron que ya se había vendido, pero que todas las demás estaban disponibles. “¿Cómo que se vendió? Si la fuimos a ver antes de ayer… Dame el teléfono que llamo yo”, le contesté. “Chau, perdí la obra”, me dije, enojadísimo. A los tres meses entré a la galería de Orly Benzacar y vi esa obra apoyada en el piso. Me contó que la persona que la había comprado la había devuelto. “Ni la cuelgues: esta es para mí”, contesté. Y ahora está en el cuarto de mi hija. Ese día sentí que algo raro había pasado... Creo mucho en estas cosas del universo y las energías, así que creo que de alguna manera mandé el mensaje de que la quería en serio y algo se empezó a mover para que apareciera frente a mí. Luego empecé a ir a muestras, a chusmear un poco más y, de a poquito, empecé a comprar. Le agarré el gustito: una cosa llevó a la otra y hoy, 10 años más tarde, creo que tengo una colección. Pero me considero todavía totalmente nuevo en esto. Soy muy curioso, pero como es un hobby –no le dedico mucho tiempo, como a la tecnología– me considero arrancando. En ese sentido, me apoyo mucho en gente que sí entiende.

 

¿Y cómo está conformada tu colección?
Son 330 obras de artistas argentinos. Después tengo otras, pero que no forman parte de la colección.

Sentado frente a una pieza de Alejandra Sebeer, empieza a enumerar a los artistas que forman parte de su acervo. Al departamento de Oxenford se ingresa no sin antes toparse con una obra de Eduardo Navarro que continúa en una de las paredes del lugar. Una vez adentro, una esfera blanca de Julio Le Parc recibe a los visitantes; un cuadro de Juan José Cambre en azul y celeste escolta la larga mesa negra sobre uno de los laterales del departamento; Osías Yanov y Federico Manuel Peralta Ramos asoman en los distintos ambientes. También Fabián Marcaccio, Tomás Saraceno, Guillermo Kuitca, Adrián Villar Rojas, Claudia Fuentes, Marcelo Pombo, Jorge Macchi, entre otros. “Hay de los más consagrados hasta súper experimentales. En su mayoría todos de mi generación y post 2000”, explica.

¿Soñas a futuro con tu propio espacio de exhibición?
Sí, totalmente. Estoy armando algo chiquito en mi casa de Pilar: la estoy agrandando y hay un espacio muy lindo. Cualquiera que colecciona arte tiene vocación de trascender y compartir. Al menos en mi caso, pero creo que le ha pasado a la mayoría de los coleccionistas, uno no colecciona para meter en un depósito sino que quiere estar en contacto con las obras. Es sumamente potente estar expuesto al arte, y que otra gente también pueda disfrutar de eso es algo muy lindo. A mí me gusta más hacer regalos que recibirlos: imaginate si eso lo multiplicás por permitir que la gente vea cosas tan lindas como el arte. Es espectacular, pero es caro porque hay que tener un espacio.

"Cuando hay una suba de precios claramente nos afecta los costos y el funcionamiento, no de manera que se vuelva imposible la feria pero sí nos impacta la inflación, y particularmente la inflación en dólares".

¿Existe el mercado de arte argentino?
Existe y está creciendo mucho, aunque todavía es muy chiquito. Venimos de un mercado de arte argentino que era el 5 % del brasileño, por ejemplo, y hoy es el 10 %. Para que esté al nivel que debería todavía tiene que crecer más, pero la tendencia es buena. Hay artistas que en el mundo empiezan a ser reconocidos como Kuitca, Villar Rojas, Le Parc, Macchi, Saraceno, Pombo. El mundo los está empezando a considerar universales, no argentinos. Para ponerlo en claro: a nadie le importa mucho si Picasso era de Málaga… Era un artistazo y punto. Estaría muy bueno que muchos de los argentinos que tienen calidad claramente para ser grandes contribuyentes al arte del mundo sean reconocidos como tales. Creo que eso de a poquito empieza a pasar.

 

Los artistas argentinos empiezan a ser reconocidos en el mundo, trabajan con sus galerías en Londres, Nueva York, Berlín. ¿Qué falta para fortalecer el mercado de arte desde el Estado y los privados?
Muchas cosas. Algo que va a llevar tiempo es que la clase media argentina tenga ingresos disponibles para poder darse el gusto de comprar arte. Al mercado de arte de un país no lo mueven cinco coleccionistas grandes: lo mueven 5 mil coleccionistas medianos y 20 mil chicos. Eso es lo que hace una revolución, y acá no pasó todavía. No nos olvidemos que, al final de cuentas, todavía nos falta mucho. Queda feo decirlo, porque nos gusta decir que no es así, pero todavía tenemos muchos problemas. Cuando la clase media empiece a tener ingresos disponibles relevantes, ahí va a haber una revolución. El gusto por lo artístico ya existe, por eso tenemos una feria del libro de las más importantes del mundo, por eso arteBA es top 5 en audiencia del planeta, por eso tenemos el Teatro Colón. El gusto está. Falta el ingreso disponible, combinado con que la gente se dé cuenta de que coleccionar no es una cosa de locos, expertos o gente rara: es un privilegio que nos podemos dar en vida y vale la pena. Es mucho más lindo estar en contacto con una obra original que con el poster.

"Creo que muchas veces el ‘más de lo mismo’ es lo que hace falta. Porque en la Argentina tenemos esta cosa de dar cinco pasos para la derecha, cinco para la izquierda, cinco para atrás, cinco para adelante… Y siempre quedamos en el mismo lugar".

#OxenfordFacts

*Se formó en la Universidad Católica Argentina y en Harvard.
*En los ‘90 trabajó para el Boston Consulting Group.
*En los 2000 tuvo sus primeras experiencias con el e-commerce al fundar DeRemate.com y DineroMail.
*En 2006 lanzó OLX, la plataforma de venta online presente en más de 35 países.
*En 2015 incursionó en los Estados Unidos con la app Letgo, la cual arroja resultados de búsquedas de productos según la cercanía con el comprador, compitiéndole directamente a eBay.

 

Comentarios1
Ed Li
Ed Li 18/05/2018 04:46:46

Con los conceptos de este señor jamas habrá cinco mil coleccionistas. El arte se propaga enseñando, educando y abriendo el concepto de tal, no solo a lo contemporáneo como aplica la institución que dirige!

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