Maresca en el Museo de Arte Moderno: poner el cuerpo en los ‘80

El museo inauguró la retrospectiva de la artista, fundamental en la escena cultural posterior a la dictadura militar. Maresca puso su cuerpo al servicio de la escena under, las denuncias político-sociales y la confrontación de la sociedad respecto al VIH.

Maresca en el Museo de Arte Moderno: poner el cuerpo en los ‘80

Liliana Maresca (1951 -1994) sacudió la escena artística en apenas 12 años de carrera, un periodo que abarcó desde la primavera cultural alfonsinista hasta las consecuencias social y económicas de las promesas menemistas. Para homenajearla el Museo de Arto Moderno de Buenos Aires inauguró la retrospectiva “El ojo avizor”, un recorrido por la carrera de la artista que puso su cuerpo al servicio del poder comunicacional del arte, primero para colaborar con la irrupción del under a la escena masiva, luego para denunciar las consecuencias del modelo neoliberal y finalmente para confrontar a la sociedad respecto al VIH que ella misma portaba.

Tras un trabajo de cuatro años de investigación y rastreo de obras –muchas de las piezas se perdieron o se destruyeron- el curador Javier Villa consiguió montar una exhibición que da cuenta de las obras más importantes de Maresca, transporta al espectador a la efervescencia de los años posteriores a la dictadura militar y activa la nostalgia por todos los artistas que perdieron contra el VIH.

“El statement que queríamos dar era el de una artista que lo puso todo por el arte, por su obra, con un gran compromiso social y comunitario”, explica Villa a la prensa especializada un día antes de la inauguración oficial el pasado jueves. Su propuesta curatorial buscó rescatar el carácter social de la obra de Maresca, "que empezaba en su círculo más íntimo de amigos, de la gente que vivía en la calle Estados Unidos (San Telmo), que después se ampliaba al círculo del under y luego a la sociedad en general”.

La producción de Maresca arranca en 1982 con esculturas realizadas a partir de desechos que ella recoge en la calle. “Torso”, “No camina” y “Madre con niño” son piezas donde reflexiona sobre la tortura de la generación del ’70, el cuerpo de la mujer, la sexualidad y el rol del artista en la sociedad. El fotógrafo Marcos López le tomó imágenes donde se la ve interactuando con sus piezas. “Son activadas por su propio cuerpo”, reflexiona Villa.

En 1985 encaró uno de los proyectos más ambiciosos y recordados: “Una bufanda para la ciudad”, pedazos de tela entrelazados que se exhibían en la Galería Adriana Indik del microcentro porteño; a medida que la gente le agregaba  un retazo de tela – o hasta una pistola - la pieza se escapaba por la ventana del local tomando la calle. La misma fue recreada para la muestra y se exhibe en la entrada del museo invitando a los visitantes a atar un retazo y pedir un deseo.

Liliana Maresca y Ezequiel Furgiuele con Una bufanda para la ciudad, 1985.
Fotografía: Marcos López. Imagen: Archivo Liliana Maresca.

El resto de la década del ’80 estuvo marcado por proyectos colaborativos, donde buscó llevar el under a la escena masiva. Muchas de estas acciones quedaron en registros fotográficos y crónicas de la época. “Lavarte”, una exhibición montada en una lavandería del barrio de Monserrat , o “La Kermesse” fueron algunos de sus proyectos.

Al respecto Villa explicó: “Lo importante en estos proyectos es cómo teje esas relaciones con amigos artistas y cómo colabora, pero al mismo tiempo siempre está pensando en un público general más allá del under que ocurría en San Telmo”.

“Otro de los ejes importantes –sostiene Villa- es la concepción escultórica de Maresca. En “La Kermesse” todos los objetos eran para ser manipulados por el público, para participar; en “Una bufanda…” se trataba de un objeto que mutaba, que cambiaba, crecía, un organismo vivo. Toda su concepción de los objetos siempre tiene un después, siempre pasa algo, o terminan en un ritual de purificación por el fuego, o en la Costanera. Son objetos que van cambiando, efímeros y también que entran a convivir en una suerte de comunidad de elementos donde el público o la misma Maresca está incluida”.

Menemismo y VIH

En 1987 Maresca recibió la noticia de que era portadora de VIH. El resto de la década disminuyó su producción para retomarla menos visceral y más precisa en los ’90. De la primavera cultural pasa a la denuncia político-social directa. Para “Recolecta”, que se exhibió en el Centro Cultural Recoleta, trabaja con carros de cartoneros que ella ya empezaba a ver por las calles de Barrio Norte. A la par de exhibir uno real realiza otros idealizados, pintados de blanco.

Villa subraya la producción de varios proyectos ambiciosos en un corto periodo de tiempo. De esta época también son “Ouroboros”, una serpiente hecha con libros de su propia biblioteca y otros de la facultad de Filosofía y Letras, lugar donde se exhibió. “Hace esta gran serpiente que se come su propia cola de lecturas teóricas. Ella dice que es un llamado para en algún momento dejar las teorías de lado y pasar a accionar en la realidad. La teoría se va comiendo su propia cola y no está viendo lo que sucede a su alrededor”, repone el curador. La escultura-serpiente estuvo tres meses exhibida al aire libre, deteriorándose, para luego terminar en una quema de purificación.

Antes de dedicarse a pintar pequeños dibujos de caras con materiales cotidianos desde la cama donde convalecía por su enfermedad –la muestra abre con una serie de estos colgando en medio de la sala, convirtiendo trabajos individuales en una gran obra total- realiza sus dos últimos grandes proyectos: “Espacio disponible” y “Maresca se entrega a todo destino”.

Maresca se entrega a todo destino, 1993. Fotoperformance publicada en la revista El
Libertino, Buenos Aires, 1993. Fotografía: Alejandro Kuropatwa. Vestuario: Sergio
Avello. Producción: Fabulous Nobodies (Roberto Jacoby y Kiwi Sainz). Archivo Liliana
Maresca.

En “Maresca se entrega…” la artista posó sensualmente para fotografías que luego se convirtieron en un aviso publicitario en la revista erótica El Libertino donde dejó su teléfono para que la contacten desconocidos. Ella atendía los llamados y les explicaba acerca de su obra, su concepción de la apertura, el amor, el encuentro. Son tiempos de crisis del VIH y ella busca sociabilizar los cuerpos.

“El ojo avisor”. Obras 1982-1994” se exhibe en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Av. San Juan 350, de martes a viernes de 11 a 19. Sábados, domingos y feriados de 11 a 20.

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